Se realizó en Buenos Aires, del 26 al 28 de
septiembre, bajo el lema "Construyendo consenso para un desarrollo
equitativo y sostenible: la contribución de las religiones para un futuro
digno". Su presentación se efectuó en el Palacio San Martín, sede
ceremonial de la Cancillería Argentina.Contó con la presencia de más de 100 expositores de nuestro País y del mundo.
El G20 está integrado por 19 países y la
Unión Europea. Los 19 países que lo forman
son : Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá,
China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón,
México, Rusia, Reino Unido, Sudáfrica y Turquía. En el año 2018, Argentina,
como País anfitrión invitará a -Chile y Países Bajos- y España, que es un
invitado permanente.
La inauguración de este
foro interreligioso tuvo como objetivo generar propuestas en temas variados
como el cambio climático, la problemática de los refugiados, la esclavitud moderna,
el trabajo, la economía, el rol de la mujer y el Aporte de las Religiones al Siglo XXI, entre otros temas de vital
importancia. La apertura contó con la presencia de la vicepresidenta (e.e) de
la Nación, Gabriela Michetti y el secretario de Culto de la Nación, embajador Alfredo Abriani . El panel inaugural estuvo integrado
por la Dra. Cristina Calvo, directora del Programa Internacional
Democracia, Sociedades y Nuevas Economías de la Universidad de Buenos Aires , y
demás organizadores del encuentro: Brian Adams, Griffith University,
Brisbane, Australia, Midori Miyazaki, International
Shinto Foundation, entre otros oradores. Monseñor Carlos H. Malfa, Secretario
General de la Conferencia Episcopal Argentina, leyó el texto enviado por SS el
Papa Francisco, que transcribimos a continuación:
Mensaje del Santo
Padre
Saludo con afecto a los organizadores y participantes en el Foro Interreligioso
G20, que tiene lugar este año en Buenos Aires. Estas conferencias
interreligiosas, en el marco de las reuniones de la Cumbre del G20, aspiran a
ofrecer a la comunidad internacional la aportación de sus distintas tradiciones
y experiencias religiosas y filosóficas para iluminar aquellas cuestiones
sociales que nos preocupan hoy de modo especial.
En estos días de intercambio y reflexiones, se proponen profundizar en el papel
de las religiones y su aportación específica en la construcción de un consenso,
para un desarrollo justo y sostenible que asegure un futuro digno para todos.
Ciertamente, los desafíos que tiene que afrontar el mundo en estos momentos son
muchos y muy complejos. Nos enfrentamos actualmente a situaciones difíciles que
no solo afectan a tantos hermanos nuestros desamparados y olvidados, sino que
amenazan el futuro de la humanidad entera. Y los hombres de fe no podemos
quedar indiferentes ante estas amenazas.
Pensando en las religiones, creo que más allá de las diferencias y puntos de
vista distintos, un primer aporte fundamental al mundo de hoy es el de ser
capaces de mostrar la fecundidad del diálogo constructivo para encontrar, entre
todos, las mejores soluciones a los problemas que nos afectan a todos. Un
diálogo que no significa renunciar a la propia identidad (cf. Exhort. ap. Evangelii
gaudium, 251), sino estar dispuestos a salir al encuentro del otro, a
comprender sus razones, a ser capaces de tejer relaciones humanas respetuosas,
con el convencimiento claro y firme de que escuchar al que piensa de modo
diferente es ante todo una ocasión de enriquecimiento mutuo y de crecimiento en
la fraternidad. Porque no es posible construir una casa común dejando de lado a
las personas que piensan distinto, o aquello que consideran importante y que
pertenece a su más profunda identidad. Hay que construir una fraternidad que no
sea de “laboratorio”, porque «el futuro está en la convivencia respetuosa de
las diferencias, no en la homologación de un pensamiento único teóricamente
neutral» (Discurso al Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso,
28 noviembre 2013).
Ante un mundo en el que se afirma y se consolida un paradigma de desarrollo de
tipo tecnocrático, con su lógica de dominio y control de la realidad en favor
de intereses económicos y de beneficio, pienso que las religiones tienen un
gran papel que desempeñar, sobre todo gracias a esa “mirada” nueva sobre el ser
humano, que viene de la fe en Dios creador del hombre y del universo. Cualquier
intento de buscar un auténtico desarrollo económico, social o tecnológico, ha
de tener en cuenta la dignidad del ser humano; la importancia de mirar a cada
persona a los ojos y no como un número más de una fría estadística. Nos mueve
la convicción de que «el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida
económico-social» (Const. ap. Gaudium et spes, 63). Ofrezcamos por eso
una manera nueva de mirar a los hombres y a la realidad, ya no con afán
manipulador y dominante, sino con respeto de su propia naturaleza y de su
vocación en la creación entera, porque «siendo creados por el mismo Padre,
todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos
una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un
respeto sagrado, cariñoso y humilde» (Cart. enc. Laudato si’, 89).
Queridos amigos: deseo renovar una vez más, y ante esta asamblea tan
cualificada, mi llamamiento a proteger nuestra casa común mediante la
preocupación por toda la familia humana. Una invitación urgente a un nuevo
diálogo sobre cómo estamos construyendo nuestra sociedad, en la búsqueda de un
desarrollo sostenible y convencidos de que las cosas pueden cambiar.
Permítanme terminar recordando una vez más que todos somos necesarios en esta
labor, y que podemos colaborar todos juntos como instrumentos de Dios para
proteger y cuidar la creación, aportando cada uno su cultura y su experiencia,
sus talentos y su fe.
Y, por favor, les pido que recen por mí.
Vaticano, 6 de septiembre de 2018


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