Valores Religiosos
online – 13 febrero 2015
Por:
P. Ignacio Pérez del Viso *
La fe cristiana nos ofrece
dos ciclos litúrgicos, el de Navidad, preparado por el Adviento, y
el de Pascua-Pentecostés, preparado por la Cuaresma. En todas las
religiones las grandes fiestas van precedidas de un tiempo de
preparación. Por eso, podríamos profundizar nuestra Cuaresma
meditando hacia adentro, hacia la fe cristiana, pero también mirando
hacia fuera, para compartir experiencias similares de otras áreas
espirituales.
Cada tradición religiosa
es única y el diálogo interreligioso no pretende disimular las
diferencias sino resaltar el patrimonio común, que vamos
re-descubriendo. En áreas muy vinculadas, como es la familia de
Abraham, las líneas comunes se perciben bajo creencias y ritos
peculiares. En el Sermón de la Montaña, Jesús desarrolló los tres
pilares de la piedad judía, en sintonía con los tres preceptos de
la moral judeo-cristiana: amar a Dios (oración) y al prójimo
(limosna) como a sí mismo (ayuno).
Esos tres pilares están
interconectados, de modo que el ayuno no responde a una ascética
individualista sino al deseo de mejorar la limosna y comprender que
la fe es una limosna que Dios nos regala, a todos los seres humanos,
que creemos en valores, y no sólo a los practicantes. Y el Islam
retoma esos tres pilares, añadiéndoles un prólogo (invocación de
Alá) y un epílogo (peregrinación). Todos peregrinamos en la vida.
El ayuno tradicional
consistía en abstenerse de comidas placenteras. Pero hay otro ayuno
más profundo, el de abstenerse de compartir el trato con los amigos.
Este ayuno puede ser voluntario pero también impuesto, por las
migraciones, las enfermedades y la muerte. Este es el ayuno más
importante, el de ayunar con los obligados a ayunar, estar tristes
con los entristecidos.
Palpamos un ambiente de
tristeza por la muerte del fiscal Nisman. Habrá una marcha en su
memoria el día 18, justo el Miércoles de Ceniza, comienzo de la
Cuaresma. Era un judío que había investigado los atentados a la
embajada de Israel y a la AMIA. Pero no sólo los judíos están
tristes. Todos los argentinos compartimos esa tristeza. Como dijo el
jesuita Rafael Velasco, no hemos llorado lo suficiente a Nisman, no
nos hemos hermanado en el llanto.
Recordemos que el ayuno no
es una meta. No buscamos vivir amargados. Es una peregrinación hacia
la alegría de la Tierra Prometida, del Banquete del Reino. En la
Novena Sinfonía cantamos: “Si es que no encuentras la alegría en
esta tierra, búscala hermano más allá de las estrellas”. Porque
la alegría se trasciende a sí misma al comunicarse a los demás.
Esta Cuaresma puede
ayudarnos a que nos sintamos todos hermanos en la búsqueda de la
Verdad, ya que lo cotidiano es actuar como adversarios o enemigos. Si
peregrinamos unidos, aun cuando la Verdad tarde un siglo en aparecer,
podremos decir que la muerte de Nisman no nos ha sepultado en la
frustración sino que nos ha abierto a un sentimiento superior.
* Jesuita. Profesor en la
Facultad de Teología de San Miguel

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