Buenos
Aires (AICA): En el marco del acto académico por los 50 años del Concilio
Vaticano II, la
Universidad Católica Argentina (UCA) confirió este jueves 11
de octubre el doctorado honoris causa al rabino Abraham Skorka, rector del
Seminario Rabínico Latinoamericano. En el auditorio Juan Pablo II, desbordado
de representantes de diversos credos y personalidades de la cultura y la
política, el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina , cardenal
Jorge Mario Bergoglio SJ, entregó el diploma, medalla y placa al referente de
la comunidad judía y se confundieron en un abrazo. También disertaron el
predicador de la Casa
Pontifica , padre Raniero Cantalamessa, quien destacó que el
Concilio Vaticano II fue ¨un nuevo Pentecostés¨ e hizo hincapié en la impronta
del Espíritu Santo, el pastor metodista
Néstor Míguez, cuyo padre estuvo invitado y el Pbro Víctor Manuel Fernández,
Rector de la Alta Casa
de Estudios.
Discurso
del Rector, Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández, Rector de la Pontificia Universidad
Católica Argentina:
El
Rabino Abraham Skorka es egresado de la Escuela de Altos Estudios Judaicos (1972),
egresado y Ordenado Rabino por el seminario Rabínico Latinoamericano (1973) y
Doctor en Ciencias Químicas por la
Facultad de Ciencias Exactas, Univ. de Buenos Aires (1979).
Luego, en Estados Unidos, se especializó en Derecho de Familia en el Jewish
Theological Seminary of America (1984). También es Doctor en Literatura Hebrea
por el mismo Seminario.
Es
el creador de la Cátedra
de Derecho Hebreo en la
Universidad de Buenos Aires y en la Universidad del Salvador.
Es el Rabino de la comunidad Benei Tikva (1976 a la fecha), es Rector
del Seminario Rabínico Latinoamericano y Presidente del Instituto Superior de
Estudios Religiosos (ISER). Fue Presidente del Tribunal Arbitral de la AMIA (1996-98), entre otras
funciones que ha desempeñado. Por otra parte, fue editor de “Introducción al
Derecho Hebreo” y publicó varios libros y múltiples artículos en distintos
medios y revistas especializadas internacionales de investigación .
¿Por
qué, precisamente en este acto, la Universidad Católica
le otorga un doctorado honoris causa a un rabino de la Comunidad judía
argentina, doctorado que en la mayoría de los casos se ha otorgado a obispos y
cardenales católicos y que hasta ahora sólo se habría conferido a
católicos?
Los Estatutos de esta Universidad requieren para otorgar este doctorado es que
la persona haya tenido una actuación sobresaliente “en pro del desarrollo de la
cultura”.
Este
doctorado se justifica entonces no solamente por lo que he mencionado acerca de
su curriculum, sino por la hondura y la riqueza de pensamiento que él ha
aportado durante muchos años a nuestro país. El rabino Skorka es un hombre de
opinión, capaz de detenerse en un reposado y responsable pensamiento acerca de
cualquier asunto de la realidad que pueda afectar al ser humano. Y lo hace, sin
ocultarlo jamás, desde la hondura y ese humus siempre fecundo que es la
tradición judía.
En
lo que respecta al diálogo con el judaísmo los cristianos podemos hablar de una
“complementación irreductible”. Es irreductible en cuanto a temas teológicos en
los que no tenemos coincidencia. Pero es verdadera complementariedad porque
tenemos en común el tesoro de la
Torah , lo que los cristianos llamamos Antiguo Testamento.
Cristianos y judíos recibimos esa Palabra en tradiciones distintas que permiten
a esa Palabra revelada desarrollar diversas potencialidades. Por esa razón
podemos enriquecernos unos a otros.
El
Rabino Skorka es un testigo de esta convicción, con la cual ha sido consecuente
toda su vida, con palabras, con gestos, con decisiones.
En
mayo de 2006, la
Confraternidad Argentina Judeo Cristiana organizó un Simposio
sobre la Shoá y
sus repercusiones en América Latina. Allí surgió la inquietud de formar un
grupo de estudiosos judíos y cristianos que se sentara en una mesa común a
estudiar las Escrituras. Nos reuníamos en la Facultad de Teología y
estudiamos por casi tres años el capítulo 3 de las Lamentaciones. Debo decir
que el rabino Skorka fue quien apoyó de manera más convencida y
constante
esta iniciativa, y participaba de las reuniones con sus aportes, pero además
con preguntas y planteos que abrían nuevas perspectivas.
Hoy
son conocidos sus diálogos televisivos con el Cardenal Bergoglio, donde abordan
los temas más variados. Pero en realidad él tiene una constante disposición
para estar allí donde se lo convoque a pensar y a debatir para el bien de
todos. Lo hace plasmando aquello que decía Juan Pablo II: “Máximo diálogo con
máxima identidad”. Lo hace con la capacidad de recoger las
preguntas
y desafíos de los demás, reconociendo los valores de los otros, pero sin
traicionar jamás sus propias convicciones y las de su Comunidad creyente.
¿Por
qué este doctorado honoris causa en medio de esta celebración del Concilio
Vaticano II? Porque en el Concilio Vaticano II se abrió una puerta que dio
lugar a un creciente acercamiento entre la Iglesia Católica
y el Judaísmo. El Vaticano II expresa en la declaración Nostra Aetate:
“Como
es tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este
Concilio fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos …
Además, consciente del patrimonio común con los judíos … deplora los odios,
persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona
contra los judíos” (NA 4).
Todas
las grandes celebraciones deberían ir acompañadas por algún gesto
significativo. Con la entrega de este doctorado honoris causa queremos expresar
que aquello que pedía el Concilio y que han vivido elocuentemente los últimos
Papas, ha sido acogido en Argentina, y que las instituciones cristianas podemos
acoger la sabiduría presente de un rabino más allá de las diferencias que
subsisten. En este comienzo del Año de la
Fe que celebramos los católicos, la figura y la palabra del
Rabino Skorka es una potente confesión de fe en un Dios personal que actúa en
la historia, en ese Dios amante que ha querido dirigirnos la palabra y entrar
en comunión con nosotros.
Por
otra parte, este doctorado honoris causa nos parece particularmente
significativo en Buenos Aires, porque es una de las pocas ciudades del mundo
que tiene una población judía tan numerosa, caracterizada por su nivel
cultural, su creatividad y su espíritu emprendedor manifestado de tantas
maneras. Precisamente, en este doctorado conferido al rabino Abraham Skorka
queremos de algún modo reconocer y agradecer los innumerables aportes
culturales de la Comunidad
judía a nuestro país. Por ello, la entrega de este
reconocimiento
expresa también aquella disposición al diálogo con la cultura que nos pedía el Concilio.
Manifiesta también, de un modo positivo, nuestro rechazo al horroroso intento
de exterminio ocurrido en la
Shoá.

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