EL P. IGNACIO, PIONERO EN EL DIALOGO INTERRELIGIOSO, NOS
ACOMPAÑÓ DESDE EL INCIO EN ESTE CAMINO.
QUE EL SEÑOR DE TODOS SIGA BENDICIENDO SU OBRA FECUNDA EN BENEFICIO DE
TODOS LOS HOMBRES.
Mis 50 años de sacerdote
Cuando fui ordenado sacerdote, sentí la
vocación de seguir al Maestro, que enseñaba. Jesús predicó
a las multitudes, formó a sus discípulos y conversó con personas, como
Nicodemo, de noche, o la samaritana, al mediodía. A ella le pidió: “Dame de
beber”. Y en este medio siglo no he dejado de predicar y enseñar Teología,
pidiendo también a otros de beber.
Tiempo después sentí la vocación de
seguir al Médico. Jesús curaba a los enfermos con el aceite del consuelo
y el vino de la esperanza, como dice el Prefacio del Buen Samaritano. Consolar
y dar esperanza. Con ese fin, organicé dos grupos misioneros, uno a San José
del Boquerón, en el monte santiagueño, y otro a Cona Niyeu, en la Patagonia. Encontramos
gente sencilla que nos infundía esperanza, al trabajar tan duro para salir
adelante.
Todos los bautizados son sacerdotes, lo
que les permite comunicarse con el Señor, sobre todo al comulgar. Los
sacerdotes ministeriales fuimos ordenados por el obispo para servir a los
sacerdotes bautismales. El aceite del consuelo y el vino de la esperanza
están al alcance de todos. Las mamás y los papás son los primeros en consolar y
dar esperanza a sus nenes. En la figura del Buen Samaritano nos sentimos unidos
los sacerdotes bautismales y los ministeriales.
Una de las esperanzas que más me motivó
fue la ecuménica, para promover la unidad de los cristianos. Siendo
estudiante de Teología, en San Miguel, organicé un partido de fútbol con los
alumnos de la
Facultad Luterana de Teología, de José C. Paz, que terminamos
empatados. Después siguieron mis visitas a esa Facultad. Cuando fui ordenado,
estuvieron presentes en toda la ceremonia el Rector y un profesor de la Facultad Luterana.
Hoy continúo colaborando con la
Comisión de obispos argentinos dedicada al Ecumenismo. Y el
diálogo con otras Iglesias nos lleva al diálogo con otras Religiones, como el
Judaísmo y el Islam, en la gran familia humana.
Mi vocación nació al conocer, en el
colegio, a los jesuitas que lo dirigían. Nuestro fundador, san Ignacio de
Loyola, nos dejó el método de los Ejercicios Espirituales. Son una escuela de
espiritualidad para aprender a discernir los caminos de Dios. Hasta los santos
han tenido que experimentar, para encontrar su camino. La Madre Teresa , de
Calcuta, ingresó a una congregación misionera, en Albania, y partió para la India. Allá se
ocupaban de los pobres, pero quedaban los miserables en los basurales. Dejó
entonces su congregación y fundó otra, para atender a los parias de la India y a los enfermos de
Sida en Occidente.
Después de tantos años como jesuita,
desde antes de ser ordenado, mi satisfacción no consiste tanto en haber
aprendido a discernir los caminos de Dios cuanto en ver que otros, con alguna
ayuda mía, han aprendido ese arte espiritual, que es valioso para todos los
creyentes y no sólo para los católicos. Es un arte que nos continúa
enriqueciendo a lo largo de la vida. Por todo ello, doy gracias a Dios y a mis
amigos.
Ignacio
Pérez del Viso, SJ

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