Lic. Eduado Daniel Levín
El Holocausto y el Programa de divulgación de las Naciones Unidas
Rechazando toda negación, ya sea parcial
o total, del Holocausto como hecho histórico, la Asamblea General de las
Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 Condenando
sin reservas todas las manifestaciones de intolerancia religiosa, incitación,
acoso o violencia contra personas o comunidades basadas en el origen étnico o
las creencias religiosas, dondequiera que tengan lugar.
Decide que las Naciones Unidas designen el 27 de enero -- aniversario de la liberación de los campos de exterminio nazis (Ingreso del ejército Rojo y la liberación en Auschwitz)-- Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto, e insta a los Estados Miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro, y pide al Secretario General que establezca un programa de divulgación titulado «El Holocausto y las Naciones Unidas» y que adopte medidas para movilizar a la sociedad civil en pro de la recordación del Holocausto y la educación al respecto, con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro.
Decide que las Naciones Unidas designen el 27 de enero -- aniversario de la liberación de los campos de exterminio nazis (Ingreso del ejército Rojo y la liberación en Auschwitz)-- Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto, e insta a los Estados Miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro, y pide al Secretario General que establezca un programa de divulgación titulado «El Holocausto y las Naciones Unidas» y que adopte medidas para movilizar a la sociedad civil en pro de la recordación del Holocausto y la educación al respecto, con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro.
La
dignidad humana
Elie
Wiesel[1] relata acerca de su arribo a Auschwitz: “Un
prisionero se nos acercó [...] ‘Desgraciados, ustedes van al crematorio.’
Parece que dijo la verdad. No lejos de nosotros irrumpieron llamas de adentro
de un hoyo, llamas enormes. Quemaron algo allí [...] Me pellizqué la cara:
¿vivo aún? ¿Estoy realmente despierto? No lo podía creer. ¿Cómo es posible que
quemen a personas, niños, y el mundo quede en silencio?" Wiesel, E., “La Noche”, Yediot Ajronot Sifrei Jemed. Tel-Aviv, 2005. Pág.
43. Referencia hallada en la web de Yad Vashem.
Cuesta abarcar con nuestra mente, la magnitud del horror y la
infinita (in)capacidad del humanoide para destruir vidas y almas vivientes.
Es duro mirar esos trágicos escenarios de pueblos ensordecidos que
sólo cuidaban de su propio orgullo y sostenían el “me da lo mismo”.
Por supuesto que el desastre horroroso pudo haber sido mucho más
profundo de no existir quienes se sobrepusieron al miedo y hermetismo
arriesgando incluso a sus propias familias para salvar vidas humanas. Estos han
sido denominados “Justos de las Naciones”.
Ahora bien. ¿Acaso podríamos “simplemente” recordarlos? ¿Bastaría
con seguir escuchando los contados sobrevivientes que aún viven después de
haber atravesado el valle de las tinieblas?
Nuestra humanidad hoy, Siglo XXI, año 2017, sigue padeciendo el
virus de la destructibilidad humana. Nada interesa. Las destrucciones masivas
se han acrecentado y ya no es sólo en un territorio de nuestro Planeta.
El Holocausto (Shoah) con sus tinieblas ha ocurrido hace ya más de
setenta años; sin embargo, el neonazismo, el negacionismo, el terrorismo, el
abandono y menosprecio humano, siguen estando presentes…
Ds quiera que nuestros representantes de las Naciones despierten,
se sensibilicen, y entiendan en un próximo tiempo mediato, el valor absoluto de
la dignidad humana…
Que así sea…
[1] El prof.
Elie Wiesel, sobreviviente del
Holocausto, Premio Nobel, historiador y vicepresidente del Consejo de Yad
Vashem falleció en este año 2016
a los 87 años en los Estados Unidos. Nació en Sighet,
Rumania, y tenía once años al estallar la Segunda Guerra Mundial. En mayo de
1944, con 15 años, fue deportado junto con su familia a Auschwitz-Birkenau. Fue
seleccionado para ejecutar trabajos forzados en Auschwitz III- Monowitz, un
campo filial, junto con su padre. En abril de 1945 fue liberado del campo de
concentración de Buchenwald por las tropas aliadas.

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