Ante los conflictos
producidos en Medio Oriente y que son de público conocimiento, exhortamos a las
comunidades cristianas, judías y musulmanas de nuestro País, a elevar oraciones
a fin que las diferencias sean superadas y la Paz impere en el corazón
de los hombres.
Vivimos en un mundo
concreto, que al analizarlo, se nos presenta como descarnado y carente de los
valores a los que toda persona humana,
por su mismísima condición , tiene derecho. El Señor de todos nos
entregó el Paraíso , pero al mismo tiempo nos fue dada la libertad (el tan
ponderado libre albedrío, en posición a cualquier tesis determinista) y la
posibilidad de pensar y razonar. Esto nos conduce a la sencilla conclusión que
somos personas libres que decidimos nuestros destinos. Y aquí se impone la
pregunta ¿Hemos usado responsablemente la libertad que nos fuera conferida? A
su turno, también nos hemos preguntado ¿donde estaba o está Dios durante los
enfrentamientos armados que han asolado al mundo?. Cabría interrogarnos ¿Donde
estábamos y estamos nosotros, los hombres, ante tales circunstancias? Aquí
debemos sincerarnos y comprometernos porque de esas respuestas dependen la
conducta que se asuma y el camino a
seguir. Los Libros Sagrados de las tres religiones monoteístas nos
enseñan a amar a quienes nos rodean, pero con ello no basta. Debemos estar
dispuestos a entregar la vida por nuestros semejantes porque dando vida en como
engendramos la misma. Enorme desafío e inmensa responsabilidad.
Debemos trabajar por la Paz en el mundo real que nos toca
vivir, ser capaces de encontrar caminos e instrumentos que nos conduzcan a
ella. Debemos ser creativos y pensar que
el DIÁLOGO entre los seres humanos es posible, siempre y cuando seamos capaces
de prepararnos para ello. Camino duro, por cierto, de avances y retrocesos,
pero si verdaderamente estamos dispuestos a
avanzar hacia la Paz, debemos
comprometernos a transitar el sendero,
apoyando toda alternativa que nos conduzca al bien común.
La Declaración de los
Derechos Humanos ha ido derribando
paulatinamente muchos obstáculos que se oponían al bienestar de la
persona humana, promoviendo la participación de todos en la vida cultural de la
comunidad.
Contribuyó a superar
problemas étnicos, religiosos y lingüísticos y propició el intercambio necesario
para vencer problemas raciales, que subsisten aún en nuestros días.
Así, tanto desde las
declaraciones constitucionales como desde
la influencia que ejercitan legislaciones internacionales y movimientos
no gubernamentales, se construye la esperanza
que los seres humanos debemos gravar con mayúscula hacia la construcción de un
mundo mejor para todos.

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