Interpretación textual e identidad religiosa
Respuesta
al rabino Felipe Yafé
Dr. Philip
A. Cunningham - USA
Quiero agradecerle al rabino Yafé por su
estimulante descripción de la manera en que los rabinos abordan creativamente
los textos autoritativos de la tradición judía. Me impactó particularmente su
descripción de las diferentes interpretaciones de la revelación en la tradición
judía, incluyendo el reciente giro hacia el papel humano en la transmisión del
testimonio humano del encuentro con Dios. ¡Sus comentarios invitan a muchos
posibles caminos de reflexión!
Dados los límites de una respuesta breve, me
centraré en una sola idea que su presentación me ha generado como teólogo
católico. Me impresiona hasta qué punto el desarrollo de la interpretación
bíblica en mi propia comunidad católica durante los últimos 75 años resuena en
lo que ha presentado el rabino. Permítanme explicarlo. Comenzando con una
declaración papal de Pío XII en 1943 y continuando en las décadas posteriores
al Concilio Vaticano II de los primeros años de la década de 1960, la enseñanza
eclesial católica sobre temas bíblicos se desarrolló con las instrucciones de
la Pontificia Comisión Bíblica (PCB). La Comisión emitió un documento
fundamental en 1993, titulado “La interpretación de la Biblia en la Iglesia”.
Entre sus afirmaciones más significativas estaba la siguiente:
El método histórico-crítico es el
método indispensable para el estudio científico del sentido de los textos
antiguos. Puesto que la Sagrada Escritura, en cuanto "palabra de Dios
en lenguaje humano", ha sido compuesta por autores humanos en todas
sus partes y todas sus fuentes, su justa comprensión no solamente admite como
legítima, sino que requiere la utilización de este método.[1]
Desarrollaré la referencia a los métodos críticos
más adelante. Por ahora, quiero destacar la idea de que en la Biblia, la
palabra de Dios está expresada en palabras humanas. Esto toca un aspecto
fundamental del cristianismo. El cristianismo es una religión encarnacional.
Los cristianos no solo creen que la palabra de Dios en su forma textual está
encarnada en la literatura humana, sino particularmente que la Palabra de Dios
se hizo carne en Jesús de Nazareth. Precisamente porque la palabra (o Palabra)
de Dios está encarnada, el lector debe prestar atención a la manera en que la
palabra bíblica se encarna en la historia y el lenguaje humanos. Sostener que
la palabra bíblica de Dios no se ve afectada por el desorden de la vida humana
es decir que la Biblia es tan divina que se podría suprimir de la experiencia
humana. Si no se aprecian suficientemente los orígenes humanos de la Biblia,
aunque algunos seres humanos hayan sido honrados con la inspiración divina, se
corre el riesgo de convertir una colección tangible de escritos en un ídolo,
violando así el corazón encarnacional del cristianismo. Esta perspectiva
es la razón por la cual los católicos rechazan lo que se suele llamar lecturas
fundamentalistas de la Biblia.
Hay otra idea de “La interpretación de la Biblia en
la Iglesia” que es muy significativa para nosotros en la actualidad: “La
Sagrada Escritura está en diálogo con las comunidades creyentes, porque ha
surgido de sus tradiciones de fe”. [2] Cuando los cristianos y los
judíos leen hoy las Escrituras, están leyendo el testimonio de fe de los
ancestros de sus actuales comunidades de fe. En cierto sentido, entablan un
diálogo con las experiencias de Dios en las vidas de personas que vivieron
mucho tiempo atrás, vinculándolas con las experiencias actuales de Dios en las
vidas del presente de sus comunidades de fe. Se desarrolla un proceso de ida y
vuelta.
Por lo tanto, el esfuerzo de comprender las
Escrituras en su contexto histórico y literario es solo un paso en el proceso
de la interpretación bíblica. También debemos preguntarnos qué significan las
ideas de los autores bíblicos para el mundo de hoy. Los autores bíblicos tenían
que lidiar con sus propios problemas, pero no incluyeron los que debe
confrontar el siglo XXI, como el calentamiento global o la manipulación
genética.
En la enseñanza católica, la interpretación bíblica
es, entonces, un proceso dialógico o dialéctico. A veces, los lectores
pueden considerar que los testimonios bíblicos son inadecuados o
inconsistentes. Por ejemplo, el Estados Unidos del siglo XIX estaba desgarrado
por la cuestión de la esclavitud. En la Biblia hay opiniones contradictorias
sobre ese tema, como se ve en el hecho de que tanto los dueños de esclavos como
los abolicionistas la citaban para apoyar sus puntos de vista diametralmente
opuestos. Algunos cristianos citaban el Nuevo Testamento cuando dice que los
esclavos deben obedecer a sus amos (Col 3,22; Ef 6,5), mientras que otros
argumentaban que como todos los seres humanos fueron hechos a imagen de Dios
(Gen 1,26), todos merecen la libertad. De modo que el diálogo interpretativo
entre los lectores actuales y los autores bíblicos puede criticar el testimonio
bíblico porque refleja el desorden de la existencia humana.
Por otra parte, el testimonio bíblico puede, y
debe, desafiar a los lectores modernos. Puede mostrarnos que quizá no vivamos
según la perspectiva o los ideales valorados por los escritores bíblicos. ¿Cómo
no contrastar la idea de Isaías de un mundo en el que prevalece la paz de Dios
incluso entre animales depredadores y sus presas (Is 11, 6) con nuestro
conflictivo mundo de violencia e injusticia?
Desde un punto de vista católico, entonces, la interpretación
bíblica es como una especie de lucha cuerpo a cuerpo entre las comunidades
religiosas de la actualidad y las del pasado. Y por supuesto, esta metáfora
resuena como la interpretación que le dan los judíos al significado de la
palabra Isra-el: “luchar con Dios”.
Pero antes de analizar los paralelos
interpretativos judeo-cristianos, debemos mencionar una idea de un documento
posterior de la Pontificia Comisión Bíblica. “El pueblo judío y sus Escrituras
Sagradas en la Biblia cristiana”, publicado en 2001, usa con frecuencia el
término “relectura”. Como la palabra lo sugiere, esto significa leer textos
antiguos a través de lentes nuevos, como cuando los primeros seguidores judíos
de Jesús empezaron a releer las Escrituras del antiguo Israel a través de
los lentes de la resurrección. Dentro del propio “Antiguo Testamento”/ Tanaj,
es evidente que los autores de libros posteriores hacen una relectura de libros
anteriores. Crónicas es una relectura del Deuteronomio, por
ejemplo. El texto de 2001 de la PCB destaca particularmente la relectura
cristiana de las Escrituras de Israel:
En el judaísmo, se estaba
habituado a hacer ciertas relecturas. Lo específico en la relectura cristiana
es que se hace a la luz de Cristo. La nueva interpretación no anula el sentido
original. … El Antiguo Testamento posee en sí mismo un inmenso valor como
Palabra de Dios. Leer el Antiguo Testamento como cristianos no significa querer
encontrar en cada rincón referencias directas a Jesús y a las realidades
cristianas. … Se trata de una percepción retrospectiva, cuyo punto de partida
no se sitúa en los textos como tales, sino en los acontecimientos del Nuevo
Testamento proclamados por la predicación apostólica.[3]
El texto de 2001 procede inmediatamente a elaborar
una conclusión de gran importancia para las relaciones entre cristianos y
judíos: “No se debe, pues, decir que el judío no ve lo que estaba anunciado en
los textos, sino que el cristiano, a la luz de Cristo y en el Espíritu,
descubre en los textos una plenitud de sentido que estaba escondida en él. [II,
A, 6].
Durante siglos, los cristianos han acusado a los
judíos de ceguera, o de obstinación deliberada, e incluso de servir a Satán por
negarse a ver que sus propias Escrituras señalaban en forma tan evidente (para
los cristianos) a Jesús. La Comisión repudia estas ideas explicando que ver
significados cristológicos en los textos bíblicos de Israel exige como prerrequisito
la fe en la resurrección. Esa perspectiva de fe le permite al lector
extraer del texto un “excedente de significado” que estaba escondido. [II, A,
6].
Además de estas observaciones sobre las relecturas
cristianas del “Antiguo Testamento”, el texto de la PCB también comenta
las diferentes relecturas judías del Tanaj:
Los cristianos pueden y deben
admitir que la lectura judía de la Biblia es una lectura posible, en
continuidad con las Sagradas Escrituras judías de la época del Segundo Templo,
una lectura análoga a la lectura cristiana, que se desarrolla paralelamente.
Cada una de esas dos lecturas es coherente con la visión de fe respectiva, de
la que es producto y expresión. Son, por tanto, mutuamente irreductibles. En el
campo concreto de la exégesis [la interpretación escritural], los cristianos
pueden, sin embargo, aprender mucho de la exégesis judía practicada desde hace
más de dos mil años; de hecho, han aprendido mucho de ella a lo largo de la
historia. Por su parte, pueden confiar en que también los judíos podrán sacar
partido de las investigaciones exegéticas cristianas. [II, A, 7].
Estas palabras ofrecen una fuerte evidencia
adicional del cambio efectuado en los últimos cincuenta años por la Iglesia
Católica en la interpretación bíblica y en sus actitudes hacia el judaísmo. No
solo se perciben como retrospectivas las lecturas cristológicas del “Antiguo
Testamento”, sino que también las tradiciones judías de los rabinos,
especialmente las que están contenidas en el Talmud, se consideran como interpretaciones
retrospectivas. Más significativamente, las propias relecturas judías son
consideradas legítimas al ser “análogas” a las interpretaciones cristianas
retrospectivas. Las diferencias residen en sus respectivos e irreducibles
“puntos de partida”: Cristo en el caso de los cristianos y los escritos
rabínicos en el caso de los judíos.
En 2011,
el papa Benedicto XVI reiteró este punto con vigor cuando escribió: “Después de
siglos de antagonismo, hoy consideramos que nuestra tarea es hacer que
dialoguen entre sí las dos formas de relectura de los textos bíblicos— la
cristiana y la judía —, para entender verdaderamente la voluntad y la palabra
de Dios”.[4]
La esperanza de la Comisión de que el estudio de la
Escritura judía y cristiana pueda ser mutuamente beneficioso se está cumpliendo
actualmente en los ámbitos académicos. Cada vez hay más expertos judíos en
Nuevo Testamento y más especialistas cristianos en Talmud. El primer caso está
magníficamente ejemplificado por la publicación, en 2011, del libro The
Jewish Annotated New Testament, en el cual alrededor de sesenta académicos
judíos comentan los libros del Nuevo Testamento cristiano y ofrecen una gran
cantidad de ensayos temáticos relevantes.[5]
Permítanme concluir repitiendo algo que dijo el
rabino Yafé. “El proceso interpretativo... operará a partir del mensaje de
antaño recibido y de su adecuación a las demandas vitales de aquella generación
a la cual se busque servir”. Esta es exactamente la misma dinámica que actúa
hoy en las comunidades católicas y otras comunidades cristianas, cuando
entienden que el proceso de la interpretación bíblica es un diálogo entre el pasado
y el presente. O, para decirlo de otro modo, un diálogo entre la explicación
del texto en sus propios términos y la actualización de sus significados para
los creyentes de la actualidad.
Muchos judíos y muchos cristianos están
comprometidos en un proceso que podría llamarse “tradicionando”.[6] La acción continua del verbo
expresa mejor la actual interacción entre continuidad, discontinuidad y reforma
que desafía a cada generación de judíos y cristianos. Creo que particularmente
los judíos y los católicos pueden tener una relación especial en términos de
tratar de crecer y desarrollarse, permaneciendo dentro de ciertos parámetros de
sus respectivas tradiciones.
Hace algunos años, el rabino Daniel Lehmann usó la
tradicional práctica judía de estudio javrutá—dos amigos que comparten y
debaten juntos textos sagrados—como una metáfora para describir la
interrelación entre cristianos y judíos. La presentación del rabino Yafé
sugiere algo similar. Todos hemos sido bendecidos por vivir en estos tiempos
tan interesantes y sin precedentes, en los que podemos enriquecernos mutuamente
estudiando juntos en un ambiente de respeto, confianza y amistad.
[1] PCB, "Interpretación de la Biblia
en la Iglesia" I, A.
- [2] Ibid., III,A,3.
- [3] Pontificia Comisión Bíblica, El
pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Bilbia cristiana (24 de
mayo de 2001), II,A,2,6. http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/pcb_documents/rc_con_cfaith_doc_20020212_popolo-ebraico_sp.html
- [4] Jesus of Nazareth,
Part Two, Holy Week: From the Entrance into Jerusalem to the
Resurrection (San Francisco: Ignatius Press, 2011), 35.
- [5] Amy-Jill Levine and Marc Zvi Brettler, eds. The
Jewish Annotated New Testament, (Oxford University Press,
2011).
- [6] Tomé la palabra "traditioning" del
libro de Mary Elizabeth Moore, Education for Continuity and Change: A
New Model for Christian Religious Education (Nashville: Abingdon,
1983).
El Dr. Philip A. Cunningham Vice President of ICCJ.
Traducción
del inglés: Silvia Kot
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