En Valores Religiosos
online – 24 de noviembre de 2015
Por: P. Ignacio Pérez del
Viso, SJ
Nuestro superior general, el jesuita Adolfo Nicolás, visitó hace
un mes varios países de África, como un anticipo del viaje del papa Francisco a
ese continente, animados ambos por el mismo carisma de Ignacio de Loyola. A los
sudaneses, el P. Nicolás los animó a redescubrir que el compartir cultural y el
vivir en paz y armonía, están en la base de toda sociedad. En Uganda dijo que
capacitamos a nuestros alumnos para ser excelentes ciudadanos, que sepan
ayudarse unos a otros. En Tanzania manifestó que si la escuela es
inter-religiosa, tanto mejor. Allí, en los colegios jesuitas, la mayoría de los
alumnos y profesores pertenecen a diferentes religiones. Y plantó un árbol como
símbolo de la esperanza compartida.
El superior general se apartó del
esquema tradicional, el de enviar “misioneros” a esos países para convertir a
los de otras religiones. Dijo: “A mí me causa una gran admiración el hecho de
que cada cultura tiene su propia sabiduría. Nosotros necesitamos las
sabidurías, las sabidurías en plural, del
mundo para hacer nuestra vida y nuestro mundo un poco más habitable, un poco
más humano”. Ya en la encíclica Fides et ratio, Juan Pablo II hablaba de una
“sabiduría universal” que se manifiesta en todas las culturas, como en los
antiguos libros de los Vedas, de la India. Esta afirmación no significa que
todas las religiones sean iguales sino que los creyentes de todas las
religiones poseen la misma dignidad de hijos de Dios, la misma libertad para
practicar sus creencias, la misma posibilidad de enriquecer a la humanidad con
su sabiduría particular.
El padre general, que pasó casi toda su vida en Japón y en otros
países de Asia, afirmó: “Yo creo que se debería llegar a decir que el trabajo
principal de los misioneros no es hacer conversos, no es necesariamente
aumentar el número de cristianos, sino aprender de la sabiduría de otras
tradiciones, -el Islam, el budismo o el sintoísmo o cualesquiera otras-, e
incorporarlas al núcleo de la Iglesia. Necesitamos una nueva teología de la
misión. Necesitamos integrar la sabiduría de otras tradiciones, y por eso una
comunidad donde hay cristianos, musulmanes y budistas, etc., es una comunidad
muy sabia. El extraer lo mejor de cada uno es contribuir al bien de todos”.
Los tradicionales misioneros cristianos van hoy a otros países,
algunos de cultura muy desarrollada como la de Japón, para aprender la
sabiduría de esos pueblos. Pero no pueden dejar de hablar con entusiasmo de su
propia fe, lo que da pie a que algunos deseen compartirla y acompañarlos. Sin
embargo, evitan toda forma de proselitismo. Como dice el padre general, “cuanto
más internacionales lleguemos a ser, tanto más universales somos y tanto más
capaces de contribuir al crecimiento de los demás”. A los novicios los exhortó
a “reconocer que la sabiduría no les pertenece en exclusiva, sino que es
patrimonio de toda la humanidad”.

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