sábado, 23 de noviembre de 2013

JANUCA


Rabina Graciela Grymberg

25 de Kislev al 2 de Tevet 5774

Januka tiene un encanto especial, porque nos da la oportunidad de encontrarnos durante ocho días alrededor de las luminarias,
a padres e hijos.

Este año estaremos comenzando el encendido de la primera vela el Miércoles 27 de Noviembre al anochecer y a partir de allí encenderemos una vela más cada día, durante 8 días.

Un cuento para compartir

Los dos candelabros de Januka
Shmuel Iosef Agnon

“El candelabro de Januka en nuestro Beit Hakneset era de estaño y tenía grabado en su pie, además de las bendiciones de Januka, el beit Hamikdash.
Cada uno de sus porta velas era ancho y profundo, con un borde hacia afuera.
Durante el año solía estar colgada la janukia en la pared del norte, con otros utensilios. En vísperas de Januka, el shamesh de la sinagoga, se ocupaba de acondicionarla para la fiesta. La limpiaba, la lustraba y la apoyaba sobre la mesa, con el aceite en cada porta velas, lista para ser encendida.
Sucedió un año, dos semanas antes de Januka, el Shamesh quiso hacer lo que hacía todos los años: preparar  el candelabro de Januka para la fiesta.
Sus pies lo llevaron a la pared del norte, pero hete aquí, la janukía no estaba en su lugar. Buscó en todas partes. El candelabro no aparecía.

Trascendió la noticia en el pueblo, llegando a oídos de los pequeños estudiantes del jeder. Los niños tuvieron una idea salvadora: reunir sus sevivonim (perinolas) de Januka que eran de plomo y hacer con ellos un candelabro.
De inmediato se movilizaron, juntaron sus sevivonim y se los llevaron al artesano del pueblo, a quien prometieron pagarle su trabajo con las monedas que iban a recibir de sus padres y familiares para Januka (januka guelt).

Apenas pasaron dos días y el artesano ya tenía listo el candelabro que los chicos le encargaron. Ellos lo tomaron y lo llevaron al Templo. A la noche pudieron estrenarlo con la primera vela.

Pasó el tiempo. Se acercaba Pesaj. En el Templo se realizaban los preparativos habituales, y como era costumbre, una limpieza bien a fondo.
En eso, debajo de un banco apareció el candelabro de Januka perdido.
Lo levantaron y lo colgaron en su lugar.
Cuando pasaron los meses y se acercaba la fiesta de Januka, como todos  los años el Shamesh preparó el viejo candelabro para encenderlo la noche de fiesta.
Y sucedió que los ancianos del Templo opinaron lo siguiente:
Los niños, que  renunciaron a sus sevivonim y además entregaron su dinero de  Januka para reemplazar el candelabro perdido, merecen ser premiados por su esfuerzo, hay que encender ese candelabro en las noches de Januka.

De ese modo se instituyó la costumbre de encender el candelabro de plomo en las noches de Januka, aun cuando el tradicional recuperado, era más lindo.
Desde entonces, la luz de los pequeños alumbra cada año, en la noche de Januka”.

Cada año al encender las velas de Januka y hacerlo junto a nuestros hijos, no solo encendemos las velas de la festividad, sino que encendemos la luz de la espiritualidad y del pasaje  de una generación a otra de una luz que comenzó hace  casi 4.000 años en un encuentro entre Abraham y nuestro Creador.

Hoy la luz sigue iluminando nuestras vidas y la de nuestras familias y así seguirá cada vez que las encendamos.

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