No hay palabras para expresar la
congoja que sentimos Judíos y Cristianos
al enterarnos de su partida. Pero no solo Judíos y Cristianos, la humanidad
toda recuerda en estos momentos a ese ser maravilloso y único, que trabajó sin
descanso en defensa de los Derechos Humanos y que hizo de ello su opción de
vida.
Sus palabras, escritas con inmenso
dolor quedarán en nuestros corazones y serán luz en la vida de cada uno de nosotros, aquellos
que hemos comprendido el significado de la Shoá y que, recogiendo su mensaje,
seguiremos el camino de trabajar por la Paz y el Diálogo entre los seres
humanos. NO a las guerras, NO a los desencuentros, NO a la falta de valores, NO
a la explotación del hombre por el hombre, SI a la convivencia pacífica y
armoniosa, SI al respeto entre los seres humanos, SI a la vida que clama desde
lo más profundo de cada ser, porque tenemos que ser capaces
de construir un mundo en Paz y armomía, para recuperar nuestra propia esencia y
cumplir con el inmenso regalo que el Creador nos hizo. Elie Wiesel, ZL, nos lo
recuerda expresando: "Jamás olvidaré esa
noche, esa primera noche en el campo de concentración que hizo de mi vida una
sola larga noche bajo siete cerrojos", escribió Wiesel. "Jamás
olvidaré esa humareda. Jamás olvidaré las caritas de los chicos que vi
convertirse en volutas de humo bajo un silencioso cielo azul. Jamás olvidaré
las llamas que consumieron para siempre mi fe. Jamás olvidaré ese silencio
nocturno que me quitó para siempre las ganas de vivir. Jamás olvidaré esos
instantes que asesinaron a mi Dios y mi alma, y convirtieron en polvo mis
sueños. Jamás lo olvidaré, aunque me condenaran a vivir tanto como Dios.
Jamás."
Martha de Antueno
Presidente
CAJC

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