Demasiada Prisa
“Si azul es el misterio más
profundo, azules son las almas.”
“La
vida no es un problema para ser resuelto,
es
un misterio para ser vivido.”
Horacio Varela Roca
https://elmorador.blogspot.com/2018/06/demasiada-prisa.html
El Rabí de
Berditshev, al ver a un hombre que andaba de prisa por la calle, sin mirar a
derecha ni a izquierda, le preguntó:
—¿Adónde
corres así?
A ganarme el
sustento— respondió el hombre.
—¿Cómo sabes
con certeza —replicó el Rabí— que tu sustento galopa delante de ti y que has de
perseguirlo a la carrera? ¿Quién sabe? Tal vez esté detrás de ti y sería más
conveniente esperarlo en lugar de huir de él como lo haces.
Acción
y quietud
El
nombre de la ciudad ucraniana Berditshev es una transliteración del ruso.
Hasta hace unos años contaba con 88.000 habitantes, de los cuales solamente mil
eran judíos. Pero en su larga historia de más de quinientos años, hubo épocas
en donde los judíos eran mayoría. En 1867 alcanzaron a ser el 80 % de la
población. Para aquellos años era un importante centro de jasidismo, tradición
a la que seguramente pertenece el cuento.
El
movimiento jasídico surgió en Europa oriental, en Bielorrusia y en Ucrania,
durante el siglo XVIII. Fue fundado por un místico judío que se lo llamaba Baal
Shem Tov, que significa el Maestro del
Divino Nombre. Había nacido en Ucrania en 1698, con el nombre de Israel ben
Eliezer y murió en 1760. El movimiento se dirigió a aquellos a quienes nadie
había hablado antes, de quienes nadie se había preocupado, a quienes nadie les
había prestado atención, pobres en lo material y en lo espiritual, pero ricos
en sentimientos. Lo que el Rabi Shem Tov decía era nuevo y refrescante, más
comprensible y tranquilizador.
Con
una actitud de auténtica piedad y amor, el jasidismo enseña que una chispa del
espíritu de Dios está dentro de todos los seres humanos y en todo lo creado. Se
puede adorar a Dios en diferentes formas: con el trabajo, con una sonrisa que
viene del corazón, con la oración y con el silencio, con las buenas acciones, y
especialmente con el espíritu alegre. Enseña también, que comiendo y bebiendo
se puede servir a Dios, y gozando de sus dádivas, uno puede elevarse hacia Él.
Con este trasfondo comprendemos que
el término sustento que usa el
rabino, puede tener varios sentidos. El primero refiere al alimento y las
necesidades básicas de las personas y su familia. Correr para lograr el
sustento diario es una imagen que manifiesta muy bien la situación del hombre
del cuento comparable a la de la mayoría de los contemporáneos. Por muchos
motivos complejos, la población en todo el mundo ha quedado sometida a tener
que correr detrás de un sustento que cada vez se siente más lejano.
El
maestro propone modificar esta actitud de correr hacia delante para mostrar que
hay otras cosas en la vida que dan sustento. Observando el origen del verbo sustentar, descubrimos que el
significado es sujetar desde abajo, soportar, aguantar. El sustento no es algo
que va por delante a toda carrera, sino que nos sostiene desde abajo, o como
decimos comúnmente, nos respalda, como una entidad que nos soporta desde atrás
y nos sujeta en la vida.
Lo
que viene detrás es para nosotros misterioso, pues miramos hacia adelante. Lo
que nos sigue por atrás no lo podemos ver salvo que nos demos vuelta. Es
desconocido, lo podemos sentir en sus efectos, confiando en su apoyo. Ya no
tenemos que correr, buscar con ansiedad, porque nuestro sustento auténtico está
por debajo de nosotros dándonos firmeza, y por detrás dándonos esperanza.
El
maestro enseña al hombre a percibir que el sustento depende del misterio que lo
fortalece en la vida, que lo alienta en medio de las dificultades, que le abre
el horizonte de serenidad y alegría que habita en la existencia. Quizás en
algunos momentos de la vida el ser humano tenga que esforzarse para ganar el
alimento diario, pero lo logrará si sabe reconocer el misterio que lo sostiene,
lo que se consigue, paradojalmente, con una inmensa quietud.

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