Kitty
Palma de Terán
“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” Jn 1,14
El amor de Dios ha descendido
sobre la humanidad. ¿Podemos percibirlo?
En los días previos a la
Navidad pensamos en un sin fin de sustantivos: paz, esperanza, amor,
solidaridad, atención, contención, escucha, regalo, comida, reunión, familia……y
tantos otros más que vienen golpeando nuestro corazón apurado.
Nuestro corazón está apurado
por los sustantivos, pero….que pasaría si pudiéramos transformar esos
sustantivos en verbos?
Qué pasaría si en vez de
pensar en la Paz intentáramos ser instrumentos de unidad entre los que tenemos
cerca, entre los que sabemos que están lejos, entre los que piensan de una
manera diferente?
Qué pasaría si en lugar del
abatimiento que tenemos por muchas situaciones cotidianas eleváramos
esperanzados una oración de acción de gracias simplemente por estar vivos?
Qué pasaría si en vez de
pensar románticamente en el amor, nos decidiéramos a ponernos en el riesgo de
amar?
Qué pasaría si pensando en la
solidaridad tuviéramos gestos concretos y atendiéramos, abrazáramos y
escucháramos a los que lo necesitan de verdad?
Qué pasaría si en lugar de
pensar en regalos pudiéramos regalarnos a nosotros mismos y servir como Jesús
lo hizo con nosotros?
Dios cumple sus promesas y así
será alimento porque se da de comer, será asamblea porque nos reunirá en
familia, será familiar porque es cercano, porque siempre está presente, porque
no pregunta, simplemente llega, abraza, celebra, renueva y plenifica nuestra esperanza.
Así
es la Navidad, un tiempo de plenitud, de gozo y alegría, un tiempo de cercanía
y sensibilidad
Así
es la Navidad, un tiempo para saborear la ternura infinita de Dios.

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