viernes, 30 de agosto de 2013

CONFRATERNIDAD ARGENTINA JUDEO CRISTIANA


 Ante los conflictos producidos en Medio Oriente y que son de público conocimiento, exhortamos a las comunidades cristianas, judías y musulmanas de nuestro País, a elevar  oraciones  a fin que las diferencias sean superadas y la Paz impere en el corazón de los hombres.
 Vivimos en un mundo concreto, que al analizarlo, se nos presenta como descarnado y carente de los valores a los que toda persona humana,  por su mismísima condición , tiene derecho. El Señor de todos nos entregó el Paraíso , pero al mismo tiempo nos fue dada la libertad (el tan ponderado libre albedrío, en posición a cualquier tesis determinista) y la posibilidad de pensar y razonar. Esto nos conduce a la sencilla conclusión que somos personas libres que decidimos nuestros destinos. Y aquí se impone la pregunta ¿Hemos usado responsablemente la libertad que nos fuera conferida? A su turno, también nos hemos preguntado ¿donde estaba o está Dios durante los enfrentamientos armados que han asolado al mundo?. Cabría interrogarnos ¿Donde estábamos y estamos nosotros, los hombres, ante tales circunstancias? Aquí debemos sincerarnos y comprometernos porque de esas respuestas dependen la conducta que se asuma y el camino a  seguir. Los Libros Sagrados de las tres religiones monoteístas nos enseñan a amar a quienes nos rodean, pero con ello no basta. Debemos estar dispuestos a entregar la vida por nuestros semejantes porque dando vida en como engendramos la misma. Enorme desafío e inmensa responsabilidad.
Debemos trabajar por la Paz en el mundo real que nos toca vivir, ser capaces de encontrar caminos e instrumentos que nos conduzcan a ella. Debemos ser  creativos y pensar que el DIÁLOGO entre los seres humanos es posible, siempre y cuando seamos capaces de prepararnos para ello. Camino duro, por cierto, de avances y retrocesos, pero si verdaderamente estamos dispuestos a  avanzar hacia la Paz,  debemos comprometernos a  transitar el sendero, apoyando toda alternativa que nos conduzca al bien común.
 La Declaración de los Derechos Humanos ha ido derribando  paulatinamente muchos obstáculos que se oponían al bienestar de la persona humana, promoviendo la participación de todos en la vida cultural de la comunidad.
 Contribuyó a superar problemas étnicos, religiosos y lingüísticos y propició el intercambio necesario para vencer problemas raciales, que subsisten aún en nuestros días.

 Así, tanto desde las declaraciones constitucionales como desde  la influencia que ejercitan legislaciones internacionales y movimientos no gubernamentales,  se construye la esperanza que los seres humanos debemos gravar con mayúscula hacia la construcción de un mundo mejor para todos.

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