martes, 9 de septiembre de 2014

EXPOSICIÓN PRONUNCIADA EN LA PRE-CONFERENCIA DEL DÍA LUNES 18 DE AGOSTO EN EL HOTEL ABASTO PLAZA, POR:

ANDREA HOJMAN,  Lic. en Teología, con especialización en Sagrada Escritura
Por la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina -UCA-

DIÁLOGO JUDEO CRISTIANO EN LA ARGENTINA

Imágenes y escenas del diálogo Judeocristiano en la Argentina


Introducción

Presentar un panorama del diálogo judeocristiano en la Argentina es una pretensión algo desbordante, no sólo por su propia complejidad en cuanto a actores, escenarios y a estilos se refiere, sino también por la parcialidad y provisionalidad de la experiencia.

Lo que sí me parece conveniente hacer es poner ante la vista y consideración de ustedes una serie de imágenes, de cuadros o fotografías, de escenarios poblados, históricamente situados, pero que -entiendo- tienen la capacidad de conducir y hacer sospechar realidades más amplias. A la vez, estos cuadros tienen dentro varias tensiones y contradicciones que se presentan como desafíos para seguir andando este camino de pintar cuadros renovados para los nuevos escenarios.


El diálogo JC en Argentina es un proceso de varias décadas y que ha sido y es llevado adelante por personas y colectivos con distintos grados de institucionalización y guiados por objetivos e intereses variados. Están las instituciones oficiales (como las dependientes de diversas Iglesias cristianas evangélicas; de la Conferencia Episcopal Argentina, de Iglesias locales católicas o de Congregaciones religiosas; de Seminarios de formación rabínica, pastoral, bíblica o teológica). Están también las instituciones laicales (como la B’nai B’rith).
Esto sugiere que las actuales instituciones de cualquiera de nuestras tradiciones entienden que el diálogo JC tiene que tener alguna canalización en sus respectivas estructuras. En este panorama resalta con nitidez la originalidad de la Confraternidad Argentina Judeo Cristiana, por ser el único colectivo que se constituye como tal por la participación de miembros de las distintas tradiciones y cuya dinámica no depende de las prioridades institucionales de cada una de ellas.
Pero también existen muchas iniciativas, menos o nada institucionalizadas que, por lo mismo, tienen algo de inasible y permanecen escondidas a nuestros ojos. Tal vez, tengamos aquí un primer desafío (que luego retomaré).


1º imagen
La primera imagen es casi un escenario, un telón de fondo, en el que se fueron conformando las notas de la particularidad histórica del diálogo en nuestro país. Se trata de una trama conformada por actores concretos actuando en su vida cotidiana y dando lugar a lo que serían algunos hitos socio-históricos que hicieron de la Argentina un lugar peculiar de encuentro entre judíos y cristianos.
Las distintas oleadas de migración judía hacia la Argentina fueron haciendo de nuestro país en general y de Buenos Aires en particular, un territorio privilegiado de asentamiento. Ya en 1860 comienza a visibilizarse una pequeña comunidad que constituyó la Congregación Israelita de la República. Hacia finales del siglo XIX un contingente de judíos proveniente de Europa del Este llegó huyendo de la pobreza y los pogroms. Entre 1906 y 1912, la oleada inmigratoria se incrementó notablemente, sobre todo con componentes ashkenazis y con un menor número de sefaradíes. Para 1920 vivían en Argentina más de 150.000 judíos.
La próxima afluencia importante se registrará en la guerra-postguerra. Entre 1930 y 1949 la Argentina recibió 35.000 refugiados de guerra y perseguidos por motivos raciales. Pero estos fueron también años de emigración, en los que partieron más de 45.000. Más tarde, con la crisis económica y política de fin del siglo XX, muchos otros emigrarían especialmente a Israel. Según estimaciones, en el año 2006 vivían en el país 250.000 judíos.
Llegados a estas tierras tradicionalmente católicas encontraron diversos escenarios. Desde amplias posibilidades para arraigarse, trabajar, vivir su fe y formar instituciones, pasando por los prejuicios comunes hacia todos los migrantes, hasta la estigmatización y el desprecio que propulsó numerosos actos de violencia antijudía. Esta última situación se relaciona con un hecho particularmente grave: la existencia de una matriz católica argentina antijudía conformada por imágenes, ideas, sensibilidades y actitudes, transmitida a través de vínculos e instituciones como parte del patrimonio cultural, que alternó entre períodos de latencia y de irrupción en determinadas coyunturas socio-políticas.  
Durante los años del terrorismo de Estado (1976-1983), la prédica antijudía, ya conocida desde los años ’20, se reeditaba con nuevas expresiones. La persecución y desaparición de judíos por el sólo hecho de serlo, derivó en una marcada sobrerrepresentación entre los detenidos-desaparecidos, en relación al total de la población judía en el país. Testimonios convergentes señalan que muchas veces la violencia verbal y física estuvo directa y explícitamente ligada a la “defensa” de la identidad cristiana y la tradición católica argentina. Se pretendía “preservar” a la nación católica libre del enemigo y la “peste” de los judíos. Era frecuente que durante las torturas se asociara simbólicamente la cruz y la esvástica, que se escucharan viejos y nuevos slogans antijudíos, llenando una vez más tanto los muros como los discursos.

2º imagen
Este mismo clima, tan bestial como desafiante, provocó la inquietud de personas y grupos, despertando, aun entre temores, respuestas audaces. Bajo la inspiración del concilio vaticano II, comenzaron a aunarse voces y a nuclearse acciones buscando trazar caminos verdaderamente nuevos. Con este impulso surgió el Grupo Encuentro que, entre 1976 y 1988, buscó tender puentes de conocimiento recíproco y potenciar  la acción común. Los rabinos Rubén Nisemboim, Marshall Meyer, León Klenicki, la Hna. Alda (de Ntra. Sra. de Sión) y el presbítero Andrè Bacqué estuvieron entre sus principales referentes. Las motivaciones que aunaron al grupo apuntaban a distintos niveles del diálogo judeocristiano: la promoción del respeto y el conocimiento mutuo, la liberación de caricaturas y la lucha contra la discriminación; la acción social conjunta; las experiencias de oración y participación en la vida litúrgica de ambas comunidades; la reflexión sobre la fe, las Escrituras y la figura de Jesús de Nazaret.

Con estos antecedentes, con el padrinazgo de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de Sión, la B'nai B'rith Argentina y el Seminario Rabínico Latinoamericano se fundó la Confraternidad Argentina Judeo Cristiana. Su primera asamblea general se efectuó en el Seminario Rabínico Latinoamericano el día 16 de mayo de 1995, constituyéndose como una Asociación Civil sin fines de lucro. Desde ese momento hasta el día de hoy la presidencia y la comisión directiva estuvo integrada por judíos y cristianos de distintas denominaciones.

3º imagen: Educación en el diálogo y diálogo teológico
Una de las imágenes preponderantes en el transcurso de estos años hasta el día de hoy son las reuniones para la formación en el diálogo. La convicción de que las enemistades y desencuentros tienen su raíz en el desconocimiento del otro llevó a impulsar diversas iniciativas para fomentar la educación en el diálogo.
Estas iniciativas involucran un amplio abanico que comprende: talleres en colegios secundarios y con grupos de adolescentes y jóvenes; formación de formadores (como los encuentros de jóvenes estudiantes de teología judía y cristiana; o la inauguración de una materia sobre el diálogo juedeocristiano como espacio curricular en instituciones educativas de teología en el nivel superior y universitario); conferencias y talleres sobre distintos temas (sólo para mostrar su diversidad: el Jesús Judío; relaciones judeocristianas en los primeros siglos de la era común; los ritos de iniciación del Bautismo y la Circuncisión; la teología de Pesaj y Pascua; la cuestión del Mal; las concepciones sobre bioética; la discriminación; la religiosidad popular; el compromiso político de los creyentes).
Un hito significativo fue la organización del I Simposio Internacional de teología cristiana celebrado en Buenos Aires, entre los días 15 y 17 de mayo de 2006. La temática abordada fue: “El Holocausto-Shoá. Sus efectos en la teología y la vida cristiana en Argentina y América Latina”.


4º imagen: Liturgias en diálogo
En el ámbito de la espiritualidad y la ritualidad se realizan encuentros de oración con los Salmos, jornadas interreligiosas de oración por la paz, conmemoraciones en el aniversario de la Kristallnacht o Novemberpogrome. Se propicia la participación de cristianos en las celebraciones litúrgicas judías y viceversa, como un modo de diálogo vital y activo.
La comprensión del lugar litúrgico y celebrativo como un espacio privilegiado para acercarnos, conocernos, celebrar la vida del otro y enaltecer la cooperación mutua.

5º imagen: Diálogo en la vida política
Algunas iniciativas conforman este cuadro, tales como la participación en la Mesa de Diálogo Argentino, una experiencia surgida en el año 2001, en el escenario de la tremenda crisis que resultó de décadas de neoliberalismo en la Argentina, en la que se convocó al diálogo a los diversos actores sociales.
Complementan esta imagen un sinfín de pronunciamientos ante diversas coyunturas sociales, políticas y religiosas. Y la participación en actos de conmemoración de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA.

6º imagen: Hacia un foro de confraternidades latinoamericanas
Diversas instituciones dedicadas al diálogo en distintos países de América Latina vienen tejiendo lazos fraternos, se comparten estrategias y acentuaciones propias de cada realidad, lo que permite aprender unos de otros en la diversidad. Así puede describirse el encuentro que tuvo lugar en la ciudad de Montevideo en diciembre de 2009.

Imágenes aun por dibujar
Todas estas imágenes no son estáticas y no están exentas de importantes tensiones. Creo que justamente en estas tensiones radican algunos desafíos para el futuro, como imágenes que esperan ser dibujadas o matices de color y movimiento que los contextos actuales nos reclaman. Las presento a modo de sugerencias o provocaciones…
1
Ante todo, se trata de buscar caminos para posibilitar que esta propuesta de diálogo pueda llegar capilarmente a los miembros de las comunidades y a las personas interesadas, evitando quedar encerrados en círculos excesivamente estrechos, entre los representantes o ministros de cada familia religiosa (clérigos, rabinos, pastores), o en acciones demasiado formales-diplomáticas.
El ámbito de la predicación y la catequesis, la revisión de planes y materiales educativos, las iniciativas laicales, el ahondamiento en la formación de formadores serían algunos de los caminos privilegiados para este objetivo.
Permítanme un ejemplo: es evidente que un diálogo institucional puede ser muy fecundo. Basta mencionar la presencia de rabinos y colectivos judíos argentinos en importantes iniciativas internacionales a partir del nombramiento del card. Bergoglio en el Pontificado. Sin embargo, esto también puede conllevar limitaciones. Los entendimientos entre dirigentes necesitan de mediaciones para poder expandir el influjo del diálogo a sectores más amplios y menos especializados. Los éxitos logrados en lo primero pueden ser efímeros si no cuentan con continuidad en otros planos y escalas.
2
En segundo lugar, enfrentamos la cuestión de la trasmisión y cambio generacional. La sintonía con los jóvenes y sus peculiares acercamientos a las cuestiones religiosas e interreligiosas necesitará abordajes y actitudes que no pueden ser simple repetición de las que impulsaron a los pioneros ni a los actuales involucrados. Esto requiere amplitud y coraje para dejar a la creatividad y a los intereses de los propios jóvenes el diseño, la organización, la implementación y la evaluación de sus propias iniciativas. Seguramente, implicará la inclusión de nuevos protagonistas y la modificación de muchos criterios, actividades y estilos.
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En tercer lugar, en las imágenes presentadas deberíamos poder ver, también, las heterogeneidades al interior de cada una de nuestras comunidades. Las convocatorias podrían incluir a colectivos menos convocados hasta el momento: otras iglesias cristianas, otras congregaciones religiosas católicas, otras instituciones y agrupaciones del judaísmo… Es decir, entiendo que nos enfrentamos al desafío de pasar de hablar “del diálogo en Argentina” a “los diálogos”, como distintas iniciativas y espacios, contemporáneos, superpuestos y en mutua colaboración, con diversas formas y estilos, según sean los actores involucrados.
Otro aspecto de estas heterogeneidades internas es que, frecuentemente, dan lugar a ciertas luchas por la legitimidad. Se plantea la cuestión de la interpretación en torno a qué instituciones o qué personas reúnen el liderazgo moral o intelectual necesario y son vistas, por ende, como más capacitadas, o con mayor “derecho” a dialogar o a representar a los colectivos que integran.
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En cuarto lugar, nos desafían los nuevos fundamentalismos religiosos. Los prejuicios y los obstáculos más duros aparecen a veces, precisamente, en el interior de nuestras comunidades; al tiempo que se tejen transversalmente alianzas entre los sectores más conservadores de cada una de ellas. Las identidades ya no se juegan en los tradicionales binomios “judíos-cristianos”, sino entre “grupos fundamentalistas cristianos-fundamentalistas judíos” o “dialogistas cristianos-dialogistas judíos”. Esto es tan complejo e inédito que, frecuentemente, nos es más fácil dialogar y tenemos más puntos de encuentro entre un cristiano con un judío, que un cristiano con otro cristiano/un judío con otro judío… Esto me lleva a preguntar: cuál es el diálogo que reclama el momento presente? qué puentes nuevos es preciso trazar? qué puentes son imposibles de trazar?
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Un ulterior desafío es el de abrir espacio a un diálogo sincero y respetuoso en lo referente a la cuestión política de Israel-Palestina, de lamentable dramatismo en estos días. Este nivel del diálogo requiere que los participantes adquiramos una clara conciencia de la distinción entre “pueblos”, “estados” y “gobiernos”. Sólo esta distinción podrá ayudarnos a responder, por un lado, a nuevos rebrotes de antijudaísmo y, por el otro, a habilitar un espacio de debate frente a la actual coyuntura de política militar en el Medio Oriente. Nuestra existencia en un mundo cada vez más interdependiente y complejo reclama, no sólo una palabra por la paz, sino también una comprensión más lúcida de la realidad y -por qué no- alguna acción concreta.

Muchas gracias.

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