RIO DE JANEIRO, 28 Jul. 13 / 05:08 pm (ACI).-
Señora Presidenta de la República,
Distinguidas Autoridades nacionales, estatales y locales,
Querido Arzobispo de San Sebastián de Río de Janeiro,
Venerados Cardenales y
Hermanos en el Episcopado,
Queridos amigos
En breves instantes dejaré su Patria para regresar a Roma. Marcho con el
alma llena de recuerdos felices; y éstos –estoy seguro- se convertirán en
oración. En este momento comienzo a sentir un inicio de nostalgia. Saudade de
Brasil, este pueblo tan grande y de gran corazón; este pueblo tan amigable.
Nostalgia de la sonrisa abierta y sincera que he visto en tantas personas,
nostalgia del entusiasmo de los voluntarios. Nostalgia de la esperanza en los
ojos de los jóvenes del Hospital San Francisco. Nostalgia de la fe y de la
alegría en medio a la adversidad de los residentes en Varghina. Tengo la
certeza de que Cristo vive y está realmente presente en el quehacer de
innumerables jóvenes y de tantas personas con las que me he encontrado en esta
semana inolvidable. Gracias por la acogida y la calidez de la amistad que me
han demostrado. También de esto comienzo a sentir saudade.
Doy las gracias a la
Señora Presidenta por haberse hecho intérprete de los
sentimientos de todo el pueblo de Brasil hacia el Sucesor de Pedro. Agradezco
cordialmente a mis hermanos Obispos y a sus numerosos colaboradores que hayan
hecho de estos días una estupenda celebración de nuestra fecunda y gozosa fe en
Jesucristo. Doy las gracias a todos los que han participado en las
celebraciones de la eucaristía y en los demás actos, a quienes los han
organizado, a cuantos han trabajo para difundirlos a través de los medios de
comunicación. Doy gracias, en fin, a todas las personas que de un modo u otro
han sabido responder a las exigencias de la acogida y organización de una
inmensa multitud de jóvenes, y por último, pero no menos importante, a tantos
que, muchas veces en silencio y con sencillez, han rezado para que esta Jornada
Mundial de la Juventud
fuese una verdadera experiencia de crecimiento en la fe. Que Dios recompense a
todos, como sólo Él sabe hacer.
En este clima de agradecimiento y de saudade, pienso en los jóvenes,
protagonistas de este gran encuentro: Dios los bendiga por este testimonio tan
bello de participación viva, profunda y festiva en estos días. Muchos de
ustedes han venido a esta peregrinación como discípulos; no tengo ninguna duda
de que todos marchan como misioneros. Con su testimonio de alegría y de
servicio, ustedes hacen florecer la civilización del amor.
Demuestran con la vida que vale
la pena gastarse por grandes ideales, valorar la dignidad de cada ser humano, y
apostar por Cristo y su Evangelio. A Él es a quien hemos venido a buscar en
estos días, porque Él nos ha buscado antes, nos ha enardecido el corazón para
proclamar la Buena
Noticia , en las grandes ciudades y en las pequeños
poblaciones, en el campo y en todos los lugares de este vasto mundo nuestro. Yo
seguiré alimentando una esperanza inmensa en los jóvenes de Brasil y del mundo
entero: por medio de ellos, Cristo está preparando una nueva primavera en todo
el mundo. Yo he visto los primeros resultados de esta siembra, otros gozarán
con la abundante cosecha.
Mi último pensamiento, mi última expresión de saudade, se dirige a Nuestra
Señora de Aparecida. En
aquel amado Santuario me he arrodillado para pedir por la humanidad entera y en
particular por todos los brasileños. He pedido a María que refuerce en ustedes
la fe cristiana, que forma parte del alma noble de Brasil, como de tantos otros
países, tesoro de su cultura, voluntad y fuerza para construir una nueva
humanidad en la concordia y en la solidaridad.
El Papa se va, les dice "hasta pronto", un "pronto" ya
muy nostálgico (saudadoso) y les pide, por favor, que no se olviden de rezar
por él. El Papa necesita la oración de todos ustedes. Un abrazo a todos. Que
Dios les bendiga.

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