Rabino Samuel Szteinhendler
Presidente
Confraternidad Judeo Cristiana de Chile
Janucá celebra
la rededicación del Gran Templo de Jerusalem después que los greco seléucidas
lo habían profanado y de la exitosa resistencia de los judíos a la asimilación.
Ciertamente la festividad contiene un sentido de orgullo nacional respecto al
milenario legado como también una expresión de agradecimiento por los milagros
reflejados en la historia de la simple vasija de aceite que alcanzó a durar
ocho días facilitando la preparación de nuevo aceite puro.
Incorporado
en el significado histórico y nacional podemos descubrir un profundo
significado universal y personal. El Templo de Jerusalem representaba que Dios
habitaba con y en el seno del pueblo judío- pero la tradición judía enseña que
nuestros cuerpos también son- cada uno- “templos” y una imagen de Dios,
albergando el espíritu de Dios.
Janucá
nos ofrece una oportunidad de reconocer la sacralidad de nuestros cuerpos, para
ofrecer agradecimiento por el milagro de las funciones de nuestros cuerpos y
para rededicar nuestro ser físico al servicio de Dios y la humanidad toda.
El
hecho de encender las luminarias representa nuestro esfuerzo de traer luz al
mundo e incluso apreciar la más humilde y limitada luz como y con una
bendición.
En
la tradición judía se nos exhorta a ser sensibles con aquellos que están
enfermos o tienen algún impedimento y por ello rezamos por y para cada uno de
ellos, sean familiares, amistades o cualquier miembro de la familia humana por
el solo hecho de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios.
Claro
que las aflicciones son numerosas, las p4ersonalidades, los desafíos, los
orígenes de las enfermedades son tan diversos y los procesos y prognosis de las
enfermedades son tan cambiantes e impredecibles. Ante ello nos preguntamos muy
seguido ¿qué hacer? ¿Cómo podemos recurrir al recurso de la celebración de
Janucá para ayudar, aportar, traer luz y esperanza?
Justo
en un tiempo y un mundo que está expuesto y amenazado por negros y oscuros
nubarrones- de xenofobia, odio, indiferencia, intolerancia, resurgimiento del
antisemitismo, desapego a valorar respetar y reconocer al “otro” que no soy yo
y entendiendo que yo también soy para alguien el “otro” - ¿cómo puede la
celebración de Janucá aportar un mensaje de fe y esperanza?
Sugerimos
que cada una de las ocho noches de Janucá, justo antes del encendido de las
luminarias elevemos una plegaria por cada uno de quienes están aquejados por
alguna enfermedad, recurrir a los textos de los Salmos y agregar palabras que
broten de nuestro corazón, de nuestra propia esperanza y fe anhelando por un
tiempo y un mundo donde se extienda la luz de la vida, la salud, la fortaleza
espiritual y la paz.
El
máximo regalo de la festividad de Janucá - que éste año coincide con la
celebración de la Navidad, también tiempo de nacimiento, luz y esperanza de
acuerdo a la tradición cristiana- es, sin duda alguna
Luz. Que este año, al celebrar Janucá y Navidad,
nuestras plegarias y actos de bondad puedan dejar fluir chispas de esperanza y
fortaleza e iluminen la vida con renovado significado y conciencia de destino
volviendo a recuperar erguidos y radiantes el entendimiento que cada uno tiene
una misión como mensajero y socio de Dios en sanar y reparar y aportar de su
luz para un mundo que brille en todo su merecido esplendor.
“Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se
dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Dios será tu
retaguardia.” (Isaías 58:8)

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