martes, 23 de septiembre de 2014

Ponencia de la Lic. María Laura Vargas Valcarcel (Perú)
Experimentando y transformando la identidad en diálogo

*Agradezco mucho la invitación del ICCJ para compartir nuestra pequeña pero significativa
experiencia del Consejo Interreligioso del Perú-Religiones por la Paz, desde donde acompañamos
desde hace tres años un nuevo espacio que es la Confraternidad Judeo Cristiana,
de la que soy secretaria por el lado católico.

*La experiencia del Consejo Interreligioso del Perú-Religiones por la Paz es un espacio
privilegiado de conocimiento mutuo, de cooperación y diálogo entre las diversas tradiciones
religiosas que hay en Lima, y que venimos acompañando desde hace 6 años.

*Acercarnos a la verdad de cada uno, con respeto y afecto, es una experiencia muy enriquecedora
Que solo es posible desde nuestra propia identidad, de esta manera profundizamos en nuestra
propia experiencia de Dios reconociendo que el Misterio de Dios insondable no tiene límites.

*Francisco nos recuerda que “la verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias
convicciones más hondas, con una identidad clara y gozosa, pero abierta en comprender al otro,
sabiendo que el diálogo puede enriquecer a cada uno. No nos sirve la apertura diplomática,
que dice sí a todo para evitar problemas, porque sería un modo de engañar al otro y de negarle el
bien que uno ha recibido como un don para compartir generosamente”. Debemos estar
convencidos que cada uno tiene un tesoro que ha recibido para compartirlo.

*Aunque esta experiencia es joven, he señalado 6 y 3 años respectivamente, es fuente de
inspiración, enriquecimiento y crecimiento en humanidad para cada uno de los que participamos
de ella.
*Encontramos valores que muchas veces están ausentes en nuestra sociedad, que privilegia el
individualismo, el éxito, y la indiferencia ante el otro, sobre todo si es débil y pobre. Desde el
Consejo creemos en el respeto, la acogida y la valoración del “otro”, en especial si es pobre y
necesitado. En cada ser humano, quienquiera que éste sea, encontramos la presencia de Dios
que sale a nuestro encuentro. “Cuando Señor te vimos con hambre…” Es en la común humanidad
donde descubrimos lo que somos, y desde donde tendemos el puente al hermano/a.

*Nuestra experiencia nos ha permitido profundizar en el sentido de nuestra común humanidad,
Tan maltratada en estos tiempos de irracional violencia, de desprecio a quién es diferente y
Descubrir en ella a Dios presente y actuante, con diversos nombres y expresiones: pero sin dejar
de ser el Dios “en quien creemos, nos movemos y existimos”, Dios en todo y todo en Dios, del que
nos habla la eco-teología.


*Esta pequeña e incipiente experiencia peruana, en un país de cultura católica que recién se está
abriendo a la diversidad religiosa, comienza a ser valorada como un aporte para construir un país
más integrado, más consciente y solidario, aunque no es fácil, pues hay factores en contra que
vienen en muchos casos desde dentro de nuestras comunidades, varias veces he escuchado decir
que los no católicos son grupos muy pequeños que no resultan significativos, algo así como no
hay que perder el tiempo. Muchas veces me han dicho que estoy dedicando mucho tiempo a esto,
pero a decir verdad, estoy convencida que es cierto lo que el zorro le dice al principito al
respecto: “lo que hace importante a tu rosa es el tiempo que has dedicado en ella”, este pequeño
trabajo es nuestra rosa en el jardín de la humanidad.

*En el Consejo le damos más peso a la cooperación interreligiosa que al diálogo interreligioso,
quizás porque no todos los que participamos venimos con estudios teológicos, ni tenemos el
mandato de nuestras propias Iglesias para hacer diálogo teológico, pero todos venimos de una
larga práctica de servicio y compromiso, con la justicia, la paz y los derechos humanos,
motivados y alimentados por una convicción religiosa. El desafío es grande, pues vivimos en un
país de mayoría católica que se siente garante de nuestra identidad, se considera que la Iglesia
católica es una de las “instituciones tutelares” de la República. Otro elemento a considerar para
ver la importancia de un trabajo interreligioso es que en el Perú tenemos una larga y dolorosa
experiencia de discriminación a todo nivel, incluso religiosa, por ello esta experiencia nuestra
resulta tan significativa y va siendo reconocida y valorada tanto al interior de las comunidades
de fe como de la misma sociedad limeña. La experiencia del reconocimiento en el Acuerdo
Nacional, es significativa al respecto, como la que venimos recibiendo de otros espacios sociales
y del mismo Estado.

*Desde estas pequeñas experiencias nos abrimos a nuevas formas de entendimiento y relación,
hemos perdido el miedo a lo diferente y más bien nos hemos abierto a la posibilidad de construir
juntos algo nuevo que nos exprese a todos/as y que aporte a un mundo más humano y a nuevas y
renovadas relaciones con los otros, con la naturaleza y con Dios mismo.

*Quizás una de las cosas más importantes de estos años ha sido, que la experiencia del encuentro
nos remite a nuestra propia experiencia religiosa, a valorarla de una manera nueva y a profundizar
aquello que da razón a nuestra vida y esperanza, desde la “otredad” nos descubrimos en nuestro
ser más profundo y real, y más que conflicto descubrimos enriquecimiento y novedad.

Grandes ejes de nuestra experiencia
Tomamos como base lo planteado por el padre Javier Melloni, S.J.

1.- Respeto profundo
Lo primero que hemos descubierto en este caminar como creyentes es que no es posible este
Camino si no partimos de un respeto profundo y reverencial. Cuando se trata de seres humanos,
e incluso de toda la creación de Dios, estamos en terreno sagrado, no podemos caminar sino
descalzos, pues lo sagrado es el lugar de Dios, hablamos pues, que lo nuevo: el otro es “lugar
teológico” que nos invita a la contemplación, al silencio y a una mirada panorámica, holística,
a ver como Dios ve, escuchando, valorando, y en el fondo amando a cada uno cómo cada uno es,
reflejo y expresión de su propio ser divino, pues todo ha sido creado por Él con infinito amor,
como lo recuerda el libro de Sabiduría. “Amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que
hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Y cómo subsistiría algo si tú no lo quisieras?
Si no [hubieran sido] llamadas por ti, ¿cómo permanecerían?. Pero tú eres indulgente con
todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amigo de la vida. Tu espíritu incorruptible está,
efectivamente, en todas las cosas”. (Sab 11)

2.- Aprender a convivir.-
El reconocimiento del otro diferente en un mundo tan roto y dividido, donde se recela, se
sospecha, se duda, se margina y discrimina al “otro” diferente es fundamental. La diferencia no
debe ser más razón de sospecha, sino una invitación al encuentro y al diálogo, Melloni, uno de las
grandes expertos en el tema por el lado católico, habla de la diferencia como “lugar teológico”,
Dios está presente en el otro, y en el encuentro con él vemos una invitación a salir de uno mismo
Para construir humanidad. Creo que esta experiencia nos ayuda a sentirnos y sabernos parte de la
Única familia humana, eso hoy día es fundamental para quienes nos reconocemos como personas
de fe.
Esto que parece tan sencillo no es fácil, pues venimos de siglos de sospechas, de discriminaciones
De acusaciones y desprecios que se han bebido en la leche materna y van formando una cultura,
hay que nadar contra la corriente, no porque es una moda, sino porque es absolutamente
necesario si queremos vivir como familia humana.
Es necesario reconocer que el otro es para mí “sacramento”, signo visible de la presencia de
Dios. Tenemos hoy día tantas situaciones en juego que nos exigen una apuesta por este camino.
“Las religiones están llamadas a testimoniar que la auténtica experiencia espiritual es un fuego
purificador y trasformador que nos hace salir de uno mismo, relativiza el yo y lo mío; la experiencia de
Dios es fuente de ternura y de humanización que fecunda por dentro la convivencia humana,
Dándole una calidad insospechada”

3.- Nos une la causa de la justicia y la paz
En este tema se juega nuestra humanidad compartida, nada ni nadie puede apartarnos de este
camino de la justicia y de la paz. De hecho, luchar por la justicia para todos es una primera manera de
expresar nuestro amor, si amo a alguien lo primero que quiero es que haya justicia para él o ella.
La sensibilidad y el cuidado por los más pobres y desfavorecidos, que en el catolicismo se expresa
en lo que llamamos la opción preferencial por los pobres, ha de ser un rasgo distintivo de personas
de fe. Hace poco tuvimos la experiencia como Consejo y Confraternidad de visitar con la primera
dama tres obras sociales de comunidades religiosas, una evangélica, una católica y una judía para
lograr un acercamiento al gobierno que nos ayude a discutir algunos temas pendientes en la
agenda, como son el reglamento de la ley de libertad religiosa e incluso la misma idea de
discriminación, donde lo religioso no se considera un aspecto a trabajar. Luego de la visita,
tuvimos la oportunidad de sentarnos a una pequeña evaluación de la experiencia y la primera
dama resaltaba no solo un trabajo profesional impecable frente a situaciones muy duras, sino la
mística y el compromiso tan evidente por transformar situaciones de vulneración de derechos en
situaciones de esperanza y vida, ese es nuestro aporte como personas de fe desde nuestras
diferentes tradiciones religiosas.
En Evangelli gaudium el Papa Francisco nos recuerda que el diálogo interreligioso es una condición
necesaria para la paz en el mundo y que por tanto los cristianos han de sentirlo como un deber, y
nos recuerda que es en primer lugar una conversación sobre lo humano. De esa manera podremos
asumir juntos el deber de servir la justicia y la paz, que debe convertirse en el criterio básico de
todo intercambio.

4.- Adoración y silencio compartidos
Cada experiencia religiosa nos lleva en última instancia al encuentro con el Misterio último, que
muchos llamamos Dios, descubrir que en nuestra identidad más profunda Dios se hace presente,
nos pide silencio y adoración, ya no hay palabras para expresarlo, es algo así como lo que Job
siente al final del interrogatorio de Dios: “Antes te conocía de oídas, ahora te han visto mis ojos y
cae en silencio reverente y en adoración”.
El encuentro y diálogo con el hermano nos pide hacer silencio, Melloni habla que los creyentes
estamos llamados a “ser seres transfigurados, habitantes del silencio y a la vez hermanos
apasionados por los otros hermanos”. Más allá de nuestras propias tradiciones debemos hacer que
nuestras vidas sean portadoras de Dios, irradiando su presencia.
“Un encuentro interreligioso es una ocasión y una invitación a una experiencia mística, donde
unos y otros compartimos una común adoración ante el Ser de quien todos recibimos nuestro ser”.

Muchas gracias
Laura Vargas
Consejo Interreligioso del Perú-Religiones por la Paz y Confraternidad Judeo Cristiana del Perú, Justicia, Paz e Integridad de la Creación de la Sociedad Misionera de Padres de San Columbano.

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