No han transcurrido dos meses desde que alumnos del
Colegio Nacional de Buenos Aires, colegio en que se educaron figuras insignes
de nuestro País, profanaran la
Iglesia de San Ignacio de Loyola, cuando otro acontecimiento
atroz e incomprensible ocurrió en la cripta de la Catedral de Mar del
Plata, hace 24 horas.
El altar de mármol
blanco y verde fue usado como baño y parte de los excrementos
esparcidos sobre la imagen de Santa
Cecilia. El mantel blanco que cubría el altar, usado como elemento personal.
Otro acto de vandalismo que nos recuerdan hechos ocurridos hace muchísimo tiempo en nuestra Patria. Acontecimientos
terribles que muchos pensábamos, estaban
lejos de regresar y hacerse nuevamente presencia “viva” en la vida de cada
argentino.
¿Qué pasa por nuestro corazón?
Instituciones
de nuestro País, han expresado su pesar
y tristeza, tal el caso de DAIA,
presidida por el Dr. Julio Schlosser.
La prensa de hoy 31 de Octubre da cuenta detallada de
los hechos. Ayer, 30 de Octubre, la “ Confraternidad Argentina Judeo Cristiana”
y los Hermanos Franciscanos, Orden de Hermanos Menores, han orado junto a
líderes religiosos de todos lo credos
por la Paz en el
mundo y en nuestra Nación, en la Basílica San Francisco……..y
allí, nos preguntábamos ¿hasta cuando seguirán produciéndose estos
acontecimientos carentes de sentido y
que conmueven el corazón del ser humano?
Son hechos que se ejecutan como siempre decimos desde la oscuridad de la noche
y coincidentes con otras profanaciones contra el Judaísmo y demás religiones y cosmovisiones. ¿Qué nos
pasa? ¿Hemos perdido los argentinos, el respeto hacia lo trascendente,
hacia el “otro diferente y distinto de
mí”? ¿Queremos provocar caos e incertidumbre entre nuestros semejantes?
Preguntas para que cada uno se responda desde lo más íntimo de su ser y actúe en consecuencia. ¡Basta de meras
palabras! Sigamos trabajando por un mundo mejor, en el lugar que nos toque
actuar, en la educación, en la salud, en
la política. No tengamos miedo de comprometernos con aquellos valores que hacen que la persona
humana adquiera el carácter de persona y sigamos trabajando con firmeza y
esperanza para que nuestra sociedad cambie, se renueve, alcance un grado de madurez que le permita
actuar con decencia, con sabiduría, con
prudencia, con alegría, con responsabilidad. Es difícil, lo sabemos, pero no
dejemos que , como dice el Papa “nos
roben la esperanza”.
Martha de Antueno
Presidente
CAJC

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