Pbro. Tony Fidalgo, CSsR, desde
Roma
En este tiempo nos preparamos para la Navidad. Vamos
armando pesebres o Belenes, esperamos con alegría y expectativa. Cierta alegría
casi ingenua que no está del todo mal. Pero no hemos de olvidar que el
verdadero acontecimiento del cual hacemos memoria
tuvo otro contenido, que puede escapársenos y que no sería justo. Allá en la
pequeña e insignificante Belén (ciudad del pan) la novedad de la vida
compartida (porque el pan compartido sabe mejor) se manifestaba en toda su
sencillez y parquedad porque venía a aportar una novedad liberadora, desde los
pobres para toda la historia. Novedad que alcanzó hasta el cielo, donde ángeles
y estrellas se sumaron a tan inédita alegría.
Dados los últimos acontecimientos en nuestro país,
y pudiendo (si nos da el alma…) ampliar el horizonte y ver alrededor nuestro
las agonías pendientes de nuestra historia, en cada rincón de nuestro querido y
dolido planeta, no podremos no darle algo más de seriedad a este tiempo, sin perder
la alegría. En esta historia se puede celebrar sin alienarse sin perder el
compromiso con la realidad que clama. Ambas cosas van juntas. La Palabra de Dios nos
recuerda, para que no nos perdamos en estériles diatribas de un lado y del
otro, en la mirada política y religiosa de la realidad, que la fuerza del Padre
de Jesús no es el castigo que esclaviza por el miedo, ni creerse que se está
del lado mejor de la verdad histórica, del bando “correcto”, ni nada que se le
parezca, pues siempre esa postura olerá a terror, a imposición ilustrada o
pragmática (“impostura”), que lo mismo da. Lo que nos trae Jesús, guste o no,
es la fuerza del amor, infinitamente eficaz si es aceptado, pero del todo
inútil si se rechaza, porque es una realidad que lo revoluciona todo y a
todos/as. Lo revoluciona porque descentra, libera de egoísmos individualistas y
partidistas. Invita a una transformación de la consciencia, más amplia, más
libre y no por ello menos comprometida… es animarse a morir a los viejos modos
de hacer profecía, como el bautista, buen precursor, pero basta, se terminó, a
partir de ahora la historia se entreteje sin odios ni castigos esta es nuestra
eu-topía (Casaldáliga), nuestra buena nueva…. ¿esto esperamos? ¿este camino
queremos vivir? ¿o esperamos otro? ¿preferimos otros?.... buen adviento, que
aún nos queda mucho por andar en la búsqueda de un mundo nuevo bajo el sol…
volver a empezar…

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