Hace
unas horas, regresé a casa, desde la emblemática iglesia de San
Patricio, bajo una lluvia interminable y espesa. Acababa de
despedirme de nuestro amigo de tantos años compartidos, Norberto
Calvo. Norberto y su mujer Norma, fueron esos seres entrañables
que hace casi cuarenta años comenzaron junto a un grupo de
nosotros y a las Hnas. de Nuestra Señora de Sión, el trabajo
silencioso y comprometido de las relaciones entre judíos y
cristianos.
Norberto
hizo de esta tarea, una opción de vida cuyo ejemplo perdurará por
siempre en el corazón de quienes tuvimos la dicha de conocerlo. Como
comentó hoy el sacerdote que tuviera a su cargo las sencillas pero
profundas palabras de despedida, Norberto navegó siempre “Mar
Adentro”, nunca se quedó en la orilla. Fue un buscador incansable
de ese Jesús que amaba tanto y del cual estaba profundamente
enamorado. Y partió con la serenidad de los que han comprendido el
verdadero sentido del paso de la Pascua y de la Resurrección a una
vida nueva e intensa en el amor del Padre.
Sabía
perfectamente que este paso que tanto tememos a veces los cristianos
que no hemos entendido el mensaje, no es un saldo al vacío, sino
simplemente un cruce de orilla, lugar en el que EL nos espera porque
siempre estará sosteniéndonos la mano para perfeccionar el AMOR
con el amado, construido sobre la tierra.
¡Hasta
el encuentro definitivo, querido amigo!
Martha
de Antueno

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