La Nación, viernes 01 de marzo de 2013, publicado en edición impresa
Roberto Bosca,
Desde ayer
a las 20, la Iglesia Católica entró en fase de sede vacante. Pero una cosa es
la sede vacante y otra muy distinta es el sedevacantismo. Esta última
denominación designa a una corriente religiosa que sostiene que a partir de la
muerte de Pío XII la Iglesia Católica Apostólica Romana se encuentra en estado
de sede vacante, en virtud de que los papas elegidos posteriormente son
ilegítimos por su abandono de la doctrina tradicional de la Iglesia y su
reemplazo por una nueva iglesia modernista. El sedevacantismo supone una
ruptura más extrema que la del obispo integrista Marcel Lefebvre, que si bien
produjo un cisma, no importaría un rechazo global al Concilio. Los
sedevacantistas, en cambio, sostienen una contestación radical y violenta
contra las autoridades romanas, a las que consideran usurpadoras del primado y,
lejos de constituir una unidad, se hallan también profundamente divididos entre
sí.El punto de dolor en esta historia reside en el Concilio Vaticano II, que es
considerado por los tradicionalistas el Caballo de Troya en la ciudad de Dios.
Un agravante del problema es que las reformas conciliares fueron presentadas en
muchas ocasiones en un sentido diverso al original, y tal vez demasiadas veces
fueron instrumentadas de manera distinta a lo que el Concilio había querido e
incluso había realmente dicho.Al clausurarse las sesiones conciliares se
despertó un espíritu contestatario en la Iglesia que formaba parte de un clima
de época, los años 60, y que produjo un gran desorden y confusión. Ratzinger
llegó a calificar a esta corriente interna de la Iglesia como el könzilsungeist
, el antiespíritu del Concilio, e incluso su renuncia al solio pontificio
podría no ser ajena a ella.Este cuadro se tradujo en una fenomenal crisis en
las vocaciones y en que un crecido número de sacerdotes fueran reducidos al
estado laical, pero lo peor ha sido una notoria disminución de la piedad del
clero y de los fieles e incluso una creciente deserción de las filas católicas.
Entre los propios teólogos progresistas cuyas ideas fueron recogidas por la
asamblea conciliar, como Henri de Lubac y Jacques Maritain, hubo quienes
lanzaron la voz de alarma sin ser escuchados. Esta situación de caos produjo la
más profunda crisis de los últimos siglos dentro de la Iglesia Católica, que
está aún lejos de reponerse.Lo cierto es que una porción respetable y quizá
mayoritaria de la opinión pública dentro y fuera de la Iglesia terminó
asimilando la sensibilidad progresista con el Concilio (en realidad con la
imagen del Concilio que ha construido el progresismo). Quedó instalada así la
idea de que oponerse a ella implica una actitud integrista o preconciliar.Los
sedevacantistas coinciden con esta identificación, pero representan
precisamente lo contrario, puesto que ellos promueven un túnel del tiempo:
volver lisa y llanamente al período previo al Concilio Vaticano II, cuando la
Iglesia mostraba un semblante más saludable y airoso que en estos tiempos
borrascosos y claudicantes.No se trata sólo de un cambio más o menos formal,
como volver al latín. Los sedevacantistas acusan a "la iglesia
montiniana" (por el papa Pablo VI-Montini, impulsor del Concilio) de haber
sustituido la misa tridentina por un rito protestante y de haber entronizado
los criterios liberales del modernismo ya condenados por el magisterio;
incluso, de haber abandonado el dogma de la única y verdadera iglesia para
afirmar que ésta "subsiste" en la Iglesia Católica.De tal suerte,
existen hoy unos cuantos autoproclamados papas (en realidad, antipapas)
sedevacantistas que reivindican la continuidad de la tradición católica, no
exentos de un cierto pintoresquismo. Algunos sedevacantistas han decretado que
el cardenal Giuseppe Siri fue elegido papa, pero el veto de la Unión Soviética
provocó una nueva elección de la que resultó triunfante Angelo Roncalli (Juan
XXIII). Otros sostienen que la Virgen, un santo o el propio Jesucristo les
habría revelado la vacancia de la Santa Sede.En la Argentina, el sedevacantismo
tuvo su representante en el mítico profesor Carlos Disandro, cuya influencia se
tradujo en algunos ambientes peronistas; visitó a Perón y mantuvo
correspondencia con él.¿Qué hará el próximo pontífice? ¿Retroceder, como
quieren el lefebvrismo y el sedevacantismo? ¿Continuar el proceso conciliar
reformista de Juan Pablo II-Benedicto XVI de volver al "verdadero"
Concilio? ¿Profundizar una ruptura radical con la tradición, como desea el
progresismo?. El hecho del Concilio no parece admitir una marcha atrás. Por
otra parte, las demasías progresistas no han conseguido sino agravar la crisis.
Benedicto XVI habló de la "hermenéutica de la reforma", pero ni él ni
su antecesor pudieron contener los vientos desatados por el konzilsungeist.
También hay que recordar que, según un antiguo proverbio teológico, en la
Iglesia el Espíritu sopla donde quiere, y los buenos católicos sólo imploran
que se abrevie el tiempo de la prueba, que ya supera el medio siglo.Cualquiera
que conozca la azarosa historia de la Iglesia, por lo demás, no debería
escandalizarse de todas estas fintas. El cardenal Herranz describió el período
posconciliar así: "Tiempo de esperanzas, con nubarrones en el horizonte,
pero con una luz intensísima en la lejanía". No hay que temer, el Espíritu
Santo guía a la Iglesia.
El autor es
abogado por la Universidad del Salvador y doctor en derecho en la Universidad
de Buenos Aires.
Profesor de
ética social en la Universidad Austral y miembro del Consejo Argentino para la
Libertad Religiosa y el Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa.
Autor de
numerosos libros, artículos y trabajos de investigación en el país y en el
extranjero.
Su último
libro, en colaboración con el sociólogo José Enrique Miguens, trata sobre el
estado actual de la discusión sobre religión y política, y reúne trabajos de
expertos de diversas universidades latinoamericanas y europeas en materias como
laicidad, discriminación y libertad religiosa.

2 comentarios:
Un clásico: definir izquierdas y derechas (progresistas / sedevacantistas) para situarse en el medio. Sólo que ese "medio" está cada vez más a la derecha...
El sedevancantismo, como el autor lo reconoce, es algo casi pintoresco. Mientras que lo que él llama progresismo expresa a amplísimos sectores de la Iglesia, en todos sus niveles.
En definitiva, un análisis simplista.
Un clásico: definir izquierdas y derechas (progresistas / sedevacantistas) para situarse en el medio. Sólo que ese "medio" está cada vez más a la derecha...
El sedevancantismo, como el autor lo reconoce, es algo casi pintoresco. Mientras que lo que él llama progresismo expresa a amplísimos sectores de la Iglesia, en todos sus niveles.
En definitiva, un análisis simplista.
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