Miercoles 22 Abr 2015 | 12:17 pm
Ciudad del Vaticano (AICA):
“Los acontecimientos de los
últimos tiempos hacen que muchos nos pregunten: ‘¿Hay todavía espacio para el diálogo
con los musulmanes?’ La respuesta es: sí, más que nunca”. Así comienza la
declaración publicada por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso.
Texto de la Declaración
“Los acontecimientos de los últimos tiempos hacen que muchos nos pregunten:
‘¿Hay todavía espacio para el diálogo con los musulmanes?’. La respuesta es:
sí, más que nunca.
En primer lugar, porque la gran mayoría de los musulmanes no se reconoce en
la barbarie a la que asistimos.
Por desgracia, hoy en día la palabra "religión" se asocia a
menudo con la palabra "violencia"; en cambio los creyentes deben
demostrar que las religiones están llamadas a ser portadoras de paz y no de
violencia.
Matar, invocando una religión, no es sólo una ofensa a Dios, sino también
una derrota para la humanidad.
El 9 de enero de 2006 el papa Benedicto XVI, dirigiéndose al Cuerpo
Diplomático y hablando sobre el peligro del choque de civilizaciones y, en
particular, del terrorismo organizado, afirmó: “Ninguna circunstancia puede
justificar esta actividad criminal, que llena de infamia a quien la realiza y
que es mucho más deplorable cuando se apoya en una religión, rebajando así la
pura verdad de Dios a la medida de la propia ceguera y perversión moral”.
Por desgracia, en los últimos días asistimos a una radicalización del
discurso comunitario y religioso, que lleva aparejado el riesgo de un aumento
del odio, de la violencia, del terrorismo y de la creciente y banal
estigmatización de los musulmanes y de su religión.
En este contexto, estamos llamados a fortalecer la hermandad y el diálogo.
Los creyentes constituyen un formidable potencial de paz, si creemos que el
hombre fue creado por Dios y que la humanidad es una sola familia y, más aún,
si consideramos, como cristianos, que Dios es Amor.
Seguir dialogando, incluso cuando se experimenta la persecución, puede
convertirse en signo de esperanza. No es que los creyentes quieran imponer su
visión de la persona y de la historia, sino proponer el respeto de las
diferencias, la libertad de pensamiento y de religión, la protección de la
dignidad humana y el amor a la verdad.
Debemos tener el coraje de replantearnos la calidad de la vida familiar,
los métodos de enseñanza de la religión y de la historia, el contenido de los
sermones en nuestros lugares de culto. Sobre todo la familia y la escuela son
las claves para que el mundo del futuro se base en el respeto mutuo y en la
fraternidad.
Uniendo nuestra voz a la del papa Francisco decimos: “Por tanto, la
violencia que busca una justificación religiosa merece la más enérgica condena,
porque el Todopoderoso es Dios de la vida y de la paz. El mundo espera de todos
aquellos que dicen adorarlo, que sean hombres y mujeres de paz, capaces de
vivir como hermanos y hermanas, no obstante la diversidad étnica, religiosa,
cultural o ideológica (discurso en Ankara, 28 de noviembre 2014)”.+

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