martes, 26 de noviembre de 2013

Jánuca: combatiendo la oscuridad


Rabino Ioni Shalom

La festividad de Jánuca recuerda la salvación del pueblo judío hacia el Siglo II a.e.c., la recuperación de la independencia y el ejemplo de autodeterminación de los pueblos. Jánuca rememora la lucha por mantener la propia identidad sin imponerla al otro. Jánuca, recuerda que cuando Israel recuperó el Beit haMikdash (el gran Templo de Jerusalem) de mano de los griegos y lo purificó, encontró allí tan solo una vasija de aceite para mantener viva la llama que debía arden dentro. Aquel aceite alcanzaba solo para un día. Sin embargo, el milagro de Jánuca logró que aquel aceite durara ochos días y de esa manera dar el tiempo suficiente para poder producir un nuevo aceite. Por este motivo, en Jánuca se encienden velas durante ocho días.
Una de las grandes preguntas que la tradición judía se hizo a lo largo del tiempo es cómo deben encenderse las luminarias de Jánuca. Existen dos opiniones al respecto. La escuela del sabio Shamai, explica que de acuerdo a la simbología de lo que sucedió en el Templo, se deben encender el primer día ocho velas, el segundo día siete y así seguir sucesivamente hasta llegar al octavo día con una sola vela. De esta manera se estaría representando lo que allí sucedió: al principio había más aceite (y por eso el primer día deberían haber más velas) y el último día quedó poco aceite (similar a la única vela del final). En cambio, la casa del sabio Hillel, sostenía que las velas de Jánuca debían encenderse de manera ascendente: el primer día una vela, el segundo día dos y así sucesivamente hasta llegar al octavo día de Jánuca donde se encienden ocho velas. Esta última es la opción que se estableció para el encendido de las velas de Jánuca.
La pregunta es por qué esta discusión fue tan importante? Por qué los sabios utilizaban tanto tiempo en estas cuestiones técnicas? No sería lo mismo hacerlo de una manera o de otra, si comprendemos el simbolismo? O será que las escuelas de Shamai e Hillel estaban discutiendo alguna otra cuestión más profunda y difícil de comprender?
De acuerdo a los sabios de Israel (Tanjuma Vaiesheb 4), la oscuridad es un símbolo del mal y la muerte y proviene ya desde la época de la creación del mundo. Si las velas de Jánuca vienen a combatir la oscuridad, entonces la pregunta que los sabios se estaban haciendo (y que nos hacen a nosotros) no es cómo encender un candelabro sino que es: "cómo se combate la oscuridad"? Dicho de otro modo: "cómo se combate la muerte y el mal"? Cómo podemos hacer nosotros, hombres y mujeres, para poder combatir el mal en el mundo y traer un poco más de paz?
La respuesta a esta profunda pregunta de los sabios, está en la naturaleza misma del fuego con el que encendemos las velas de Jánuca. Una de las características del fuego es que quema. Al principio, se muestra como grande y majestuoso. El fuego imponente atrae y llama la atención. Su poder es total y arrasador. Tal como la opción de la escuela de Shamai, comienza con mucho… pero qué queda? Tras el paso del fuego que quema, solo quedan cenizas y la oscuridad vuelve nuevamente a reinar. Este fenómeno representa a aquellas personas que desean combatir la oscuridad con el fuego de la intolerancia destructiva. Con un gran espectáculo y con demostraciones falsas de poder, intentan arrebatar a todo aquel que tiene una idea diferente. Con fuego en sus miradas, se proponen destruir todo aquello que sea distinto y volver nuevamente a la oscuridad, donde tan solo se ve una sola verdad y por tanto no se ve nada.
En cambio, está la otra manera de encender el candelabro de Jánuca: de manera ascendente, tal como enseñaba Hillel. De esta manera, la luz en lugar de disminuir, se va incrementando e incrementa la santidad. La luz se contagia y permite iluminar nuevas verdades y enriquecerse con ellas. Permite mirar las cosas de un modo distinto y encontrar nuevas visiones nunca antes imaginadas. Las luces cuando se suman y se combinan, permiten mirarnos el uno al otro desde una óptica distinta y valorar las diferencias. Esta luz y esta manera de combatir el mal, suma visiones, entendimiento y diálogo, dejando de lado la intolerancia y el odio.
Si todos los pueblos y tradiciones religiosas pudiéramos aprender de este mensaje, tal vez podríamos traer al mundo una nueva era de paz, donde todos podamos convivir, respetar y celebrar las diferencias. Donde todos podamos iluminarnos el uno al otro, dejando de lado la persecución, el odio y la intolerancia. Un mundo donde la oscuridad no vuelva a brillar y podamos unirnos a la eterna luz de Dios.


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