La lluvia comienza a ceder y
el cielo plomizo cae inexorable sobre las superficies anegadas de nuestro territorio.
Miles de personas evacuadas,
comienzan el lento peregrinar hacia sus viviendas, húmedas, frías , mohosas que
hasta hace unos días fueron sus hogares
y hoy la desolación solo ha dejado dolor y desconsuelo.
Que cada uno de quienes hemos
sido ajenos a esta terrible catástrofe, sintamos como propio el dolor de cada
hermano sufriente y en la medida de nuestras posibilidades ayudemos de alguna
manera, comprometida y firme para superar estos momentos difíciles mediante la Fe y la Esperanza solidadaria.

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