Martha Wolff
ANI MAAMIN- YO CREO.
En
hebreo se dice ANI MAAMIM que quiere decir YO CREO
y lo
vivido en la Noche de los Cristales Rotos fue un rezo para repetir YO CREO….a
los cuatro vientos.
El 11 de Noviembre, en la Parroquia San Ildefonso, en Guise 1941, a las 19.30 hs. fui
parte de la ceremonia de la recordación del 81ªAniversario de la
«Kristallnacht», la «Noche de los Cristales Rotos», ceremonia organizada por la
B`nai B´rith, la Comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la
Arquidiócesis de Buenos Aires y la Confraternidad Argentina Judeo Cristiana.
Fue un orgullo haber sido elegida como intelectual judía para prender la vela
en memoria de los intelectuales asesinados por los nazis junto a un
sobreviviente y destacadas figuras argentinas para no olvidar la barbarie
cometida en la Shoá.
Cuando envié a familiares y amigos el haber sido elegida, lo primero que pensé
es qué iba a sentir al ver prenderse esa vela en memoria de todos aquellos
escritores, artistas, músicos, científicos, poetas y demás seres que con sus
creatividades y actividades enriquecieron la cultura germana y universal, y
también dedicarle ese minuto a mi esposo, alemán judío, que nunca olvidó ni
superó el haber perdido la mayor parte de su familia en las cámaras de gas.
Al llegar a la parroquia enseguida nos hicieron pasar a los que íbamos a
participar y asistir al acto a un jardín con refrescos donde alternamos unos
con otros. Luego nos hicieron pasar a tomar asiento a la iglesia. Un lugar
armonioso, con santos y vírgenes de gran belleza artesanal y todo de una
dimensión acogedora.
El grupo organizador se fue acercando para indicarnos nuestros lugares con gran
amabilidad. Entre los presentes hubo saludos entre embajadores y políticos,
periodistas y activistas comunitarios, representantes de varias religiones y
público en general que colmó el recinto.
Había en ese encuentro un espíritu de respeto y presencia para recordar y no
faltó una frase que escuché que decía: “Ojalá no hubiera sido necesario que
esta fecha existiera en el calendario”.
Estuve en la primera fila custodiada por la Embajadora de Israel y el Embajador
de Alemania, paradoja de la Historia a mis costados, imaginé lo que cada uno
pensaba. La Embajadora de Israel represente del país que nos hizo judíos libres
y el de Alemania a quien escuché, el día que se conmemoraba la Caída del Muro
de Berlín este año, hablar de la lucha de su país contra el nuevo
antisemitismo. Y yo hija de perseguidos de Ucrania y Polonia, de una marido
alemán judío que tuvo que huir del nazismo, allí como periodista y escritora
defendiendo siempre a mi ser judía y habiendo sido elegida por la B`nai Brith,
fundada en 1913, creadora de la Liga Antidifamación en defensa de los judíos y
de ayuda internacional. Fue un regalo de la vida y el activismo comunitario.
Pero lo que realmente me conmovió hasta las lágrimas fue ver esas seis velas en
sus respectivos candelabros rituales, separados simétricamente delante del
altar y en un costado una cruz con Cristo torturado y sufriente.
En medio de ese espacio también fue algo muy particular ver a la izquierda del
espacio del altar, a dos músicos jóvenes, que luego resultaron ser uno
tecladista y otro cantante con kipot, solideos, sentados en los lugares en los
que suelen los clérigos participar la misa. Sumada a esto del lado izquierdo la
representante de la B`nai Brith, desde una estrado, dirigía la ceremonia que se
estaba desarrollando junto a las mujeres del Diálogo Interreligioso. Y más allá
sentados un cura y un rabino que fueron los únicos oradores. Hubo además
representantes de muchas religiones y todos unidos por la fe no la diferencia.
Fueron llamadas a pasar a encender las velas personas designadas por sus
historias personales y otras representativas democráticas como acompañantes de
honor y hubo también niños y jóvenes que compartieron la memoria de los que
niños que no los dejaron crecer y jóvenes que no los dejaron ser adultos.
Cada vela tuvo un objetivo: recordar a los adultos y a los niños asesinados, a
los jóvenes masacrados en los campos, a los intelectuales, a los que
sobrevivieron y homenajearon a sus seres queridos incinerados en los campos y a
todos los que no los dejaron vivir por ser judíos.
Y hubo música: arriba en el primer piso los coreutas cantaron con gran armonía
y delicadeza canciones como la final “Con las alas al viento”. Abajo los dos
jóvenes que describí interpretaron melodías hebreas y la final de gratitud a
Dios “Avinu Malkenu”.
Así me sentí transportada en una iglesia recordando a los judíos asesinados por
el nazismo rodeada de gente unida por un mensaje de amor y libertad para mí
inolvidable.
Casi al finalizar el acto me di vuelta para ver la iglesia repleta y me alegró
el alma al compararla con una obra de arte que hay en Berlín, en la Belelplatz,
en la que bajo nivel se ven estanterías cubierta por un vidrio como si fuera un
biblioteca vaciada donde hubo la quema de los libros escritos por autores
judíos en 1933. Vaya abismo entre lo vivido ayer y lo sucedido por el odio del
nazismo que todavía tiene vigencia.
Aplausos a todos los organizadores que luchan por un mundo mejor y gracias
B´nai B´rith por dejarme ser parte de un cuadro vivo de amor a la Humanidad sin
diferenciación de raza ni religión.

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