Enviada por
nuestra querida amiga, Diana Wang -
“Generaciones de la Shoá”
En el otoño de 1943, en plena Segunda Guerra
Mundial, cuando las tropas nazis invadieron Italia, rescataron a Mussolini y lo
pusieron al frente de un Gobierno títere del régimen de Hitler, Gino Bartali ya
era una figura del ciclismo. Acostumbrado a recorrer largas distancias durante
sus entrenamientos, nadie sospechó que la celebridad italiana pudiera ser una
importante pieza en el engranaje ideado por la resistencia para burlar los
controles de los alemanes.
Profundamente
católico, Bartali fue fichado para
la misión más importante de su vida por un cardenal, amigo de la familia.
Hizo de enlace y transportaba documentos y dinero que salvaron de la cámara de
gas a muchos de sus compatriotas de origen judío. En vida, disfrutó del
reconocimiento por sus logros deportivos pero no sería hasta 2010, cuando
comenzaron a conocerse sus peripecias para salvar la vida de los judíos
italianos. Se le hicieron homenajes que culminaron al ser nombrado días
pasados, en Jerusalén, Ciudadano Honorífico de Israel.
Escondía fotografías, pasaportes, dinero en su
preciada bicicleta, generalmente bajo el asiento, y los entregaba a otra
persona que, como él, operaba en la clandestinidad. Fue reconocido a título
póstumo Justo entre las Naciones por Yad Vashem, el Museo
del Holocausto Judío en Jerusalén.
Tras la muerte de Bartali en mayo de 2000, dos
periodistas italianos lograron que se hiciese público el testimonio de la
familia Goldenberg. Varios de sus miembros permanecieron escondidos en un
convento pero otros se ocultaron durante diez meses en un apartamento de
Florencia propiedad del ciclista. Un gesto por el que recibió el máximo honor
que otorga la institución hebrea a los no judíos que arriesgaron su vida para
salvarlos del Holocausto.
Al menos en 45 ocasiones recorrió los casi 200 kilómetros que
separan Florencia y Asís como correo para la resistencia, pero ni siquiera su
familia estaba al tanto de su activismo contra los nazis. Así lo reconocía su nieta, Gioia Bartali, en Jerusalén, durante el homenaje que le
rindieron en el Museo del Holocausto
y en el que recibió, en nombre de su abuelo, el certificado que reconoce al
campeón italiano como Ciudadano Honorífico de Israel.

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