Rabina
Graciela Grymberg
25 de Kislev al 2 de Tevet 5774
Januka tiene un
encanto especial, porque nos da la oportunidad de encontrarnos durante ocho
días alrededor de las luminarias,
a padres e hijos.
Este año estaremos comenzando el encendido de la primera vela
el Miércoles 27 de Noviembre al
anochecer y a partir de allí encenderemos una vela más cada día, durante 8
días.
Un cuento para compartir
Los dos candelabros de Januka
Shmuel Iosef Agnon
“El candelabro de Januka en nuestro Beit Hakneset era de estaño y
tenía grabado en su pie, además de las bendiciones de Januka, el beit
Hamikdash.
Cada uno de sus porta velas era ancho y profundo, con un borde
hacia afuera.
Durante el año solía estar colgada la janukia en la pared del
norte, con otros utensilios. En vísperas de Januka, el shamesh de la sinagoga,
se ocupaba de acondicionarla para la fiesta. La limpiaba, la lustraba y la
apoyaba sobre la mesa, con el aceite en cada porta velas, lista para ser
encendida.
Sucedió un año, dos semanas antes de Januka, el Shamesh quiso hacer
lo que hacía todos los años: preparar el candelabro de Januka para la
fiesta.
Sus pies lo llevaron a la pared del norte, pero hete aquí, la
janukía no estaba en su lugar. Buscó en todas partes. El candelabro no aparecía.
Trascendió la noticia en el pueblo, llegando a oídos de los
pequeños estudiantes del jeder. Los niños tuvieron una idea salvadora: reunir
sus sevivonim (perinolas) de Januka que eran de plomo y hacer con ellos un
candelabro.
De inmediato se movilizaron, juntaron sus sevivonim y se los
llevaron al artesano del pueblo, a quien prometieron pagarle su trabajo con las
monedas que iban a recibir de sus padres y familiares para Januka (januka
guelt).
Apenas pasaron dos días y el artesano ya tenía listo el candelabro
que los chicos le encargaron. Ellos lo tomaron y lo llevaron al Templo. A la
noche pudieron estrenarlo con la primera vela.
Pasó el tiempo. Se acercaba Pesaj. En el Templo se realizaban los
preparativos habituales, y como era costumbre, una limpieza bien a fondo.
En eso, debajo de un banco apareció el candelabro de Januka
perdido.
Lo levantaron y lo colgaron en su lugar.
Cuando pasaron los meses y se acercaba la fiesta de Januka, como
todos los años el Shamesh preparó el viejo candelabro para encenderlo la
noche de fiesta.
Y sucedió que los ancianos del Templo opinaron lo siguiente:
Los niños, que renunciaron a sus sevivonim y además
entregaron su dinero de Januka para reemplazar el candelabro perdido,
merecen ser premiados por su esfuerzo, hay que encender ese candelabro en las
noches de Januka.
De ese modo se instituyó la costumbre de encender el candelabro de
plomo en las noches de Januka, aun cuando el tradicional recuperado, era más
lindo.
Desde entonces, la luz de los pequeños alumbra cada año, en la
noche de Januka”.
Cada año al encender las velas de Januka y hacerlo junto a
nuestros hijos, no solo encendemos las velas de la festividad, sino que
encendemos la luz de la espiritualidad y del pasaje de una generación a
otra de una luz que comenzó hace casi 4.000 años en un encuentro entre
Abraham y nuestro Creador.
Hoy la luz sigue iluminando nuestras vidas y la de nuestras
familias y así seguirá cada vez que las encendamos.

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