jueves, 28 de noviembre de 2013

TIEMPO DE ADVIENTO

 Para que  los Cristianos, lo hagamos nuestro.
Para que Nuestros Hermanos Mayores, sepan de que se trata.



TIEMPO DE ADVIENTO
Monseñor Oscar Ojea
Obispo de San Isidro
Comenzamos el tiempo de Adviento, que es el tiempo de la espera del Señor. Es como ir escuchando los pasos cercanos del Señor que viene a visitarnos, que el Señor viene a acompañar toda la vida humana para bendecirla y llenarla de Dios.
En este Adviento el lema que tenemos para preparar la Navidad  es “Cuidemos a Jesús que nace en el pobre”, en cada pobre. El Señor quiso nacer pobre, vivir pobre y morir pobre.
No se  hizo pobre sino por elección fue pobre, eligiendo la pobreza como modo de vida.
Pero, qué es la pobreza, qué son los pobres. Nosotros cuando pensamos esto, de modo inmediato pensamos en aquellos hermanos nuestros a quienes les falta lo indispensable para vivir. Pensamos en aquellos que les falta alimento, que les falta ropa, que tiene una vivienda que nos es digna de la persona humana y en este sentido vemos la pobreza como una carencia. Jesús va a inaugurar un nuevo sentido de pobreza que es la pobreza evangélica, que es la pobreza significada en el que lo da todo, en el que entrega todo. Por eso “felices los pobres porque de ellos es el Reino de los Cielos”.
Volvamos a la pobreza como carencia, “Cuidemos a Jesús que nace en el pobre”.
Esta pobreza como carencia tiene este aspecto más tradicional en su modo de considerarlo.
El que no tiene que comer, el que no tiene cómo vestir, el que no tiene lugar y espacio para vivir.


Hoy han surgido en el mundo, en las grandes ciudades, especialmente alrededor de este Gran Buenos Aires, nuevas pobrezas. Una nueva pobreza que nos ha golpeado hondamente en los últimos años y que atraviesa de un modo transversal todas las situaciones sociales, es la droga. Las adicciones se inscriben dentro de un contexto de una sociedad adicta, es decir de una sociedad que mira para otro lado. El adicto es el que no habla, podemos decir el que niega, el que no ve o no quiere ver. Entonces tenemos también evasiones en este sentido que tienen que ver con la adicción a la velocidad, a las maquinitas de juego, a todo lo que tiene que ver con la imagen, al mundo virtual, a la computación, a veces al trabajo, la adicción al alcohol. Y en este contexto la adicción a la droga.
El tema de la droga, el consumo de la droga, nosotros juzgamos que es una nueva pobreza porque está deshaciendo el espíritu y el sentido de la vida de nuestros jóvenes. La droga no solamente destruye las neuronas del cerebro, la droga destruye “hacia dónde va mi vida”.
Por eso nosotros creemos que en nuestro mundo del Gran Buenos Aires, las adicciones son una nueva pobreza que generan otras pobrezas que llamamos nuevas pero que de alguna manera son de siempre pero que están generadas por este consumo, por eso muchísimas veces la violencia tremenda en la que estamos sumidos. La lucha entre las bandas. La lucha entre las bandas de jóvenes y la policía. La delincuencia. La necesidad de armar para robar para seguir consumiendo. Nuestras cárceles están pobladas de muchachos y chicas adictos que al quedar presos hacen, necesariamente, el síndrome de abstinencia. Todo esto significa una gran pobreza, una gran falta del sentido de la vida. La falta de afecto, la falta de referencia familiar. Muchos chicos nuestros que están sumidos en la droga no tienen referentes familiares. Al vivir la falta de afecto no tienen modo de salir sino a través de grupos de trabajo que puedan de un modo humano, cristiano, cercano,  a través de la cultura del encuentro diría nuestro Papa Francisco, evitando toda evasión, evitando todo modo de negar el problema y refugiarse autoreferencialmente en uno mismo, el mundo cercano de la cultura del encuentro que les puede hacer sentir que son queridos, que valen, que son valiosos, entonces poder recomenzar un camino nuevo. Poder encontrar en ellos mismos aquellas cosas valiosas que hacen que su vida tenga sentido. Poder volver a encontrar la posibilidad de un trabajo, que es dignidad, y que les devuelve el sentido de la vida y poder reinsertarse de un modo inclusivo en el campo social.
Esta pobreza genera violencia. Y este tipo de violencia también es un nuevo modo de pobreza. Esta pobreza genera también o aumenta el tema de la trata de personas que en nuestro país es muy importante. También a esto llamamos nuevas pobrezas.
 Y para poder enfrentar las nuevas pobrezas que son carencias, que no tienen que ver con la pobreza evangélica, sino que son carencias que rebajan hondamente la dignidad de la persona humana, para poder enfrentar las nuevas pobrezas es necesario nuevas estrategias, nuevas miradas, poder articular los trabajos, darnos cuenta que estamos enfrentando un fenómeno de alcances enormes, que no podemos hacerlo solos, que son fenómenos que no tienen solo un aspecto, que no se pueden ver solo desde la seguridad entendida la seguridad como represión al delito, que hay que atenderlos también considerando todo el problema enorme de la educación, de la familia, de la inclusión social, de la salud.
Es necesario tratar a este tema de un modo global y aproximarnos de un modo global.
Queremos estar junto a nuestros hermanos más pobres, los jóvenes en riesgo y nuestra población vulnerable, significa hoy una prioridad para la iglesia. Nosotros los obispos hemos sacado un documento en donde expresamos con muchísima claridad a través de un texto de Pablo, la convocatoria a todos los hombres de buena voluntad que tengan pasión por el bien y horror por el mal, decía Pablo.
Todos los hombres unidos en esta pasión por el bien, tenemos que articular nuestra tarea para poder enfrentar un enemigo grande, un enemigo poderoso que está segando la vida de nuestros jóvenes, que está obscureciendo el futuro de nuestro país que tiene la gran oportunidad, a través de su creatividad, a través de su clase dirigente, a través de cómo poner en juego los talentos que podemos haber recibido, de cómo recomponer juntos, dentro de esta sociedad adicta en la que vivimos, una sociedad que vaya creando una cultura del encuentro y que se abra a una aceptación valiente de la realidad, superando esta especie de cuello de botella en que nos encontramos en las grandes ciudades de América Latina y en particular en nuestro Gran Buenos Aires.
“Cuidemos a Jesús que nace en el pobre”. Qué bueno que en esta Navidad podamos tener un gesto de cercanía en la oración, en el pensamiento, en la preocupación por tantos hermanitos nuestros que están castigados por este flagelo. Que podamos encontrar el modo de acercarnos y de aportar aquello que es lo mejor de nosotros para poder, junto a estos nuevos pobres, construir un mundo más humano y más cristiano.
Que Dios los bendiga y que podamos ir llegando a la Navidad creciendo nuestra esperanza a través de los actos de caridad que vienen como a limpiarnos la mirada, como un  parabrisas nuevo y, a través de este cambio de mirada, hacernos mirar el mundo de otro modo porque el Señor está cerca de nosotros y vamos escuchando sus pasos que ya vienen, que ya llegan, para que la vida humana nunca esté sola sino siempre esté acompañada por él.
Que Dios los bendiga.


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