Por el rabino Marcelo Polakoff
Tiene un tinte de increíble y
de lamentable a la vez.
Pensaba en estos días que a nuestro planeta le lleva tan sólo veinticuatro horas girar en su totalidad sobre sí mismo, y que lo viene haciendo cotidianamente desde hace millones de años. Y también me daba cuenta de que en escasos veinticuatro meses todos los terrícolas damos inexorablemente dos veces una vuelta completa alrededor del sol.
Estos cálculos un tanto obvios -y hasta ridículos- no están en absoluto descontextualizados. De hecho, vinieron a mí por un solo motivo y es porque hoy estamos exactamente a veinticuatro horas de cumplirse 24 años del atentado a la AMIA en Buenos Aires, el 18 de julio de 1994.
Y es bastante clara la metáfora…A pesar de semejante cantidad de tiempo no tenemos justicia, los muertos muertos están y sus asesinos circulan impunes, vaya a saberse por dónde.
Las razones de esta carencia lacerante son múltiples, pero pueden ser resumidas a la misma luz (o sombra) de esta astronómica alegoría. Tenemos demasiadas vueltas, y podría hasta asegurar que también contamos con demasiados vueltos.
Más allá de la dificultad para investigar estos actos atroces, y de la (por suerte) poca experiencia que nuestro país posee en este campo, hemos sido testigos de las infinitas idas y vueltas -más vueltas, por supuesto- de una causa que ya empezó malparida cuando allá lejos en el principio del tiempo de este expediente, el inefable Galeano (me cuesta llamarlo “juez”) le anticipó a un tal Menem (confieso que también me cuesta llamarlo “presidente”) que todos “nos caeríamos del espaldas” cuando supiésemos los datos que traía de Venezuela…
Pues henos aquí, caídos varias veces y aún sin levantarnos del todo, gracias a tantas vueltas, pero también a tantos vueltos de los que justamente ni estos dos personajes -ni muchos otros- han quedado desvinculados.
En la tradición judía la palabra “vuelta” se denomina “teshuvá”, y como casi todo vocablo hebreo, esta palabra es polisémica, vale decir que porta simultáneamente varios sentidos. Significa a la vez “arrepentimiento” y “respuesta”.
Ojalá que como argentinos -y especialmente en torno a la justicia- vayamos aprendiendo a dejar ese tipo de vueltas (y vueltos) que nos hacen atrasar tanto, para que se vengan pronto los tiempos de los necesarios arrepentimientos y de las imprescindibles respuestas.
Pensaba en estos días que a nuestro planeta le lleva tan sólo veinticuatro horas girar en su totalidad sobre sí mismo, y que lo viene haciendo cotidianamente desde hace millones de años. Y también me daba cuenta de que en escasos veinticuatro meses todos los terrícolas damos inexorablemente dos veces una vuelta completa alrededor del sol.
Estos cálculos un tanto obvios -y hasta ridículos- no están en absoluto descontextualizados. De hecho, vinieron a mí por un solo motivo y es porque hoy estamos exactamente a veinticuatro horas de cumplirse 24 años del atentado a la AMIA en Buenos Aires, el 18 de julio de 1994.
Y es bastante clara la metáfora…A pesar de semejante cantidad de tiempo no tenemos justicia, los muertos muertos están y sus asesinos circulan impunes, vaya a saberse por dónde.
Las razones de esta carencia lacerante son múltiples, pero pueden ser resumidas a la misma luz (o sombra) de esta astronómica alegoría. Tenemos demasiadas vueltas, y podría hasta asegurar que también contamos con demasiados vueltos.
Más allá de la dificultad para investigar estos actos atroces, y de la (por suerte) poca experiencia que nuestro país posee en este campo, hemos sido testigos de las infinitas idas y vueltas -más vueltas, por supuesto- de una causa que ya empezó malparida cuando allá lejos en el principio del tiempo de este expediente, el inefable Galeano (me cuesta llamarlo “juez”) le anticipó a un tal Menem (confieso que también me cuesta llamarlo “presidente”) que todos “nos caeríamos del espaldas” cuando supiésemos los datos que traía de Venezuela…
Pues henos aquí, caídos varias veces y aún sin levantarnos del todo, gracias a tantas vueltas, pero también a tantos vueltos de los que justamente ni estos dos personajes -ni muchos otros- han quedado desvinculados.
En la tradición judía la palabra “vuelta” se denomina “teshuvá”, y como casi todo vocablo hebreo, esta palabra es polisémica, vale decir que porta simultáneamente varios sentidos. Significa a la vez “arrepentimiento” y “respuesta”.
Ojalá que como argentinos -y especialmente en torno a la justicia- vayamos aprendiendo a dejar ese tipo de vueltas (y vueltos) que nos hacen atrasar tanto, para que se vengan pronto los tiempos de los necesarios arrepentimientos y de las imprescindibles respuestas.

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