lunes, 7 de mayo de 2018

HISTORIAS DE VIDA QUE NO DEBEN SER OLVIDADAS



Enviada por nuestra querida amiga, Diana Wang- “Generaciones de la Shoá”

En el otoño de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas nazis invadieron Italia, rescataron a Mussolini y lo pusieron al frente de un Gobierno títere del régimen de Hitler, Gino Bartali ya era una figura del ciclismo. Acostumbrado a recorrer largas distancias durante sus entrenamientos, nadie sospechó que la celebridad italiana pudiera ser una importante pieza en el engranaje ideado por la resistencia para burlar los controles de los alemanes.
Profundamente católico, Bartali fue fichado para la misión más importante de su vida por un cardenal, amigo de la familia. Hizo de enlace y transportaba documentos y dinero que salvaron de la cámara de gas a muchos de sus compatriotas de origen judío. En vida, disfrutó del reconocimiento por sus logros deportivos pero no sería hasta 2010, cuando comenzaron a conocerse sus peripecias para salvar la vida de los judíos italianos. Se le hicieron homenajes que culminaron al ser nombrado días pasados, en Jerusalén, Ciudadano Honorífico de Israel.
Escondía fotografías, pasaportes, dinero en su preciada bicicleta, generalmente bajo el asiento, y los entregaba a otra persona que, como él, operaba en la clandestinidad. Fue reconocido a título póstumo Justo entre las Naciones por Yad Vashem, el Museo del Holocausto Judío en Jerusalén.
Tras la muerte de Bartali en mayo de 2000, dos periodistas italianos lograron que se hiciese público el testimonio de la familia Goldenberg. Varios de sus miembros permanecieron escondidos en un convento pero otros se ocultaron durante diez meses en un apartamento de Florencia propiedad del ciclista. Un gesto por el que recibió el máximo honor que otorga la institución hebrea a los no judíos que arriesgaron su vida para salvarlos del Holocausto.
Al menos en 45 ocasiones recorrió los casi 200 kilómetros que separan Florencia y Asís como correo para la resistencia, pero ni siquiera su familia estaba al tanto de su activismo contra los nazis. Así lo reconocía su nieta, Gioia Bartali,  en Jerusalén, durante el homenaje que le rindieron en el Museo del Holocausto y en el que recibió, en nombre de su abuelo, el certificado que reconoce al campeón italiano como Ciudadano Honorífico de Israel.

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