Viernes 2 Ago 2013 | 11:37 am
Texto completo
A los musulmanes del mundo entero
Es para mí un gran placer daros
mis felicitaciones con motivo de la celebración del 'Id al-Fitr, que concluye
el mes del Ramadán, dedicado principalmente al ayuno, la oración y la limosna.
Se ha convertido en tradición
que, en esta ocasión, el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso os
envíe un mensaje de buena voluntad, acompañado de un tema propuesto a la común
reflexión. Este año, el primero de mi Pontificado, decidí firmar yo mismo este
tradicional mensaje y enviároslo, queridos amigos, como expresión de aprecio y
amistad para todos los musulmanes, especialmente aquellos que son líderes
religiosos.
Como todos sabéis, cuando los
Cardenales me eligieron como Obispo de Roma y Pastor Universal de la Iglesia
Católica, escogí el nombre de “Francisco”, un santo muy famoso, que amó
profundamente a Dios y a todo ser humano, hasta el punto de ser llamado
“hermano universal”. Amó, ayudó y sirvió a los necesitados, a los enfermos y a
los pobres; también se preocupó mucho de la creación.
Soy consciente de que, en este
período, las dimensiones familiar y social son especialmente importantes para
los musulmanes, y vale la pena subrayar que hay ciertos paralelos en cada una
de estas áreas con la fe y la práctica cristiana.
Este año, el tema sobre el que me
gustaría reflexionar con vosotros y con todos los que lean este mensaje, y que
afecta tanto a los musulmanes como a los cristianos, es la promoción del
respeto mutuo a través de la educación.
El tema de este año quiere
destacar la importancia de la educación en la forma en que nos comprendemos
unos con otros, sobre la base del respeto mutuo. “Respeto” significa una
actitud de amabilidad hacia las personas para las que nutrimos consideración y
estima. “Mutuo” significa que no se trata de un proceso unidireccional, sino de
algo que es compartido por ambas partes.
Lo que estamos llamados a
respetar en cada persona es ante todo su vida, su integridad física, su
dignidad y los derechos que de ella manan, su reputación, su propiedad, su
identidad étnica y cultural, sus ideas y sus decisiones políticas. Por esto
estamos llamados a pensar, hablar y escribir del otro en un modo respetuoso, no
sólo en su presencia, sino siempre y en todas partes, evitando críticas
injustas o la difamación. Para lograr esto, tienen un papel fundamental la
familia, la escuela, la enseñanza religiosa y todo tipo de medios de
comunicación social.
Si nos referimos ahora al respeto
mutuo en las relaciones interreligiosas, especialmente entre cristianos y
musulmanes, estamos llamados a respetar la religión del otro, sus enseñanzas,
símbolos y valores. Un respeto especial se debe a los líderes religiosos y los
lugares de culto. ¡Cuánto dolor causan los ataques a uno u otro de ellos!
Claramente, al mostrar respeto
por la religión de los demás o manifestar los mejores deseos con motivo de una
celebración religiosa, simplemente tratamos de compartir la alegría, sin
referencia al contenido de sus creencias religiosas.
En cuanto a la educación de los
jóvenes musulmanes y cristianos, debemos formar nuestros jóvenes a pensar y
hablar de un modo respetuoso de otras religiones y de sus seguidores, evitando
ponerlos en ridículo o denigrar sus creencias y prácticas.
Todos sabemos que el respeto
mutuo es esencial en cualquier relación humana, sobre todo entre las personas
que profesan una creencia religiosa. Es así como puede crecer una amistad
sincera y duradera.
Al recibir al Cuerpo Diplomático
acreditado ante la Santa Sede, el 22 de marzo de 2013, les dije: “No se pueden
vivir auténticas relaciones con Dios ignorando a los demás. Por eso, es
importante intensificar el diálogo entre las distintas religiones, pienso en
primer lugar en el Islam, y he apreciado mucho la presencia, durante la Misa de
inicio de mi ministerio, de tantas autoridades civiles y religiosas del mundo
islámico”. Con estas palabras, quise subrayar una vez más la gran importancia
del diálogo y de la cooperación entre los creyentes, sobre todo entre
cristianos y musulmanes, así como la necesidad de fortalecerla.
Con estos sentimientos, renuevo
mi esperanza de que todos los cristianos y musulmanes sean auténticos
promotores del respeto mutuo y la amistad, especialmente a través de la
educación.
Os expreso, por último, mis
mejores deseos y oraciones para que vuestras vidas puedan glorificar al
Altísimo y dar alegría a los que os circundan.
¡Feliz fiesta a todos vosotros!
Desde el Vaticano, 10 de julio de
2013


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