La transformación de las relaciones entre católicos y judíos
en los últimos 50 años ha tenido tanto éxito que pocos hoy – ni los católicos
ni los judíos – saben mucho acerca de Nostra Aetate (“En Nuestro Tiempo“), el
documento histórico que inauguró históricos cambios en las relaciones de la
Iglesia Católica con otras religiones y cuyo 50 aniversario conmemoramos este
año.
Oficialmente titulada Declaración sobre las relaciones de la
Iglesia con las religiones no cristianas, Nostra Aetate abrió la puerta a los
católicos a lo que es “verdadero y santo” en otras religiones, extendiendo una
mano al hinduismo, el budismo y el Islam, así como al judaísmo.
La Sección de la declaración que trata sobre el judaísmo, de
600 palabras – aproximadamente un tercio del documento – rechaza la acusación,
durante tanto tiempo lanzada contra el colectivo del pueblo judío, de que los
judíos son culpables de matar a Cristo. También prohíbe enseñanzas en las que
los judíos son vistos como malditos, condena el antisemitismo, afirma las
raíces judías del cristianismo y valida el pacto eterno de Dios con el pueblo
judío.
Celebrando “el patrimonio espiritual común a cristianos y
judíos”, Nostra Aetate recomienda “la comprensión y el respeto mutuo”, que es
el fruto del “diálogo fraterno”.
Así Nostra Aetate invirtió casi dos milenios de la enemistad
cristiana hacia los judíos y el judaísmo que habían conducido a la violencia y
la muerte, con un pico trágico en el Holocausto. Pero ¿qué ha cambiado después
de tantos siglos? ¿Cómo sucedió Nostra Aetate?
Fue una confluencia de eventos y personalidades clave. El
Papa Juan XXIII (1958-1963), quien como diplomático del Vaticano estuvo
personalmente involucrado en salvar decenas de judíos durante el Holocausto,
llevó a la iglesia a un período de auto-reflexión que reveló el grado de
culpabilidad cristiana en el genocidio. El Cardenal Agustín Bea, que fue
nombrado por el Papa para guiar el proceso, pasó años tratando los complejos y
cambiantes matices de la política del Vaticano en la redacción de ese documento
extraordinario.
Juan XXIII no vivió para ver el resultado final. Su sucesor,
el Papa Pablo VI (1963-1978), promulgó el Nostra Aetate del Concilio Vaticano
Segundo el 28 de octubre de 1965.
Dando vida a la teoría, la iglesia emitió directrices y
materiales educativos para la aplicación práctica de Nostra Aetate. Comenzando
con Juan Pablo II (1978-2005), los papas usaron gestos drásticos para señalar
una nueva era. Juan Pablo se convirtió en el primer Papa desde Pedro en visitar
una sinagoga. También viajó a Auschwitz y rindió respecto de rodillas.
Significativamente, estableció relaciones diplomáticas con Israel, seguido de
la primera visita de Estado del Papa al Estado judío.
Su sucesor, el Papa Benedicto XVI (2005-2013), reiteró
enérgicamente todos estos mensajes, y el Papa Francisco hoy continúa en esa
tradición. Como el primer Papa en entrar en el sacerdocio después de la
promulgación de Nostra Aetate, Francisco aplicó las enseñanzas del documento en
sus relaciones ejemplares con los judíos mientras se desempeñó como arzobispo
de Buenos Aires. Francisco ha hecho de su relación con el pueblo judío una
característica central de su pontificado.
Nostra Aetate ha sido liberador para cristianos y judíos. Ha
permitido al cristianismo avanzar más allá de su pesada carga del pasado
respecto a los judíos y el judaísmo. Y representa para los judíos la
posibilidad de que el cristianismo ya no pondrá en peligro su seguridad y
bienestar. Para los pensadores religiosos judíos creativos, facilitó la
consideración de un papel positivo para el cristianismo en el plan divino.
Aunque no fue el primer intento cristiano de auto-reflexión
después del Holocausto, Nostra Aetate se convirtió en el patrón de oro por el
cual se miden todos los demás. Las Iglesias protestantes crearon sus propios
documentos, la reforma de siglos de antipatía hacia los judíos y el judaísmo. Y
conduciendo a activistas judíos al diálogo cristiano-judío formuló una
respuesta judía, Dabru Emet [Decid la Verdad]: una declaración judía sobre los
cristianos y el cristianismo. El primero de los ocho principios de ese
documento es que judíos y cristianos adoran al mismo Dios.
Nostra Aetate ha sido la inspiración para 50 años de trabajo
de los cristianos y los judíos. La conversación del liderazgo católico judío ha
madurado. Sí, hay desacuerdos de vez en cuando, pero se discuten y resuelven a
menudo entre amigos.
Dada la notable normalización de la interacción en el último
medio siglo, es comprensible que muchos den tales logros por sentado. Pero en
este año jubilar de Nostra Aetate, debemos reconocer y agradecer el valor de
los católicos y judíos: a los católicos que se enfrentaron y abordaron el
trágico pasado antijudío del cristianismo, y a los judíos que fueron receptivos
al cambio cristiano.
Este aniversario de oro es una oportunidad para animar a los
católicos, judíos y todos los hombres de buena voluntad a aprender más acerca
de Nostra Aetate y educar a otros, mientras celebramos la acción de gracias y
agradecemos que vivimos en un mundo post-Nostra Aetate. Rabinos y sacerdotes
deben compartir la poderosa concisión de Nostra Aetate con sus comunidades,
para que millones puedan conocer y comprender su contenido.
Debemos alimentar este logro. Sólo entonces seguirá dando
vida a nuestras valiosas relaciones católico-judías.
Fuente: AJC. Global Jewish Advocacy

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