viernes, 22 de julio de 2016

Tres Papas en Auschwitz y Birkenau

Vatican Insider

Francisco es el tercero que visita los campos de concentración polacos, después de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Tres Pontífices, tres biografías. Tres caminos pastorales y tres estilos en el ejercicio del ministerio episcopal. Sin embargo, expresan el mismo gesto de dolor en el lugar en donde el ser humano conoció su maldad más oscura

LUIS BADILLA - FRANCESCO GAGLIANO - CIUDAD DEL VATICANO

La visita peregrinaje del  Papa Francisco a  Auschwitz - Birkenau, prevista el viernes 29 de julio por la mañana, ha suscitado (como había que esperarse) mucho interés en la prensa a pocas horas de su anuncio oficial. El Santo Padre se dirigirá en peregrinaje de oración, en silencio, a este sagrario del dolor 37 años después de la primera visita de un Papa (Juan Pablo II, el 7 de junio de 1979) y 10 años después de la segunda visita de un Pontífice, la de Benedicto XVI ( 28 de mayo de 2006)

Juan Pablo II

San Juan Pablo II, Papa polaco, celebró la Eucaristía y pronunció una conmovedora homilía en Auschwitz - Birkenau. Comenzó con estas palabras: « Un lugar que fue construido sobre la crueldad. Conduce a él una puerta, que todavía existe, sobre la cual se puso una inscripción “Arbeit macht frei”, que suena a mofa, porque su contenido se contradecía radicalmente con lo que ocurría dentro». Después, Karol Wojtyla observó con fuerza: «¿Puede todavía extrañarse alguien de que el Papa, nacido y educado en esta tierra; el Papa que ha ido a la Sede de San Pedro desde la diócesis en cuyo territorio se halla el campo de Auschwitz, haya comenzado su primera Encíclica con las palabras Redemptor hominis y que la haya dedicado en conjunto a la causa del hombre, a la dignidad del hombre, a las amenazas contra él y, en fin, a sus derechos? ¡Derechos inalienables que tan fácilmente pueden ser pisoteados y aniquilados….

Benedicto XVI,

En 2006, Papa Benedicto XVI, el Papa alemán, prefirió, en lugar de la Santa Misa, un momento de oración y después pronunció uno de sus discursos más fuertes y conmovedores. « El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo polaco», dijo Joseph Ratzinger. Y después añadió: «Yo estoy hoy aquí como hijo del pueblo alemán, y precisamente por esto debo y puedo decir como él:  No podía por menos de venir aquí. Debía venir. Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la intimidación; así, usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción y dominio. Sí, no podía por menos de venir aquí». Después añadió: «Nosotros no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia. En ese caso, no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos sólo a su destrucción. No; en definitiva, debemos seguir elevando, con humildad pero con perseverancia, ese grito a Dios:  "Levántate. No te olvides de tu criatura, el hombre". Y el grito que elevamos a Dios debe ser, a la vez, un grito que penetre nuestro mismo corazón, para que se despierte en nosotros la presencia escondida de Dios, para que el poder que Dios ha depositado en nuestro corazón no quede cubierto y ahogado en nosotros por el fango del egoísmo, del miedo a los hombres, de la indiferencia y del oportunismo».

Francisco

Dentro de pocos días será la visita del Papa Francisco y llevará a cabo con modalidades diferentes de las que tuvieron las dos visitas anteriores. No habrá ninguna homilía ni un discurso. El Santo Padre, que inicialmente había pensado en una alocución, aclaró recientemente, respondiendo a una pregunta que le hizo el padre Federico Lombardi, durante la conferencia de prensa que ofreció en el vuelo de Armenia a Roma (el pasado 26 de junio): «Yo quisiera ir a aquel sitio de horror sin discursos, sin gente, solo los pocos necesarios… ¡Pero los periodistas seguro que estarán! Pero sin saludar a este y a este… No, no. Solo, entrar, rezar… Y que el Señor me dé la gracia de llorar».

De esta manera, el Papa Francisco, cerrará una especie de catequesis Pontificia sobre el Holocausto: oración, reflexión y silencio en los lugares, no los únicos, que se han convertido en el símbolo de una de las páginas más negras de la humanidad, del arbitrio y del poder de muerte absoluto del hombre sobre el hombre. No fue casual que en Yad Vashen, el 26 de mayo de 2014, el Santo Padre dijera: «En este lugar, memorial de la Shoah, escuchamos resonar esta pregunta de Dios; ‘¿Adán, dónde estás?’. En esta pregunta está todo el dolor del Padre que ha perdido al hijo. El padre conocía el peligro de la libertad; sabía que el hijo habría podido perderse… ¡pero tal vez ni siquiera el Padre podía imaginar tal caída, tal abismo! Ese grito: ‘¿Dónde estás?’, aquí, frente a la tragedia inconmensurable del Holocausto, resuena como una voz que se pierde en un abismo sin fondo…».

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