Por el Rabino Ale Avruj
Esta semana visitó la
Argentina el Rabino Sir Jonathan Sacks, Gran Rabino de las
Comunidades Hebreas del Commonwealth
en Gran Bretaña. Rabino reconocido mundialmente por sus libros y
pensamientos, y honrado desde el 2009 con un asiento en la Cámara de
los Lores, después de haber sido nombrado por la misma Reina.
En
la Conferencia que dio en la Universidad de Di Tella titulada “How
to avoid the clash of civilizations”,
Lord Sacks desarrolla la idea de cómo desde su origen la tradición
de Israel comprende la religiosidad humana. Según Sacks, en la
antigüedad politeísta cada pueblo tenía su dios, el cual era una
deidad con poderes exclusivos para con ese pueblo, y determinados de
manera excluyente a su ubicación geográfica. La revolución
monoteísta de Moisés trae una nueva cosmovisión acerca de la
divinidad: “El
Dios de Israel, es el Dios de toda la humanidad; pero la religión de
Israel, no es la religión de toda la humanidad”.
A
partir de este razonamiento, el pueblo judío comprendió desde su
origen, que son diversas las formas, tan legítimas como la propia
del judaísmo de entender, acercarse, honrar y adorar a Di-s. Siempre
Uno y único, amado en diversidad.
Esta
visión de un mundo creado en colores diversos, nos regala a la vez
la oportunidad espiritual de comprender lo valioso de la
multiplicidad llena de color de acercarnos a lo divino.
La
asunción del Cardenal Primado de la Argentina Jorge Bergoglio, como
máximo referente de la Iglesia Católica al ser nombrado como el
nuevo Pontífice Francisco, ha llenado tanto el corazón de aquellos
que somos creyentes como de los que no lo son, de inspiración,
motivación y esperanza. Y me atrevo a decirlo porque son variadas
las experiencias que hemos compartido con el hoy Sumo Pontífice de
la Iglesia Católica, las que me han permitido saber y conocer al
hombre sensible y humilde detrás de la enorme e impactante
investidura.
Su
enorme compromiso con lo social, su trabajo pastoral, y su llegada a
los lugares más marginados de nuestra sociedad, ha sido parte de
nuestro encuentro a partir del trabajo mancomunado de tantos años en
las Villas de Emergencia que venimos desarrollando desde la Comunidad
junto a Caritas. Recuerdo con admiración la celebración de la misa
que él mismo ofició en la despedida del querido amigo en común, el
Padre Pepe de la Villa 21/24, cuando debió recluirse en Santiago del
Estero luego de su entrega en la defensa de los chicos abandonados al
flagelo del paco en las villas. Allí el entonces Cardenal en persona
arrodillado a los pies de los feligreses de la 21/24, les lavaba él
mismo los pies en un acto amoroso de humildad y ofrenda.
Este
nuevo tiempo de la Iglesia será sin dudas continuidad de aquél
revolucionario Concilio Vaticano II iniciado por Juan XXIII, a partir
de la gran trayectoria del flamante Papa Francisco con el diálogo y
el encuentro interreligioso. En lo personal, el último año también
nos ha encontrado en diversos actos ecuménicos donde fue anfitrión
e inspirador de los mismos. La Catedral Metropolitana fue la sede
donde conmemoramos de la mano el 74 aniversario de la Kristallnacht,
y también unas semanas después, fue él quien volvió a abrir la
Catedral para oficiar allí una oración compartida por la Paz en
Israel, en medio del conflicto del último año.
A
finales del año pasado tuvimos el inmenso honor de contar con su
presencia en la sede de nuestra Comunidad NCI-Emanu El en la
celebración de Januca, donde además de encender la primer luz, nos
regaló su mensaje lleno de luz, de encuentro y de paz.
Sin
embargo, seguramente lo más elevado de su personalidad sea aquello
que justamente lo trae de vuelta a la tierra: su humildad.
Su
compromiso con lo social, con el flagelo de lo marginal, su entrega
al diálogo y al trabajo por un mundo con más equidad y armonía, se
engrandece en su estilo de vida. Hace solo un par de meses cuando
visitó nuestra Kehilá, llegó desde el centro en el Subte D y
gustoso comenzamos a tomar unos mates con amigos de la Congregación
antes de la ceremonia, alejado de todo protocolo y rigurosidad
ceremonial.
La humildad es una
característica que ha pasado de moda.
No es la virtud que
solemos enseñar ni mucho menos practicar. Hoy no es un rasgo del
carácter que nadie pondría en su currículum a la hora de conseguir
nada.
Hoy hay que ser un tipo
despierto, rápido, emprendedor, ganador, fachero y carismático.
En lo posible deportista,
mediático y definitivamente adinerado.
La humildad ha quedado
recluida al mundo de los timoratos, los introvertidos, los
silenciosos.
Subestimamos la humildad.
Tan grandiosa y difícil virtud.
Porque para ser humilde
en verdad, hay que ser muy grande.
La humildad nada tiene
que ver con el silencio desapercibido, con la falta de creatividad, o
con una personalidad apagada y sin carisma.
Falsa humildad es la que
se arrogan aquellos que poco o nada han hecho de sus vidas y sus
oportunidades, escudándose en la dimensión de lo humilde.
Cuando haces algo por y
para el mundo, y aún así sos un ser humilde, es que sos realmente
humilde.
Porque desterramos la
humildad de nuestra sociedad?
Porque generalmente no te
da hoy lo que buscas.
Y el problema no es la
humildad, sino lo que estamos buscando.
Siendo humilde, quizá no
logres ese trabajo o esa relación que buscas.
Pero lo que conseguís,
es menos importante de lo que sos.
Y lo que tenes va a pasar
pero lo que sos, permanecerá para siempre.
Y lo que tendremos que
decidir es: si seremos lo que acumulamos, o si seremos aquello que
hagamos de la condición de nuestra alma.
El Midrash se pregunta
porqué la Tora fue entregada en el Sinaí, siendo una montaña tan
pequeña, ya que hay varios otros montes mucho más altos e
imponentes.
Y los rabíes responden:
por la humildad. Al igual que Dios se presentó en una pequeña zarza
ardiendo, el Todopoderoso quiso demostrar el poder de la humildad.
Entonces el Kotzker Rebbe
se preguntó, si así lo hubiese querido hacer, ¿por qué entonces
no entregó la Tora en un valle? ¿Para qué hacerlo en un monte
después de todo?
Y su respuesta es: que la
humildad solo tiene lugar si sos una montaña. Tenés que tener algo
grandioso por lo que ser humilde, para que tu humildad sea real.
El verdaderamente
humilde, es aquél que tiene porqué no serlo, y aún así, lo es.
Los dones de Dios están
distribuidos por toda la tierra, y la humildad es el reconocimiento
de que los demás también tienen un lugar en este mundo. La humildad
de los grandes, se encuentra cuando no solo son humildes frente a
Dios, sino especialmente frente a los hombres. La única imagen de
Dios en la tierra.
Dice
el Rabino Sacks, que la solución y la respuesta a la violencia y la
rivalidad entre civilizaciones y culturas diferentes, no puede venir
desde afuera, sino desde adentro mismo de las religiones. En la
posibilidad de mirar al otro y encontrar en otros ojos la imagen de
Dios en la tierra.
Quiera
Dios bendecir al nuevo Pontífice, para que el mensaje que viene
inspirando en sus labios y en su acción al día de hoy, pueda ser su
guía en su misión transformadora que solo los grandes están
llamados a dar.
Rabino
Alejandro Avruj
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