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CAJC
El Papa, el sínodo y un documento que activó una verdadera bomba
https://www.infobae.com/opinion/2019/08/21/el-papa-el-sinodo-y-un-documento-que-activo-una-verdadera-bomba/
Por
Roberto Bosca, 21 de agosto de 2019
“El sínodo especial convocado por el papa Francisco
para octubre ya tiene su instrumentum
laboris, y con él empieza a
vislumbrarse una nueva tensión en la Iglesia católica. Como el anterior sínodo de la familia, parece que
el nuevo también promete incluir un cierto clima litigioso, esta vez centrado
en tres cuestiones: la situación de los pueblos originarios, la ecología y la
ordenación de hombres casados.
Se trata del texto base que servirá para la reflexión de la
asamblea episcopal con el objetivo fijado por el mismo Pontífice de trazar un
plan pastoral para la evangelización de la región amazónica.
Se advierte en este documento la impronta francisquista que
concibe una unión inescindible entre lo temporal y lo espiritual, por la cual
queda claro que si bien el cristianismo desacralizó la concepción mágica propia
de las culturas religiosas del mundo antiguo, hay un algo divino que en todas
las cosas nos habla de una realidad que las trasciende.
Curiosamente el Papa está siendo bombardeado de manera
simultánea por dos sensibilidades opuestas, especialmente dentro de la misma
Iglesia católica, de tal modo que recibe
críticas tanto por parte de los que le reprochan una injerencia indebida en
cuestiones temporales, como por los que en un sentido inverso le acusan de
introducir un giro antropológico de carácter inmanente que subvierte el mensaje
cristiano, despojándolo de toda significación genuinamente
sobrenatural.
Especialmente dolorosas resultan estas actitudes
intemperantes cuando se tiene en cuenta que el primer deber de vivir la caridad
para un fiel cristiano comienza por sus hermanos en la fe, pero es precisamente
la caridad la que se invoca para justificarlas de una manera falaz.
Lo cierto es que la última apuesta papal podría
previsiblemente llegar a suscitar, una vez más, nuevas caras largas en los
espíritus más aferrados a las formas tradicionales, presente incluso hasta en
algunos cardenales, que ven en Francisco un virtual hereje.
Es la contradicción de un viejo vicio alimentado por la
soberbia y no exento de un cierto pintoresquismo. Son los que se sienten con
las ínfulas necesarias como para enseñar al Papa lo que hay que decir y lo que
hay que hacer y, para usar una antigua caracterización popular, ser más
papistas que el Papa.
Hay que reconocer que es difícil encontrar, sobre todo
entre los últimos pontificados, un grado de virulencia más alto que el que
caracteriza a los ataques a Jorge Mario Bergoglio, pero no es extraño que esto
ocurra. En efecto, la
radicalidad de los planteos bergoglianos no se anda con chiquitas y toman al
toro por las astas despertando notorias incomodidades.
De otra parte, las cosas nuevas siempre suscitan un lógico
resquemor, ante la incertidumbre de un cambio hacia el futuro. Muchas veces no
es percibido el sentido de ese cambio, porque falta una mirada profética o
profunda, y se lo interpreta torcida y equivocadamente, negando al Papa su
derecho a construir un camino propio, que no guarda necesariamente una
identidad con el pasado.
Michel Quoist, un autor espiritual de mediados del siglo
pasado, consignó en un libro considerado un bestseller en su género, que el Evangelio, predicado en su
totalidad, solo admite tres respuestas: entusiasmo, espanto o escándalo.
El Papa puede certificar este aserto en carne propia, que también han
experimentado los cristianos coherentes y sobre todo los mártires a lo largo de
la historia.
No es que en ese magno teatro geopolítico americano falten
problemas, de ahí la atención que él suscita en un pontificado que parece
caracterizarse por no hacerle ascos a ningún asunto difícil, por más espinoso
que este sea, aun cuando fuera también alto el precio que tenga que pagar.
Dicho sin eufemismos, se trata una zona que en pleno siglo
XXI aún recuerda el Far West norteamericano del siglo XIX, caracterizado por
"la ley del revólver", con sus indígenas resistentes, sus latrocinios
y sus mercachifles y aventureros de todo tipo señoreando sobre una tierra de
nadie. Ella abarca el escenario boscoso más extenso del planeta, pero la
deforestación amenaza su futuro, con previsibles consecuencias.
Hay que reconocer que el destino de los pueblos
originarios, tanto espiritual como temporal, durante la pasada centuria, y
después de las misiones salesianas en la Patagonia, no ha ocupado demasiado
espacio en las preocupaciones de la pastoral católica. En todo caso, lo ha sido
en un grado notoriamente inferior a las confesiones protestantes, que en los
últimos tiempos le han sacado una clara ventaja.
Esto no significa que la Iglesia se haya desinteresado por
completo de la evangelización, solo que Francisco ha puesto su mirada netamente
evangélica una vez mas en los pequeños y débiles -los ha colocado en el centro
de la escena-, pero ese movimiento ha sido interpretado no sin un cierto
simplismo y una ausencia de criterio sobrenatural (con una visión de tejas
abajo, para decirlo en castizo) como una jugada política.
De otra parte, el
nuevo sínodo constituye un paso hacia la consolidación de una superación del
eurocentrismo romano y a una mejor visibilización de las periferias, donde se
dirige la mirada paternal de Francisco.
Lo cierto es que el Papa no la tiene fácil, porque a los
problemas que son propios de la situación actual de la Iglesia, que ya son
bastantes, debe agregar los que le suscita la pesada mochila de la nostalgia
conservadora, sujeta a un acendrado rigorismo y prisionera de la falsa ilusión
de un pasado idealizado.
La fundación "Populorum Progressio", por ejemplo,
asigna una suma del orden del millón de dólares todos los años a proyectos
sociales destinados a la región amazónica, pero esto no parece ser suficiente.
La encíclica que con ese nombre escribió Pablo VI en el año 1967 constituyó un
vibrante y angustioso llamado a la anestesiada conciencia de los ricos,
mediante el cual el papa Montini reclamó una mayor atención a la suerte de los
pueblos pobres. Entre ellos en primer lugar se encuentran las naciones
latinoamericanas, que cuentan con una considerable población indígena y donde
se concentra el mayor número de católicos, que constituyen una porción
gravitante en la Iglesia cara al futuro.
En una curiosa cláusula -que recuerda al sentido misional
de la corona española, propio del régimen de cristiandad- la Constitución
nacional estableció durante casi un siglo y medio y hasta la reforma de 1994
que el Congreso tenía como función promover la conversión de los indios al
catolicismo. Pero este mandato fue en general bastante desatendido, tanto en la
Iglesia local como en el Estado argentino, contrariamente a lo que había
sucedido durante el periodo colonial. Sin embargo, no es menos cierto que, a
pesar de las visibles resistencias de los ambientes más tradicionalistas, la
temática ha ido ganando un creciente terreno en el actual pontificado.
Hay que reconocer que el Papa no hace ni dice en realidad
nada nuevo. El documento
sinodal, que no trata cuestiones dogmáticas sino de naturaleza
práctica y por así decir organizativa, y formula criterios relativos a una más
profunda vivencia de la fe religiosa,
refleja fielmente la sensibilidad definida en las declaraciones del episcopado
latinoamericano a lo largo del último medio siglo que ha hecho propia Francisco
durante más de un lustro transcurrido en su pontificado.
En ambos, los obispos y su cabeza, está presente el
espíritu de Evangelii
Nuntiandi, la célebre exhortación del mismo Pablo VI, que abrió un
nuevo camino y es considerado por el actual Papa el instrumento pastoral más
importante en la historia de la Iglesia contemporánea en esta materia.
La exhortación
Evangelii Gaudium que puede considerarse la carta programática del
pontífice argentino, encuentra una nítida e inconfundible referencia en la
exhortación del papa Montini, puesto que se inspira y se presenta como una
continuación de ella. Cuando fue elegido Jorge Mario Bergoglio, Loris
Capovilla, el secretario de Juan XXIII exclamó: "¡E tornato el Papa
Giovanni!". Sin embargo, la realidad muestra que es Pablo VI quien también
refleja su impronta nítidamente en Francisco.
Además de promover las vocaciones autóctonas, y teniendo en
cuenta las peculiares condiciones de algunos lugares de Brasil, Bolivia, Perú,
Ecuador, Colombia, Venezuela, Guayana, Suriname y Guayana Francesa, que son los
países que conforman la Amazonía, el
documento activa una verdadera bomba cuyo estruendo se hará sentir en los
próximos meses.
No se trata de algo general, pero el texto sugiere en uno
de sus párrafos, y casi como al pasar, la
ordenación de hombres casados para atender las necesidades especiales de los
pueblos situados en condiciones determinadas.
La verdad es que no se propone ningún cambio dogmático,
puesto que el celibato no
es un artículo de fe y lo prueba el hecho de que el primer papa fue un hombre
casado, sino de estudiar la posibilidad de otorgar a las
conferencias episcopales facultades para proporcionar soluciones adecuadas a su
propio entorno. Fue un tema del cual se ha venido hablando en la Iglesia
(aunque no de una manera oficial) ya desde el Concilio Vaticano II y el mismo Papa Francisco ha sugerido
estudiar esa misma posibilidad, amén de algunos obispos de la región también lo
han pedido.
Doctrinalmente no hay obstáculos para la ordenación de los
"viri probati" (varones de una consolidada vida cristiana) con
carácter excepcional y atendiendo a las peculiares condiciones que pueden
exigir medidas extraordinarias, pero en todo caso ha de quedar clara la
excelencia de la vida célibe como un don divino que a través de un corazón
indiviso refleja la gratuidad absoluta del amor en toda su plenitud.
Sin embargo, el instrumentum
laboris otorga mucha mayor importancia a otros temas como la
necesidad de procurar una mejor atención a la situación de los pueblos
originarios, cuyos derechos se ven conculcados por los intereses dominantes.
El documento reclama para ellos (y lo hace vigorosa y
reiteradamente) con toda justicia un "buen vivir" que consiste en una
armonía consigo mismo, con la naturaleza, con los seres humanos y con el ser
supremo, asegurándoles el acceso a una vida plena. Ciertas expresiones como la
"Madre Tierra" que el texto utiliza, van a provocar inevitablemente
algunas críticas de sincretismo, aun cuando ellas responden a otra cuestión muy
diversa que es la inculturación de la fe.
Pero
la mayor parte del contenido está centrado en la temática ambiental
y tiene su antecedente inmediato en la encíclica Laudato Si, en la que Francisco formuló la necesidad
de una ecología integral, tomando una categoría conceptual de Jacques Maritain
oficializada por el papa Pablo VI en Populorum
Progressio.
Según el instrumentum,
en la Amazonía la vida
está inserta, ligada e integrada al territorio, que como espacio físico vital y
nutricio, es su posibilidad, su sustento y su límite. No es
solo un ubi (un espacio geográfico), especifica el texto sinodal, sino que
también es un quid, es decir, un lugar de sentido para la fe o la experiencia
de Dios en la historia, y movido por ese mismo amor es que Francisco se ha
propuesto hacer que esa propuesta se convierta en una viva realidad.”
El autor es director académico del Instituto de
Cultura del Centro Universitario de Estudios (Cudes).

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