jueves, 18 de febrero de 2016

Noticias recibidas del Centro de Estudios Judeo-Cristiano de Madrid


El 'Schindler judío': así rescata un empresario
a niñas cristianas de las garras del Estado Islámico
El Estado Islámico arrasa allá por donde pasa. Destruye, quema, mata...Y si las víctimas son mujeres, ya sean niñas o adultas, aún puede ser peor. Ser esclava sexual. Ser violada repetidamente, decenas de veces cada día, por los yihadistas o ser vendidas al mejor postor. Incluso el grupo islamista publica los precios a los que venden a las mujeres que capturan.
Estas mujeres son en la mayoría de los casos pertenecientes a minorías religiosas como cristianas o yazidíes, muchas de ellas niñas que no superan los diez años. Una barbarie contra la que Occidente, de momento, no quiere enfrentarse y a la que mira de reojo avergonzado, sabiendo que en un futuro será recordada la cobardía de una generación que no luchó contra la barbarie más absoluta.
Sin embargo, hay personas que han decidido hacer algo aunque les hayan podido tildar de locos. Es el caso de un empresario que ha dicho basta ante el horror que llega de Siria e Irak a través de la televisión e internet. Su nombre es Steve Maman, un judío canadiense, que se ha lanzado a rescatar a niñas y mujeres esclavas del Estado Islámico sacándolas de un auténtico infierno en vida. Este empresario cita a Óscar Schindler, el empresario que salvó a cientos de judíos de los nazis y que reflejó Steven Spielberg en “La lista de Schindler”, como su inspiración a la hora de jugarse todo o nada por salvar a los más débiles y olvidados.
Él era uno más de las decenas de millones de personas que veían a través de los informativos la indefensión de los cristianos ante el Estado Islámico y dijo basta. Hizo contactos en Irak para negociar la liberación de las niñas y al instante comenzó a recaudar dinero para seguir liberando a muchas más. De momento son más de 120 las niñas que ha salvado y ha logrado devolver a sus familias.
Tal y como él mismo relata, un día viendo las brutales imágenes en televisión "me dije a mi mismo: no puedo quedarme con los brazos cruzados. No voy a seguir viendo los informativos y permanecer sin hacer nada".
El horror que cuenta va más allá y recuerda que "algunas de estas niñas tienen tan sólo ocho años de edad. No sólo están a merced de los combatientes, sino también del resto de hombres que residen en Mosul, hombres de distintas edades, en algunos casos mayores de 60 años. Las violaciones, el abuso y la brutalidad que sufren en manos de sus captores van más allá de la imaginación".
Para más inri, Steve Maman añade que "hay muchos informes que dicen que los captores han decapitado a niñas y mujeres inocentes que se negaron a realizar ciertos actos sexuales" así como "adolescentes vendidas a burdeles para ser violadas hasta 30 veces al día". Ante todo lo relatado, el empresario canadiense se decidió a actuar. "Nada es imposible", se dijo. Y se preguntó sobre Oskar Schindler y lo que la gente opinaría en su momento sobre su intención de salvar judíos dentro del III Reich.
A través de su página Liberation Iraq Christian Yazidi ya ha recaudado más de 360.000 dólares y tiene como objetivo llegar a los dos millones. Con ellos cree que podrá rescatar a más de 3.000 mujeres y niñas actualmente en manos de los yihadistas. Hasta ahora, consiguió rescatar a las cristianas y yazidíes con las donaciones realizadas por otros empresarios judíos a los que pidió ayuda. Actualmente, está intentando involucrar en su proyecto a los católicos y todos juntos empezar a cambiar el mundo.       



Discurso del Santo Padre Francisco a la Sinagoga de Roma Transcribimos algunos párrafos de tan importante visita

Queridos hermanos y hermanas:
Me siento feliz de estar hoy aquí con vosotros en este Templo Mayor. Doy las gracias por sus amables palabras al sr. Di Segni,…. y os agradezco a todos vuestra cálida bienvenida, ¡gracias! ¡Tada Todà rabbà, gracias!
Durante mi primera visita a esta sinagoga como Obispo de Roma, deseo expresaros, extendiéndolo a todas las comunidades judías, el saludo fraterno de paz de esta Iglesia y de toda la Iglesia católica.
Nuestras relaciones ocupan un lugar muy especial en mi corazón. Ya en Buenos Aires solía acudir a las sinagogas para encontrar a las comunidades que se reunían allí, seguir de cerca las fiestas y las conmemoraciones judías y dar gracias al Señor que nos da la vida y nos acompaña a lo largo de la historia.
Con el tiempo se creó un vínculo espiritual, lo que favoreció el nacimiento de auténticas relaciones de amistad e incluso inspiró un compromiso compartido. En el diálogo interreligioso es fundamental que nos reunamos como hermanos y hermanas ante nuestro Creador y lo alabemos, que nos respetemos y valoremos los unos a otros y tratemos de colaborar. Y en el diálogo judeo-cristiano hay un vínculo único y especial, en virtud de las raíces judías del cristianismo: judíos y cristianos, por lo tanto, deben sentirse hermanos, unidos por el mismo Dios y un rico patrimonio espiritual común (cf. Decl. Nostra Aetate, 4), sobre el cual basarse y seguir construyendo el futuro.
Con mi visita sigo los pasos de mis predecesores. El Papa Juan Pablo II vino aquí hace treinta años, el 13 de abril de 1986; y el Papa Benedicto XVI estuvo entre vosotros hace ya seis años. Juan Pablo II, en aquella ocasión, acuñó la hermosa expresión «hermanos mayores», y de hecho sois nuestros hermanos y hermanas mayores en la fe. Todos ellos pertenecen a una sola familia, la familia de Dios, quien nos acompaña y nos protege como pueblo suyo. Juntos, como judíos y como católicos, estamos llamados a asumir nuestra responsabilidad con esta ciudad, contribuyendo, sobre todo en lo espiritual, y favoreciendo la resolución de los diversos problemas actuales……”
Acabamos de conmemorar el 50º aniversario de la declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, que ha hecho posible el diálogo sistemático entre la Iglesia católica y el judaísmo. El pasado 28 de octubre, en la Plaza de San Pedro, tuve la oportunidad de saludar a un gran número de representantes judíos, a quienes me dirigí de este modo: «Merece una especial gratitud a Dios la auténtica transformación que ha tenido en los últimos cincuenta años la relación entre los cristianos y los judíos. La indiferencia y la oposición dieron paso a colaboración y benevolencia. De enemigos y extraños hemos pasado a ser amigos y hermanos. El Concilio, con la declaración Nostra Aetate trazó el camino: “sí” al redescubrimiento de las raíces judías del cristianismo; “no” a cualquier forma de antisemitismo, y en consecuencia la condenación de toda injuria, discriminación y persecución». Nostra Aetate definió teológicamente por primera vez, de forma explícita, las relaciones de la Iglesia Católica con el judaísmo. Naturalmente ésta no resolvió todas las cuestiones teológicas que nos afectan, pero hizo referencia de modo alentador, proporcionando un importante estímulo para las necesarias reflexiones posteriores. En este sentido, el 10 de diciembre de 2015, la Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo publicó un nuevo documento que afronta las cuestiones teológicas que han surgido en las últimas décadas transcurridas desde la promulgación de Nostra Aetate. De hecho, la dimensión teológica del diálogo judeo-católico merece ser cada vez más profundizada, y deseo animar a todos los que participan en este diálogo a continuar en esta dirección, con discernimiento y perseverancia….”
 Conflictos, guerras, la violencia y las injusticias abren profundas heridas en la humanidad y nos llaman a fortalecer el compromiso con la paz y la justicia. La violencia del hombre contra el hombre está en contradicción con toda religión digna de este nombre, y en particular con las tres grandes religiones monoteístas. La vida es sagrada, como don de Dios. El quinto mandamiento del Decálogo es: «No matarás» (Éx 20, 13). Dios es el Dios de la vida y quiere siempre promoverla y defenderla; y nosotros, creados a su imagen y semejanza, estamos llamados a hacer lo mismo. Todo ser humano en cuanto criatura de Dios, es nuestro hermano, independientemente de su origen y de su pertenencia religiosa. Cada persona debe ser vista con benevolencia, como hace Dios, que da su mano misericordiosa a todos, independientemente de su fe y de su origen, y que se ocupa de las personas que más lo necesitan: los pobres, los enfermos, los marginados y los indefensos. Allí donde la vida está en peligro estamos llamados todavía más a protegerla. Ni la violencia ni la muerte tendrán jamás la última palabra frente a Dios, que es el Dios del amor y de la vida.
Tenemos que pedirle con insistencia para que nos ayude a practicar en Europa, en Tierra Santa, en Oriente Medio, en África y en cada parte del mundo la lógica de la paz, de la reconciliación, del perdón y de la vida.
El pueblo judío, en su historia, ha querido experimentar la violencia y la persecución, hasta el exterminio de los judíos europeos durante el Holocausto. Seis millones de personas, sólo por el hecho de pertenecer al pueblo judío, fueron víctimas de la más inhumana barbarie perpetrada en nombre de una ideología que quería reemplazar a Dios por el hombre. El 16 de octubre de 1943, más de mil hombres, mujeres y niños de la comunidad judía de Roma fueron deportados a Auschwitz. Hoy deseo recordarlos de todo corazón: especialmente sus sufrimientos, sus angustias. Sus lágrimas nunca se deben olvidar
Queridos hermanos mayores, tenemos que estar verdaderamente agradecidos por todo lo que ha sido posible realizar en los últimos 50 años, porque entre nosotros han crecido y se han profundizado la comprensión recíproca, la mutua confianza y la amistad. Recemos juntos al Señor, para que conduzca nuestro camino hacia un futuro bueno, mejor. Dios tiene para nosotros proyectos de salvación, como dice el profeta Jeremías: «Pues sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza» (Jer 29, 11). Que el Señor nos bendiga y nos proteja. Haga resplandecer su rostro sobre nosotros y nos dé su gracia. Dirija sobre nosotros su rostro y nos conceda la paz (cf. Nm 6, 24-26).

¡Shalom alechem!