domingo, 11 de mayo de 2014

El padre Carlos Mugica. A 40 años de su muerte.

Publicado en Valores Religiosos online, el 8 de mayo de 2014
  Autor: P. Ignacio Pérez del Viso *



 Hace 40 años fue ametrallado el P. Mugica. Lo conocí en el seminario y después en la universidad del Salvador, donde él era profesor de teología y yo director del departamento. Para los más tradicionales, era un cura conflictivo, amigo de guerrilleros. Para los renovadores, era un sacerdote auténtico, comprometido con los marginados.

Yo lo veía como un hombre muy consciente de su vocación, aunque pienso que debería haber guardado más distancia del accionar político, entonces muy conflictivo. Las categorías de pueblo y anti-pueblo que llevaban a opciones en favor de las "inmensas mayorías", hoy han perdido vigencia. Quien vota por un partido minoritario no es visto como integrante del “anti-pueblo” sino como constructor de la democracia. Pero Cámpora y Perón emergen aún hoy como símbolos opuestos del pueblo.

Carlos trabajaba en la Villa pero era también un profesor universitario que atrapaba a sus oyentes. En 1970 recibí un petitorio, firmado por los alumnos de un curso de Derecho, pidiendo continuar con él como profesor al año siguiente. No se limitaba a exponer ideas. Presentaba problemas, que exigían compromisos. Sin embargo, ese estilo de sacudir las conciencias no lo llevaba a tirar por la borda los esquemas tradicionales. En las reuniones mensuales de profesores mostraba interés por rescatar los valores de personas alejadas de la religión, sin sacrificar por ello los principios.

Mugica no perdía tiempo en aclarar sus frases de combate. Yo discrepaba con él por eso. En una ocasión cedió y firmó una declaración a los diarios, que yo le había redactado. En otra, un juez lo encarceló por “apología del delito”, al ponderar a dos jóvenes guerrilleros muertos en un enfrentamiento. Pero cuando el juez escuchó las grabaciones hechas por la policía, vio que le atribuían algo que no había dicho y dispuso su libertad.

En otra ocasión, Carlos fue sancionado por el arzobispo de Buenos Aires  por sus expresiones chocantes, con 30 días de suspensión como sacerdote. Fui a pedirle al cardenal Aramburu que le redujera la sanción, para evitar problemas con sus clases de teología. El arzobispo se agarró la cabeza y me respondió: ¡Padre, no sabe Ud. lo que me han pedido! Con todo, tuve la impresión de que el cardenal lo quería a Mugica y esperaba que con esta “leve” sanción calmaría a los opositores. Al mismo tiempo me sorprendió la serenidad interior de Carlos durante esos 30 días. No expresó resentimiento contra el cardenal, a quien sentía como su padre en la fe.

Creo que Carlos tuvo un presentimiento de cómo terminaría su vida. En esos momentos de confusión, su figura resultaba molesta para muchos, de un lado y de otro. Pero no se ocultó, no se expatrió. Su fe fue superior al miedo. Puso su vida en las manos de Dios. Pastores como el padre Mugica y el obispo Angelelli nos recuerdan que debemos ser libres al dar testimonio de nuestra fe en favor de la justicia.


* Profesor en la Facultad de Teología de San Miguel

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