EL PASO
DEL SEÑOR
P.Hugo M.
Pisana SJ
La palabra «pascua» llega a nosotros desde el hebreo
(pāsaḥ), pasando por el griego
(pasja) y el latín (pascha); primero significa «saltear» o bien «pasar de largo»,
y luego se sustantiva en el nombre de la fiesta judía de Pésaj y de las víctimas
que se ofrecían y compartían en dicha fiesta. El sentido religioso y espiritual
del término, la fiesta y su contexto bíblico están muy bien actualizados en
este blog por el rabino Marcelo Polakoff y el padre Aldo Ranieri.
Cuando los cristianos celebramos la Pascua de Jesús nos ponemos
frente al hecho de sus padecimientos (en griego «padezco» se dice «pasjon») y resurrección, pasando (de largo) por la
muerte; y al decir que el Señor Jesús pasó de largo quiero hacer referencia a
lo que expresa mejor Simón Pedro, amigo y apóstol de Jesús, cuando anuncia con
alegría que Jesús de Nazareth fue librado de la muerte al ser resucitado por
Dios.
En la pascua cristiana celebramos que Dios todopoderoso y
eterno no pasa de largo de la realidad de nuestras vidas; él se hizo uno de
nosotros, tan de carne y hueso como cualquiera. En nuestras mismas condiciones
humanas Jesús amó a Dios Padre y a las personas hasta las últimas
consecuencias; las cuales lo enfrentaron con los poderes que siempre se han
opuesto al amor verdadero porque lo consideran una amenaza; y el Padre hizo
pasar a Jesús muerto a la vida plena, sin límites.
Celebramos que este camino de Jesús ha quedado abierto para
todos los que quieran seguirlo; a la luz de esta celebración festejamos el
consuelo de saber que los padecimientos de nuestra vida, los que son afrontados
en el amor por Dios y las personas; o que nacen de nuestro compromiso con el
amor a Dios, a quien no vemos, y a las personas que sí vemos, son sufrimientos
como los de Jesús; no son padecimientos inútiles, que se desvanecerán; son una
apuesta por la vida que no pasa jamás.
En la Pascua
celebramos que Dios Padre nos invita a transitar por este mundo, por esta etapa
de nuestra vida eterna, mirando y escuchando con atención a las personas, sin
pasar de largo de sus pedidos y necesidades; alentados por la esperanza de que
hay quienes también escuchan y prestan atención a las mías.
Celebramos con gestos que expresan la vida que de Jesús
resucitado pasa a nosotros: la luz, enfrentada y venciendo a la oscuridad; el
agua bendecida, que deseamos recibir para que nos proteja de los males que
acechan y para que nos aliente a ser portadores de bien; el abrazo y beso
fraterno, reactualizando el apoyo y consuelo que nos da el Espíritu de Jesús
Resucitado.
La fuerza del poder del Padre, que nos desata de los lazos
de muerte tal como al Señor, se hace actual cada vez que celebramos partiendo
el pan en nombre de Jesús; ritualmente y efectivamente. La actualización ritual
es llamada Cena del Señor, Misa, Eucaristía; la actualización efectiva recibe
el nombre de caridad; dos caras de una única realidad. En la Pascua Jesús
resucitado nos sale al encuentro para invitarnos a participar de su gozo; para
consolarnos con su alegría; para que entremos a su banquete donde nos da el
privilegio de ofrecer nuestra vida y nuestro pan, en nombre suyo, a quienes los
necesitan.

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