Shavuot
Iehuda Amijai
Mi padre era D’s y no lo supo.
Me entregó los Diez Mandamientos no con
truenos ni con furia, ni con fuego ni con nubes, sino con ternura y amor. Y
agregó caricias, y agregó lindas palabras, y agregó “por favor”. Y entonó
el “Zajor veshamor” en una sola melodía, y suplicó y lloró en silencio entre
cada uno de los Mandamientos, no pronunciarás el nombre de tu Dios en
vano, no pronunciarás, no en vano, por favor,
no levantes falso testimonio contra tu prójimo.Y me abrazó con fuerza y susurró
en mis oídos: no robarás, no cometerás adulterio, no matarás.Y colocó las
palmas de sus manos abiertas sobre mi cabeza como en el rezo de Kipur.Honra,
ama, para que se prolonguen tus días sobre la faz de la tierra.Y la voz de mi
padre era blanca como su cabello.Luego giró su cabeza hacia mí por última vez,
como en el día en que falleció entre mis brazos, y dijo: quiero agregar dos
mandamientos a los diez que ya hay:El número once, “no cambies” Y el número
doce, “cambia, cambia”.Así fue que me dijo mi padre y partió, y desapareció en
su singular lejanía.
De “Patuaj, sagur, patuaj”, Tel aviv,
1998.
Mañana estaremos recibiendo la Tora. Una Tora que es el corazón y el alma
del pueblo judío.Una Tora que es nuestro pasado, nuestro presente y nuestro
futuro.
Shabat Shalom veJag Shavuot
Sameaj!!!!!! שבת
שלום וחג שמח
Pentecostés
Mireia Bonilla - Ciudad del
Vaticano-
En
la Solemnidad de Pentecostés, celebrada en la Plaza de San Pedro en el
Vaticano, el Papa Francisco resaltó
las cualidades que nos otorga el Espíritu Santo, concebido como “la fuerza divina
que cambia el mundo”, una fuerza que, como «un viento que sopla fuertemente»,
“cambia la realidad” y sobre todo, “cambia los corazones”, expresó el Papa
durante su homilía en la Santa Misa, e invitó a invocar al Espíritu a nuestros
ambientes, antes de nuestras actividades. El Papa Francisco ,
centrando su reflexión en el pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles,
explica que los discípulos - que al principio estaban llenos de miedo,
atrincherados con las puertas cerradas también después de la resurrección del
Maestro - “son transformados por el Espíritu” y, como anuncia Jesús en el
Evangelio de hoy, “dan testimonio de él”. “De vacilantes pasan a ser valientes”
- afirmó el Papa – “porque el Espíritu cambió sus corazones. Pero
también es el “Espíritu” el que “libera los corazones cerrados
por el miedo y vence las resistencias” continuó Francisco ,
de modo que - a quien se conforma con medias tintas – “le ofrece ímpetus de
entrega”. También “ensancha los corazones estrechos”, “anima a servir a quien
se apoltrona en la comodidad”, “hace caminar al que se cree que ya ha llegado”
y “hace soñar al que cae en tibieza”.A veces necesitamos un cambio verdadero -
dijo el Papa - sobre todo “cuando estamos hundidos, cuando estamos cansados por
el peso de la vida, cuando nuestras debilidades nos oprimen, cuando avanzar es
difícil y amar parece imposible”. Y es en ese momento cuando el Espíritu actúa
como un “fuerte “reconstituyente”: “es él, la fuerza de Dios”, expresó el Santo
Padre, que “llega también a las situaciones más inimaginables”.


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