Palabras enviadas por su nieta, Martina Grzmot a Diana Wang
"Hay heridas que están y nunca podrán curarse […] Dios
todopoderoso deme fuerzas para transmitir el legado que juré en las puertas de
los crematorios, no olvidar.”
Así empezaba el discurso de mi abuelo, ese discurso de
cuatro páginas que hizo crispar a varios políticos en febrero de 2011, cuando
en contra de toda recomendación médica y de los deseos de sus familiares, salió
de una internación coronaria para transmitir su testimonio al mundo.
Es que esta no era la primera vez que mi abuelo se
enfrentaba con la muerte.
En los campos de concentración, donde uno moría por un sí o
un no, morir no era una decisión. Vivir sí lo era.
Mi abuelo se salvó a si mismo para transmitir a la humanidad
su legado. Y les leo:
“ Por más doloroso que ha sido este capítulo, estamos
seguros que debemos tenerlo siempre presente para asegurar la continuación de
la raza humana […] Qué su recuerdo nos de fuerza de convertir muerte en vida,
de amar cuando otros odian, de tener esperanza cuando otros no dan más […] Para
asegurarnos de que el mal no prevalezca sobre el bien […] Lograr una sociedad
de relaciones óptimas, como está escrito en la Biblia: < Quered a tu prójimo
como a ti mismo > […] Que no haya más niños que tengan hambre, ni familias
que vivan en las calles. […] Debemos ser fieles a nuestra memoria y contribuir
a la erradicación de ideologías xenófobas, racistas y totalitarias. Que la luz
de Dios ilumine nuestro camino para afianzar el respeto, el pluralismo, la
democracia, los derechos humanos, la justicia social. Baluartes indispensables
para la libertad del hombre.
Debemos ser fieles a nuestra memoria para que NUNCA MÁS. “
Pueden rezar por mi abuelo si quieren, pero no teman, él ya
estaba salvado.
Leí una frase que decía: “Not people die, but words die in
them”. No es la persona la que muere
sino las palabras que se ahogan dentro de ellos. Y es mi deber, y el de todos
los que conocieron a León, evitar que muera su historia. La historia a la que
él dedicó su vida.
Mi abuelo fue un soldado de sí mismo. Pero su alma era
demasiado fuerte para su propio corazón.
Tal vez tanto tiempo trabajando con metales, le hizo pensar que era de
acero.
Ayer, a las 3:40 de la mañana, el corazón de mi abuelo se
detuvo. Lamento profundamente la pérdida de su ser que no volverá.
Una parte nos deja, pero hay algo que permanece. León
continúa vivo en la memoria de la persona que fue, y en los múltiples presentes
que ocurren a cada momento. Aunque ya no pueda verlo, ni escucharlo decir que
soy las pupilas de sus ojos…
A mi abuela, le digo, que recuerde las enseñanzas de su
marido, que creía en la resiliencia del ser humano por sobre todas las cosas, y
en su capacidad de sobreponerse a todo, aún a esto.
Y a ustedes, los dejo con un poema, de la película Las Horas
:
"Dear Leonard.
To look life in the face. Always lo look life in the face and to know it for
what it is. Al last to know it. To love it for what it is, and then, to put it
away. Leonard. Always the years between us. Always the years. Always the love.
Always the hours".

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