El ejercicio de dialogo con otras culturas
y religiones, acentúa la necesidad de una actitud abierta y de encuentro.
Estamos convencidos que estos espacios de
formación, favorecen para derribar prejuicios y obstáculos que se puedan
presentar y valorar la riqueza de cada tradición. Abrir los ojos a la
pluralidad religiosa.
En tiempo como los actuales, donde
la religión ya no es el primer plano en nuestras vidas y parecemos alejarnos de
todo sentido espiritual que queramos buscarle a nuestra existencia, una
experiencia como la que vivimos el pasado martes que hace reflexionar no solo
sobre nuestra vida espiritual sino también sobre la naturaleza misma del hombre
y la necesidad constante que tuvo la humanidad, desde el comienzo del tiempo, a
buscar un porqué y más que nada, un cómo.
El ser humano siempre estuvo
sediento de explicaciones que variaron en tiempo, formas y costumbres, pero
nunca cesaron de existir.
Hasta hoy podríamos decir que las
personas que no creen en un Dios o dioses, buscan la explicación misma en la
ciencia o hasta dentro suyo.
Aunque pudiéramos diferir en muchas
cosas, todas las religiones que contaron con un representante en el encuentro,
son monoteístas, creen en un solo Dios, y sea de la manera que lo representemos
o lo percibamos, sabemos, en el fondo, que son todos de la misma esencia o
idea.
Las diferencias más generales que
pudimos apreciar fueron, por ejemplo, la esperanza de cada uno al enfrentarse
con la inevitable muerte.
Los musulmanes creen que no hay
infierno o cielo hasta el Juicio Final y mientras tanto esperan.
Pueden según como se comportaron,
durante su vida tener una visión del mundo celestial al lado de Alá.
Los representantes del hinduismo, en
cambio, creen en la reencarnación y evolución del alma individual, el Atman,
hasta llegar al punto más puro de la conexión e identificación con Brahma, el
creador del mundo y el alma universal.
La coexistencia y el entendimiento
entre las religiones es importante no solo para evitar las generalizaciones,
como por ejemplo, el prejuicio de la religión islámica y la relación con el terrorismo, sino también
porque el diálogo interreligioso nunca falla de ser fructífero y educativo para
todos los involucrados.
Gracias a éste se llega a tener una visión
más universal de la espiritualidad y el camino de la fe en distintas culturas.
Nuestras preguntas hicieron más fácil el intercambio de ideas.
Lo que más llega a llamar la
atención son las costumbres de las diferentes religiones. Lo más curioso es
como nosotros nos asombramos, por
ejemplo, con las marcas que se hacen en el cuerpo todos los días los hindúes,
ya sea con arcilla o agua, representado y recordando cada nombre de Dios,
mientras nosotros los católicos, con toda naturalidad, recordamos cada una de
sus tres expresiones cuando hacemos la señal de la Cruz, Padre, Hijo y Espíritu
Santo.
Aprendimos que la comida, así como
el ayuno cumplen un papel importante en las diferentes religiones: la comida
kasher en la cultura judía, el ayuno en el mes del Ramadán en la religión
musulmana y la dieta y el ayuno en las religiones basadas en el Hinduismo.
Salir un poco de nuestra burbuja nos
hace entender un poco más a nuestro hermano, con el que compartimos planeta y
el objetivo final de cada una nuestras vidas: hacer al mundo un lugar un
poquito mejor.
Al final de todo nos damos cuenta
que, en el fondo estamos hechos todos de la misma materia.
Esta reflexión fue escrita por
Martina, del Colegio La Anunciata


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