domingo, 20 de abril de 2014

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!


EL PASO DEL SEÑOR
P.Hugo M. Pisana SJ

La palabra «pascua» llega a nosotros desde el hebreo (pāsaḥ), pasando por el griego (pasja) y el latín (pascha); primero significa «saltear» o bien «pasar de largo», y luego se sustantiva en el nombre de la fiesta judía de Pésaj y de las víctimas que se ofrecían y compartían en dicha fiesta. El sentido religioso y espiritual del término, la fiesta y su contexto bíblico están muy bien actualizados en este blog por el rabino Marcelo Polakoff y el padre Aldo Ranieri.

Cuando los cristianos celebramos la Pascua de Jesús nos ponemos frente al hecho de sus padecimientos (en griego «padezco» se dice «pasjon»)  y resurrección, pasando (de largo) por la muerte; y al decir que el Señor Jesús pasó de largo quiero hacer referencia a lo que expresa mejor Simón Pedro, amigo y apóstol de Jesús, cuando anuncia con alegría que Jesús de Nazareth fue librado de la muerte al ser resucitado por Dios.

En la pascua cristiana celebramos que Dios todopoderoso y eterno no pasa de largo de la realidad de nuestras vidas; él se hizo uno de nosotros, tan de carne y hueso como cualquiera. En nuestras mismas condiciones humanas Jesús amó a Dios Padre y a las personas hasta las últimas consecuencias; las cuales lo enfrentaron con los poderes que siempre se han opuesto al amor verdadero porque lo consideran una amenaza; y el Padre hizo pasar a Jesús muerto a la vida plena, sin límites.

Celebramos que este camino de Jesús ha quedado abierto para todos los que quieran seguirlo; a la luz de esta celebración festejamos el consuelo de saber que los padecimientos de nuestra vida, los que son afrontados en el amor por Dios y las personas; o que nacen de nuestro compromiso con el amor a Dios, a quien no vemos, y a las personas que sí vemos, son sufrimientos como los de Jesús; no son padecimientos inútiles, que se desvanecerán; son una apuesta por la vida que no pasa jamás.

En la Pascua celebramos que Dios Padre nos invita a transitar por este mundo, por esta etapa de nuestra vida eterna, mirando y escuchando con atención a las personas, sin pasar de largo de sus pedidos y necesidades; alentados por la esperanza de que hay quienes también escuchan y prestan atención a las mías.

Celebramos con gestos que expresan la vida que de Jesús resucitado pasa a nosotros: la luz, enfrentada y venciendo a la oscuridad; el agua bendecida, que deseamos recibir para que nos proteja de los males que acechan y para que nos aliente a ser portadores de bien; el abrazo y beso fraterno, reactualizando el apoyo y consuelo que nos da el Espíritu de Jesús Resucitado.


La fuerza del poder del Padre, que nos desata de los lazos de muerte tal como al Señor, se hace actual cada vez que celebramos partiendo el pan en nombre de Jesús; ritualmente y efectivamente. La actualización ritual es llamada Cena del Señor, Misa, Eucaristía; la actualización efectiva recibe el nombre de caridad; dos caras de una única realidad. En la Pascua Jesús resucitado nos sale al encuentro para invitarnos a participar de su gozo; para consolarnos con su alegría; para que entremos a su banquete donde nos da el privilegio de ofrecer nuestra vida y nuestro pan, en nombre suyo, a quienes los necesitan. 

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