Vatican Insider
Francisco es el tercero que visita
los campos de concentración polacos, después de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Tres Pontífices, tres biografías. Tres caminos pastorales y tres estilos en el
ejercicio del ministerio episcopal. Sin embargo, expresan el mismo gesto de
dolor en el lugar en donde el ser humano conoció su maldad más oscura
LUIS BADILLA -
FRANCESCO GAGLIANO - CIUDAD DEL VATICANO
La visita peregrinaje del Papa Francisco a Auschwitz - Birkenau, prevista el viernes 29
de julio por la mañana, ha suscitado (como había que esperarse) mucho interés
en la prensa a pocas horas de su anuncio oficial. El Santo Padre se dirigirá en
peregrinaje de oración, en silencio, a este sagrario del dolor 37 años después
de la primera visita de un Papa (Juan Pablo II, el 7 de junio de 1979) y 10
años después de la segunda visita de un Pontífice, la de Benedicto XVI ( 28 de
mayo de 2006)
Juan Pablo II
San Juan Pablo II, Papa polaco, celebró la
Eucaristía y pronunció una conmovedora homilía en Auschwitz - Birkenau. Comenzó
con estas palabras: « Un lugar que fue construido sobre la crueldad. Conduce a
él una puerta, que todavía existe, sobre la cual se puso una inscripción
“Arbeit macht frei”, que suena a mofa, porque su contenido se contradecía
radicalmente con lo que ocurría dentro». Después, Karol Wojtyla observó con
fuerza: «¿Puede todavía extrañarse alguien de que el Papa, nacido y educado en
esta tierra; el Papa que ha ido a la Sede de San Pedro desde la diócesis en
cuyo territorio se halla el campo de Auschwitz, haya comenzado su primera
Encíclica con las palabras Redemptor hominis y que la haya dedicado en conjunto
a la causa del hombre, a la dignidad del hombre, a las amenazas contra él y, en
fin, a sus derechos? ¡Derechos inalienables que tan fácilmente pueden ser
pisoteados y aniquilados….
Benedicto XVI,
En 2006, Papa Benedicto XVI, el Papa alemán,
prefirió, en lugar de la Santa Misa, un momento de oración y después pronunció
uno de sus discursos más fuertes y conmovedores. « El Papa Juan Pablo II estaba
aquí como hijo del pueblo polaco», dijo Joseph Ratzinger. Y después añadió: «Yo
estoy hoy aquí como hijo del pueblo alemán, y precisamente por esto debo y
puedo decir como él: No podía por menos de venir aquí. Debía venir. Era y
es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un
deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del
pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales
alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de
grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con
previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la
intimidación; así, usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su
frenesí de destrucción y dominio. Sí, no podía por menos de venir aquí».
Después añadió: «Nosotros no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos
fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia.
En ese caso, no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos sólo a su
destrucción. No; en definitiva, debemos seguir elevando, con humildad pero con
perseverancia, ese grito a Dios: "Levántate. No te olvides de tu
criatura, el hombre". Y el grito que elevamos a Dios debe ser, a la vez,
un grito que penetre nuestro mismo corazón, para que se despierte en nosotros
la presencia escondida de Dios, para que el poder que Dios ha depositado en
nuestro corazón no quede cubierto y ahogado en nosotros por el fango del
egoísmo, del miedo a los hombres, de la indiferencia y del oportunismo».
Francisco
Dentro de pocos días será la visita del Papa
Francisco y llevará a cabo con modalidades diferentes de las que tuvieron las
dos visitas anteriores. No habrá ninguna homilía ni un discurso. El Santo
Padre, que inicialmente había pensado en una alocución, aclaró recientemente,
respondiendo a una pregunta que le hizo el padre Federico Lombardi, durante la
conferencia de prensa que ofreció en el vuelo de Armenia a Roma (el pasado 26
de junio): «Yo quisiera ir a aquel sitio de horror sin discursos, sin gente,
solo los pocos necesarios… ¡Pero los periodistas seguro que estarán! Pero sin
saludar a este y a este… No, no. Solo, entrar, rezar… Y que el Señor me dé la
gracia de llorar».
De esta manera, el Papa Francisco, cerrará una
especie de catequesis Pontificia sobre el Holocausto: oración, reflexión y
silencio en los lugares, no los únicos, que se han convertido en el símbolo de
una de las páginas más negras de la humanidad, del arbitrio y del poder de
muerte absoluto del hombre sobre el hombre. No fue casual que en Yad Vashen, el
26 de mayo de 2014, el Santo Padre dijera: «En este lugar, memorial de la
Shoah, escuchamos resonar esta pregunta de Dios; ‘¿Adán, dónde estás?’. En esta
pregunta está todo el dolor del Padre que ha perdido al hijo. El padre conocía
el peligro de la libertad; sabía que el hijo habría podido perderse… ¡pero tal
vez ni siquiera el Padre podía imaginar tal caída, tal abismo! Ese grito:
‘¿Dónde estás?’, aquí, frente a la tragedia inconmensurable del Holocausto,
resuena como una voz que se pierde en un abismo sin fondo…».

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