jueves, 2 de octubre de 2014

ACERCÁNDONOS AL PERDÓN


Queridos amigos:
A las magnificas palabras, los buenos deseos y las bendiciones de todos y cada uno para este año capicua, quiero sumar una historia que es un fragmento de "la Historia" que nos ha convocado, nos convoca y nos une y lo
hago con un relato de un querido sobreviviente de la Shoa que vive en Argentina: Jack Fuchs.
Por la vida!
GracielaNabel de Jinich

Kol Nidrei en Dachau
por Jack Fuchs [1]

Pasaron 70 años desde que fui una sombra en el campo de concentración de Dachau, Alemania. Y todo se olvida mientras que nada pierde actualidad. Hay olores. Hay fechas que hacen recordar y revivir momentos muy traumático, o trágicos y, en estas horas en que se acerca el "Día de Perdón", la fecha más significativa del calendario judío, vuelvo a esa noche en que, después de un día de trabajo, muertos de cansancio; muertos de hambre y llenos de desesperación, alguien recordó que ese era el momento en que comenzaba "Iom
Kipur"; plegaria que se inicia con "Kol Nidrei".
Confieso que, aunque no entendí las palabras, reconocí la melodía de esta súplica que siempre me conmovió y, especialmente, en esas circunstancias, cuando sonaron con intenso dolor . Hoy, como ayer, vuelvo a mi niñez, acompañando a mi padre, en mi ciudad natal, en Polonia cuando, en la sinagoga, la gente pedía perdón por" todos los pecados". Y rogaban ser " inscriptos en el Libro de la Vida".
Pasaron los años y aún no entiendo qué perdón debíamos solicitar cuando, despojados de todo; de la familia, de la casa y hasta de nuestro propio nombre convertido en un numero todavía quedaba el ritual de pedir absolución. Aparentemente la fe o la tradición, o la combinación de ambas, no podía ser anulada. Había, pese a todo, algo que nos era absolutamente propio: una plegaria tan onmovedora como triste. Pasaron los años. Y sigo sin entender cuál fue la intención de un hombre joven, porque la mayoría éramos jóvenes, de arriesgar su vida y pasar un pequeño librito de rezos, escondiéndolo - sin entender aún cómo- dado que lo único con que nos autorizaron a quedarnos fue con nuestros zapatos.
Pasaron los años. Y sigo sin entender cual fue el motivo de esa plegaria y hoy, después de 56 años, me pregunto que sentido tienen las palabras que escribo, ahora. Intento pensar y puede ser el mismo impulso e idéntico sentimiento, tal como fue, probablemente, el de esa persona que no sobrevivió.
Pasaron los años y, aunque soy racional, no encuentro significado que no sea sino una religiosidad sin religión.
Quizás estas palabras sirvan, solamente, para repetir, una vez mas, que no hay nadie, entre muchas familias, para recordar sus nombres. Solamente queda un numero
: 6 millones!

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