EXPOSICIÓN PRONUNCIADA EN LA PRE-CONFERENCIA
DEL DÍA LUNES 18 DE AGOSTO EN EL HOTEL ABASTO PLAZA, POR:
ANDREA HOJMAN, Lic. en Teología, con especialización en
Sagrada Escritura
Por la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad
Católica Argentina -UCA-
DIÁLOGO JUDEO
CRISTIANO EN LA ARGENTINA
Imágenes y escenas
del diálogo Judeocristiano en la
Argentina
Introducción
Presentar
un panorama del diálogo judeocristiano en la Argentina es una
pretensión algo desbordante, no sólo por su propia complejidad en cuanto a
actores, escenarios y a estilos se refiere, sino también por la parcialidad y
provisionalidad de la experiencia.
Lo que sí
me parece conveniente hacer es poner ante la vista y consideración de ustedes
una serie de imágenes, de cuadros o fotografías, de escenarios poblados,
históricamente situados, pero que -entiendo- tienen la capacidad de conducir y
hacer sospechar realidades más amplias. A la vez, estos cuadros tienen dentro
varias tensiones y contradicciones que se presentan como desafíos para seguir
andando este camino de pintar cuadros renovados para los nuevos escenarios.
El diálogo
JC en Argentina es un proceso de varias décadas y que ha sido y es llevado
adelante por personas y colectivos con distintos grados de institucionalización
y guiados por objetivos e intereses variados. Están las instituciones oficiales
(como las dependientes de diversas Iglesias cristianas evangélicas; de la Conferencia Episcopal
Argentina, de Iglesias locales católicas o de Congregaciones religiosas; de Seminarios
de formación rabínica, pastoral, bíblica o teológica). Están también las
instituciones laicales (como la B ’nai
B’rith).
Esto
sugiere que las actuales instituciones de cualquiera de nuestras tradiciones
entienden que el diálogo JC tiene que tener alguna canalización en sus
respectivas estructuras. En este panorama resalta con nitidez la originalidad
de la
Confraternidad Argentina Judeo Cristiana, por ser el único
colectivo que se constituye como tal por la participación de miembros de las
distintas tradiciones y cuya dinámica no depende de las prioridades
institucionales de cada una de ellas.
Pero
también existen muchas iniciativas, menos o nada institucionalizadas que, por
lo mismo, tienen algo de inasible y permanecen escondidas a nuestros ojos. Tal
vez, tengamos aquí un primer desafío (que luego retomaré).
1º imagen
La primera
imagen es casi un escenario, un telón de fondo, en el que se fueron conformando
las notas de la particularidad histórica del diálogo en nuestro país. Se trata
de una trama conformada por actores concretos actuando en su vida cotidiana y
dando lugar a lo que serían algunos hitos socio-históricos que hicieron de la Argentina un lugar peculiar
de encuentro entre judíos y cristianos.
Las distintas oleadas de migración judía
hacia la Argentina
fueron haciendo de nuestro país en general y de Buenos Aires en particular, un
territorio privilegiado de asentamiento. Ya en 1860 comienza a visibilizarse
una pequeña comunidad que constituyó la Congregación Israelita
de la República. Hacia finales del siglo XIX un contingente de judíos
proveniente de Europa del Este llegó huyendo de la pobreza y los pogroms.
Entre 1906 y 1912, la oleada inmigratoria se incrementó notablemente, sobre
todo con componentes ashkenazis y con un menor número de sefaradíes. Para 1920
vivían en Argentina más de 150.000 judíos.
La próxima afluencia importante se
registrará en la guerra-postguerra. Entre 1930 y 1949 la Argentina recibió 35.000
refugiados de guerra y perseguidos por motivos raciales. Pero estos fueron
también años de emigración, en los que partieron más de 45.000. Más tarde, con
la crisis económica y política de fin del siglo XX, muchos otros emigrarían
especialmente a Israel. Según estimaciones, en el año 2006 vivían en el país
250.000 judíos.
Llegados a estas tierras tradicionalmente
católicas encontraron diversos escenarios. Desde amplias posibilidades para
arraigarse, trabajar, vivir su fe y formar instituciones, pasando por los
prejuicios comunes hacia todos los migrantes, hasta la estigmatización y el
desprecio que propulsó numerosos actos de violencia antijudía. Esta última
situación se relaciona con un hecho particularmente grave: la existencia de una
matriz católica argentina antijudía conformada por imágenes, ideas,
sensibilidades y actitudes, transmitida a través de vínculos e instituciones
como parte del patrimonio cultural, que alternó entre períodos de latencia y de
irrupción en determinadas coyunturas socio-políticas.
Durante los años del terrorismo de Estado
(1976-1983), la prédica antijudía, ya conocida desde los años ’20, se reeditaba
con nuevas expresiones. La persecución y desaparición de judíos por el sólo
hecho de serlo, derivó en una marcada sobrerrepresentación entre los
detenidos-desaparecidos, en relación al total de la población judía en el país.
Testimonios convergentes señalan que muchas veces la violencia verbal y física
estuvo directa y explícitamente ligada a la “defensa” de la identidad cristiana
y la tradición católica argentina. Se pretendía “preservar” a la nación católica
libre del enemigo y la “peste” de los judíos. Era frecuente que durante las
torturas se asociara simbólicamente la cruz y la esvástica, que se escucharan
viejos y nuevos slogans antijudíos, llenando una vez más tanto los muros
como los discursos.
2º imagen
Este mismo clima, tan bestial como
desafiante, provocó la inquietud de personas y grupos, despertando, aun entre
temores, respuestas audaces. Bajo la inspiración del concilio vaticano II, comenzaron
a aunarse voces y a nuclearse acciones buscando trazar caminos verdaderamente
nuevos. Con este impulso surgió el Grupo Encuentro que, entre 1976 y 1988, buscó tender puentes de
conocimiento recíproco y potenciar la
acción común. Los rabinos Rubén Nisemboim, Marshall Meyer, León Klenicki, la Hna. Alda (de Ntra. Sra.
de Sión) y el presbítero Andrè Bacqué estuvieron entre sus principales
referentes. Las motivaciones que aunaron al grupo
apuntaban a distintos niveles del diálogo judeocristiano: la promoción del
respeto y el conocimiento mutuo, la liberación de caricaturas y la lucha contra
la discriminación; la acción social conjunta; las experiencias de oración y
participación en la vida litúrgica de ambas comunidades; la reflexión sobre la
fe, las Escrituras y la figura de Jesús de Nazaret.
Con estos antecedentes, con el padrinazgo
de la Congregación
de las Hermanas de Nuestra Señora de Sión, la B'nai B'rith
Argentina y el Seminario Rabínico Latinoamericano se fundó la Confraternidad
Argentina Judeo Cristiana. Su primera asamblea general se
efectuó en el Seminario Rabínico Latinoamericano el día 16 de mayo de 1995,
constituyéndose como una Asociación Civil sin fines de lucro. Desde ese momento hasta el día de hoy la presidencia y la comisión
directiva estuvo integrada por judíos y cristianos de distintas denominaciones.
3º imagen: Educación en el diálogo y diálogo teológico
Una de las
imágenes preponderantes en el transcurso de estos años hasta el día de hoy son
las reuniones para la formación en el diálogo. La convicción de que las
enemistades y desencuentros tienen su raíz en el desconocimiento del otro llevó
a impulsar diversas iniciativas para fomentar la educación en el diálogo.
Estas
iniciativas involucran un amplio abanico que comprende: talleres en colegios
secundarios y con grupos de adolescentes y jóvenes; formación de formadores
(como los encuentros de jóvenes estudiantes de teología judía y cristiana; o la
inauguración de una materia sobre el diálogo juedeocristiano como espacio
curricular en instituciones educativas de teología en el nivel superior y
universitario); conferencias y talleres sobre distintos temas (sólo para
mostrar su diversidad: el Jesús Judío; relaciones judeocristianas en los
primeros siglos de la era común; los ritos de iniciación del Bautismo y la Circuncisión ; la
teología de Pesaj y Pascua; la cuestión del Mal; las concepciones sobre
bioética; la discriminación; la religiosidad popular; el compromiso político de
los creyentes).
Un hito
significativo fue la organización del I Simposio Internacional de teología
cristiana celebrado
en Buenos Aires, entre los días 15 y 17 de mayo de 2006. La temática abordada
fue: “El Holocausto-Shoá. Sus efectos en la teología y la vida cristiana en
Argentina y América Latina”.
4º imagen: Liturgias en diálogo
En el
ámbito de la espiritualidad y la ritualidad se realizan encuentros de oración con los
Salmos, jornadas interreligiosas de oración por la paz, conmemoraciones en el
aniversario de la Kristallnacht o Novemberpogrome. Se propicia la participación de cristianos en las celebraciones litúrgicas
judías y viceversa, como un modo de diálogo vital y activo.
La comprensión del lugar litúrgico y
celebrativo como un espacio privilegiado para acercarnos, conocernos, celebrar
la vida del otro y enaltecer la cooperación mutua.
5º imagen: Diálogo en la vida política
Algunas
iniciativas conforman este cuadro, tales como la participación en la Mesa de Diálogo
Argentino, una experiencia surgida en el año 2001, en el escenario de la
tremenda crisis que resultó de décadas de neoliberalismo en la Argentina , en la que se
convocó al diálogo a los diversos actores sociales.
Complementan
esta imagen un sinfín de pronunciamientos ante diversas coyunturas sociales,
políticas y religiosas. Y la participación en actos de conmemoración de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA.
6º imagen: Hacia un foro de confraternidades
latinoamericanas
Diversas instituciones dedicadas al
diálogo en distintos países de América Latina vienen tejiendo lazos fraternos,
se comparten estrategias y acentuaciones propias de cada realidad, lo que
permite aprender unos de otros en la diversidad. Así puede describirse el
encuentro que tuvo lugar en la ciudad de Montevideo en diciembre de 2009.
Imágenes aun por dibujar
Todas estas imágenes no son estáticas y
no están exentas de importantes tensiones. Creo que justamente en estas
tensiones radican algunos desafíos para el futuro, como imágenes que esperan
ser dibujadas o matices de color y movimiento que los contextos actuales nos
reclaman. Las presento a modo de sugerencias o provocaciones…
1
Ante todo, se trata de buscar caminos
para posibilitar que esta propuesta de diálogo pueda llegar capilarmente a los
miembros de las comunidades y a las personas interesadas, evitando quedar
encerrados en círculos excesivamente estrechos, entre los representantes o
ministros de cada familia religiosa (clérigos, rabinos, pastores), o en
acciones demasiado formales-diplomáticas.
El ámbito de la predicación y la
catequesis, la revisión de planes y materiales educativos, las iniciativas
laicales, el ahondamiento en la formación de formadores serían algunos de los
caminos privilegiados para este objetivo.
Permítanme un ejemplo: es evidente que un
diálogo institucional puede ser muy fecundo. Basta mencionar la presencia de
rabinos y colectivos judíos argentinos en importantes iniciativas
internacionales a partir del nombramiento del card. Bergoglio en el
Pontificado. Sin embargo, esto también puede conllevar limitaciones. Los
entendimientos entre dirigentes necesitan de mediaciones para poder expandir el
influjo del diálogo a sectores más amplios y menos especializados. Los éxitos
logrados en lo primero pueden ser efímeros si no cuentan con continuidad en
otros planos y escalas.
2
En segundo lugar, enfrentamos la cuestión
de la trasmisión y cambio generacional. La sintonía con los jóvenes y sus
peculiares acercamientos a las cuestiones religiosas e interreligiosas
necesitará abordajes y actitudes que no pueden ser simple repetición de las que
impulsaron a los pioneros ni a los actuales involucrados. Esto requiere
amplitud y coraje para dejar a la creatividad y a los intereses de los propios
jóvenes el diseño, la organización, la implementación y la evaluación de sus
propias iniciativas. Seguramente, implicará la inclusión de nuevos
protagonistas y la modificación de muchos criterios, actividades y estilos.
3
En tercer lugar, en las imágenes
presentadas deberíamos poder ver, también, las heterogeneidades al interior de
cada una de nuestras comunidades. Las convocatorias podrían incluir a
colectivos menos convocados hasta el momento: otras iglesias cristianas, otras
congregaciones religiosas católicas, otras instituciones y agrupaciones del
judaísmo… Es decir, entiendo que nos enfrentamos al desafío de pasar de hablar
“del diálogo en Argentina” a “los diálogos”, como distintas iniciativas y
espacios, contemporáneos, superpuestos y en mutua colaboración, con diversas
formas y estilos, según sean los actores involucrados.
Otro aspecto de estas heterogeneidades
internas es que, frecuentemente, dan lugar a ciertas luchas por la legitimidad.
Se plantea la cuestión de la interpretación en torno a qué instituciones o qué
personas reúnen el liderazgo moral o intelectual necesario y son vistas, por
ende, como más capacitadas, o con mayor “derecho” a dialogar o a representar a
los colectivos que integran.
4
En cuarto lugar, nos desafían los nuevos
fundamentalismos religiosos. Los prejuicios y los obstáculos más duros aparecen
a veces, precisamente, en el interior de nuestras comunidades; al tiempo que se
tejen transversalmente alianzas entre los sectores más conservadores de cada
una de ellas. Las identidades ya no se juegan en los tradicionales binomios
“judíos-cristianos”, sino entre “grupos fundamentalistas
cristianos-fundamentalistas judíos” o “dialogistas cristianos-dialogistas
judíos”. Esto es tan complejo e inédito que, frecuentemente, nos es más fácil
dialogar y tenemos más puntos de encuentro entre un cristiano con un judío, que
un cristiano con otro cristiano/un judío con otro judío… Esto me lleva a
preguntar: cuál es el diálogo que reclama el momento presente? qué puentes
nuevos es preciso trazar? qué puentes son imposibles de trazar?
5
Un ulterior desafío es el de abrir
espacio a un diálogo sincero y respetuoso en lo referente a la cuestión
política de Israel-Palestina, de lamentable dramatismo en estos días. Este nivel
del diálogo requiere que los participantes adquiramos una clara conciencia de
la distinción entre “pueblos”, “estados” y “gobiernos”. Sólo esta distinción
podrá ayudarnos a responder, por un lado, a nuevos rebrotes de antijudaísmo y,
por el otro, a habilitar un espacio de debate frente a la actual coyuntura de
política militar en el Medio Oriente. Nuestra existencia en un mundo cada vez
más interdependiente y complejo reclama, no sólo una palabra por la paz, sino
también una comprensión más lúcida de la realidad y -por qué no- alguna acción
concreta.
Muchas gracias.
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