El
sábado pasado, 1º de Noviembre nos dejó un gran amigo de quienes formamos la
Confraternidad Argentina Judeo Cristiana, luchador incansable por los Derechos
Humanos, pionero de las relaciones entre
judíos y cristianos y sobre todo, un hombre JUSTO, con enorme humildad por todo
lo que hacía y representaba para nuestro País.
Su
biografía y entrega de vida es conocida por todos, de modo que, nosotros, nos despedimos de Aldo desde el dolor del amigo incondicional
que en él tuvimos, asesor espiritual de nuestra institución desde el momento de
su fundación y compañero de caminos de quienes con él compartimos su trabajo
incansable en pos de la Paz, la libertad y la esperanza de un mundo nuevo
unidos por la fraternidad y el amor hacia el hermano.
Querido
Aldo, te despedimos con el Salmo 23, la oración común a Judíos y
Cristianos, que tanto amabas, hasta el
reencuentro definitivo,
“El Señor
es mi pastor, nada me puede faltar. Por prados de fresca hierba me apacienta.
Hacia las aguas de reposo me conduce, y
conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su
nombre. Aunque pase por valle tenebroso,
ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me
sosiegan.
Tú preparas
ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante
está mi copa.
Sí, dicha
y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa del
Señor a lo largo de los días”
Que tu
recuerdo sea una bendición, amigo entrañable!

No hay comentarios:
Publicar un comentario