El judaísmo ortodoxo y la Iglesia Católica
celebran un nuevo hito en las relaciones católico-judías
| 01.01.2018
La importancia de este documento reside en
que es el primero de este tipo que cuenta con un consenso unánime de la
ortodoxia judía internacional. El documento evalúa y propone compromisos
conjuntos basados en un diálogo que comenzó hace 52 años con la publicación del
documento del Concilio Vaticano II Nostra
Aetate. Expresa un profundo aprecio por la manera en que la Iglesia
Católica y los sucesivos papados de los siglos XX y XXI – particularmente los
de Juan Pablo II y Francisco – han actuado para implementar una revolución
positiva en la enseñanza de la Iglesia referente a los judíos, al judaísmo y a
Israel, basada en los principios del trascendental documento del Concilio Vaticano
II.
Las delegaciones estaban compuestas del
siguiente modo: del Gran Rabinato de Israel, el rabino Ratzon Arousi y el
rabino David Rosen, más los directores generales anterior y actual del Gran
Rabinato, Oded Wiener y Moshe Dagan; de los Estados Unidos, el rabino Marc
Dratch, presidente del Consejo Rabínico de los Estados Unidos y el profesor
David Berger; y de la Conferencia de Rabinos Europeos, los grandes rabinos de
Moscú, Roma, Viena, Bruselas y Ucrania: Pinhas Goldschmidt, Riccardo Di Segni
(vicepresidente de la Conferencia), Aryeh Folger, Albert Guigui, Avihal Apel y
Yaacov Bleich.
El rabino David Rosen, director internacional
de relaciones interreligiosas del AJC (American Jewish Committee) y miembro del
comité original bilateral Vaticano-Israel que llevó a establecer relaciones
diplomáticas entre ambos Estados 23 años atrás, es también consejero de asuntos
interreligiosos en el Gran Rabinato de Israel y presidente internacional de
Religions for Peace. Después de declarar que estamos viviendo una “Edad de Oro
de las relaciones católico-judías”, señaló que “por milagroso que sea el
mensaje de la delegación en sí mismo, lograr que las tres organizaciones judías
ortodoxas se pongan de acuerdo en este enfoque y acepten un texto común es un
milagro aún más grande”.
En realidad, originalmente se pensó publicar
el texto en ocasión del 50º aniversario de Nostra Aetate, pero llevó casi 2
años de deliberaciones internas lograr un consenso total. Luego hubo una demora
de seis meses del Vaticano hasta que se finalmente se pudo llevar a cabo esta
importante reunión.
El embajador de Israel ante la Santa Sede,
Oren David, elogió “la rapidez y la eficiencia con las que finalmente se
organizó este evento, solo pocos días después de que el Vaticano hiciera la
convocatoria y los representantes judíos llegaran de inmediato desde tres
continentes”. Consideró destacables “tanto el contenido del documento rabínico
como el de la respuesta del Papa Francisco”.
Puede decirse que el diálogo muy especial
entre estas dos religiones fraternales comenzó oficialmente en 1947 en la
famosa reunión de Suiza de la “Conferencia Internacional de Emergencia sobre
Antisemitismo” del Consejo Internacional de Cristianos y Judíos (ICCJ).
Allí, bajo la dirección del historiador Jules
Isaac – que más tarde se reunió con el Papa Juan XXIII para presentarle sus
notas sobre las trágicas consecuencias de la “enseñanza del desprecio” por
parte de la Iglesia –, los líderes cristianos y judíos más importantes
adoptaron 10 puntos básicos para inaugurar un nuevo abordaje de las relaciones
judeo-cristianas, tendiente a desterrar todo antisemitismo basado en
estereotipos teológicos negativos.
En diciembre de 2015, siete décadas más
tarde, en la Sala de Prensa de la Santa Sede, la Comisión Pontificia para las
Relaciones Religiosas con los Judíos celebró el 50º aniversario de Nostra Aetate con la
presentación de un nuevo documento titulado “Los dones y la llamada de Dios son
irrevocables” (Rm 11, 29.) El documento fue recibido con una gran atención en
el mundo judío, pero aún más sorprendente fue otro documento presentado por el
rabino David Rosen en la misma conferencia de prensa del Vaticano, a la que
había sido invitado como uno de los dos representantes judíos para brindar una
respuesta (el otro fue el profesor Edward Kessler, fundador y director del
Instituto Woolf de la Universidad de Cambridge).
En la crónica del Vatican Insider de esa conferencia de prensa,
publicada los días 13 y 14 de diciembre, en inglés y en italiano
respectivamente, escribí: El rabino Rosen presentó una “Declaración rabínica
ortodoxa sobre el cristianismo”, emitida hace una semana y firmada por 48
“rabinos ortodoxos que dirigen comunidades, instituciones y seminarios en
Israel, Estados Unidos y Europa”. Entre las firmas figuran nombres distinguidos
y muy autoritativos. Después de enumerar varias declaraciones rabínicas
históricas que valoran las enseñanzas de Jesús, señala: “Ahora que la Iglesia
Católica ha reconocido la Alianza eterna entre D’s e Israel, nosotros los
judíos podemos reconocer la actual validez constructiva del cristianismo como
nuestro socio en la redención del mundo, sin ningún temor de que esto sea
explotado con fines misioneros. Como declaró la Comisión Bilateral con la Santa
Sede del Gran Rabinato de Israel bajo la dirección del rabino Shear Yashuv
Cohen, ‘Ya no somos enemigos, sino compañeros inequívocos en la articulación de
valores morales fundamentales para la supervivencia y el bienestar de la
humanidad’. Ninguno de nosotros puede cumplir solo la misión de D’s en este
mundo”.
En el mundo más amplio de los judíos
ortodoxos, este documento provocó distintas reacciones, en las que hubo
reservas y dudas. El rabino Rosen señaló que los obstáculos que ponían muchos
judíos para involucrarse en el diálogo se debían a razones históricas más que
teológicas. Rosen recordó que ya en el año 2000, un documento concerniente a
las nuevas relaciones entre el cristianismo y el judaísmo, “Dabru Emet” (“Decid
la verdad”), había sido firmado por más de 220 rabinos e intelectuales de todas
las ramas del judaísmo, pero los ortodoxos siempre habían sido la minoría y no
pudieron llegar a un acuerdo total hasta el presente.
Después de muchas discusiones intrajudías,
dos años más tarde, se publica un documento de la ortodoxia judía, esta vez
realmente representativo. El primer borrador, que se planeaba publicar en 2015
pero no contaba con el necesario consenso, se debatió y se refinó, incorporando
puntos que se consideraban importantes pero faltaban en la versión anterior. El
texto incorpora dentro de un contexto más amplio algunas declaraciones
contenidas en el documento presentado por el rabino Rosen en 2015.
El obispo Ambrogio Spreafico, presidente de la Comisión de Ecumenismo y Diálogo de la Conferencia Episcopal Italiana afirma que la importancia de este documento judío reside en su naturaleza “oficial”, como una declaración unificada de las tres grandes organizaciones ortodoxas judías de Israel, Europa y Estados Unidos.
El obispo Ambrogio Spreafico, presidente de la Comisión de Ecumenismo y Diálogo de la Conferencia Episcopal Italiana afirma que la importancia de este documento judío reside en su naturaleza “oficial”, como una declaración unificada de las tres grandes organizaciones ortodoxas judías de Israel, Europa y Estados Unidos.
En una entrevista publicada por Avvenire, señaló que si bien
las comunidades ortodoxas representan solo a alrededor del 10% de los judíos de
los Estados Unidos (la comunidad de diáspora más numerosa del mundo) y son una
minoría en el judaísmo de los países europeos e incluso en Israel, los comités
centrales de las comunidades judías nacionales reconocidas de Europa están
dirigidas en su mayoría por rabinos ortodoxos, mientras que en Israel, los
rabinos ortodoxos son los únicos que tienen autoridad sobre las leyes judías
referentes al matrimonio, al divorcio, etc.
Los movimientos conservadores, liberales,
reformistas y reconstruccionistas, junto con los judíos humanistas o
“seculares”, han sido históricamente los pioneros y más fervientes defensores
de las relaciones interreligiosas, por creer en la necesidad del diálogo para
un mejor entendimiento mutuo y para lograr un futuro de coexistencia más
pacífica. Los judíos ortodoxos, por su parte, han sido más cautos, quizá por
estar más marcados por el trauma de experiencias pasadas negativas. Seguían
sospechando que el compromiso cristiano sería usado para intentar convertir a
los judíos y acusaban a los judíos que participaban de ser demasiado
ingenuos y crédulos. Basaban su desconfianza en la larga historia de
antisemitismo teológico, conversiones forzadas y “disputas” teológicas
desiguales en las que la vencedora predeterminada siempre era la Iglesia.
Los judíos ortodoxos han participado durante
muchos años junto con otras organizaciones judías mundiales en el diálogo
oficial con el Vaticano, primero con los auspicios del Comité de Enlace
Católico-Judío, y luego en las comisiones bilaterales del Gran Rabinato Israelí
y la Comisión Pontificia para las Relaciones Religiosas con los Judíos, pero
siempre impusieron un veto para el diálogo “teológico”. Sin embargo, como la
definición de “teológico” es un concepto bastante nebuloso, en reuniones
anuales se han analizado temas de interés común para ambas religiones (como la
ecología, el desarrollo sustentable, la familia, la justicia, la paz, el
significado religioso de la Tierra de Israel, etc., temas que podrían
categorizarse como “teológicos” y sociales) y se ha llegado a coordinar una
acción conjunta. Ambos lados han destacado que la conciencia de nuestras
diferentes identidades religiosas favorece, y no impide, un diálogo productivo.
En su discurso frente a la delegación judía
ortodoxa, Francisco reconoció que “la declaración ‘Entre Jerusalén y Roma’ no
esconde … las diferencias teológicas que existen entre nuestras tradiciones
religiosas. Aun así, expresa la firme voluntad de colaborar más estrechamente,
hoy y en el futuro”.
“Entre Roma y Jerusalén” señala que “a pesar
de las diferencias teológicas irreconciliables, nosotros los judíos
consideramos a los católicos como nuestros socios, estrechos aliados, amigos y
hermanos en nuestra búsqueda común de un mundo mejor, bendecido con paz,
justicia social y seguridad.
“Conscientes del hecho de que no hay un
conocimiento suficientemente amplio en nuestras respectivas comunidades del
cambio trascendental que tuvo lugar en la relación entre católicos y judíos; y
a la luz de… una visión compartida de una sociedad justa y ética; declaramos:
No somos enemigos, sino compañeros inequívocos en la articulación de los
valores morales esenciales para la supervivencia y el bienestar de la sociedad
humana”.
El documento exhorta a buscar “la
colaboración de la comunidad católica en particular, y otras comunidades
religiosas en general, para asegurar un futuro de libertad religiosa…
conscientes del peligro muy real que enfrentan muchos cristianos en el Medio
Oriente y en otras partes donde son perseguidos y amenazados por la violencia y
la muerte en manos de quienes invocan el Nombre de Dios en vano a través de la
violencia y el terror.”
“Entre Jerusalén y Roma” alaba las notables
contribuciones a la reconciliación de Nostra
Aetate, como la referencia a la divina elección de Israel como un “
‘don de Dios’ que no será revocado”, la declaración de que “ ‘no se ha de
señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos’, y la enérgica
crítica a ‘los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de
cualquier tiempo y persona contra los judíos’, como un deber religioso”.
Se elogian las declaraciones papales
tendientes a combatir el antisemitismo, como la repetida afirmación de Juan
Pablo II de que el antisemitismo es “un pecado contra Dios y la humanidad” y la
admonición del Papa Francisco en el sentido de que “…un ataque abierto contra
el Estado de Israel también es antisemitismo. Pueden existir discrepancias
políticas entre gobiernos y sobre cuestiones políticas, pero el Estado de
Israel tiene todo el derecho de existir en seguridad y prosperidad”.
Francisco concluyó el encuentro con cálidas
bendiciones y buenos deseos para el Año Nuevo judío que comenzaba. “Shanah
tovah!”, exclamó en hebreo. “Que pueda el Eterno bendecir e iluminar nuestra
colaboración para que juntos podamos acoger y ejecutar cada vez mejor sus
proyectos, proyectos de paz y no de desgracia”, para “un porvenir de esperanza”
(Jr 29, 11)… “Quisiera, finalmente, invocar con ustedes y sobre todos la
bendición del Altísimo sobre el camino común de amistad y confianza que nos
espera. Que en su misericordia, el Omnipotente nos conceda a nosotros y al
mundo entero su paz. Shalom
alechem!”

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