lunes, 24 de junio de 2013

El legado de León Grzmot


 Palabras enviadas por su nieta, Martina Grzmot a Diana Wang

"Hay heridas que están y nunca podrán curarse […] Dios todopoderoso deme fuerzas para transmitir el legado que juré en las puertas de los crematorios,  no olvidar.”
Así empezaba el discurso de mi abuelo, ese discurso de cuatro páginas que hizo crispar a varios políticos en febrero de 2011, cuando en contra de toda recomendación médica y de los deseos de sus familiares, salió de una internación coronaria para transmitir su testimonio al mundo.
Es que esta no era la primera vez que mi abuelo se enfrentaba con la muerte.
En los campos de concentración, donde uno moría por un sí o un no, morir no era una decisión. Vivir sí lo era.
Mi abuelo se salvó a si mismo para transmitir a la humanidad su legado. Y les leo:
“ Por más doloroso que ha sido este capítulo, estamos seguros que debemos tenerlo siempre presente para asegurar la continuación de la raza humana […] Qué su recuerdo nos de fuerza de convertir muerte en vida, de amar cuando otros odian, de tener esperanza cuando otros no dan más […] Para asegurarnos de que el mal no prevalezca sobre el bien […] Lograr una sociedad de relaciones óptimas, como está escrito en la Biblia: < Quered a tu prójimo como a ti mismo > […] Que no haya más niños que tengan hambre, ni familias que vivan en las calles. […] Debemos ser fieles a nuestra memoria y contribuir a la erradicación de ideologías xenófobas, racistas y totalitarias. Que la luz de Dios ilumine nuestro camino para afianzar el respeto, el pluralismo, la democracia, los derechos humanos, la justicia social. Baluartes indispensables para la libertad del hombre.
Debemos ser fieles a nuestra memoria para que NUNCA MÁS. “
Pueden rezar por mi abuelo si quieren, pero no teman, él ya estaba salvado.
Leí una frase que decía: “Not people die, but words die in them”.  No es la persona la que muere sino las palabras que se ahogan dentro de ellos. Y es mi deber, y el de todos los que conocieron a León, evitar que muera su historia. La historia a la que él dedicó su vida.
Mi abuelo fue un soldado de sí mismo. Pero su alma era demasiado fuerte para su propio corazón.  Tal vez tanto tiempo trabajando con metales, le hizo pensar que era de acero.
Ayer, a las 3:40 de la mañana, el corazón de mi abuelo se detuvo. Lamento profundamente la pérdida de su ser que no volverá.
Una parte nos deja, pero hay algo que permanece. León continúa vivo en la memoria de la persona que fue, y en los múltiples presentes que ocurren a cada momento. Aunque ya no pueda verlo, ni escucharlo decir que soy las pupilas de sus ojos…
A mi abuela, le digo, que recuerde las enseñanzas de su marido, que creía en la resiliencia del ser humano por sobre todas las cosas, y en su capacidad de sobreponerse a todo, aún a esto.
Y a ustedes, los dejo con un poema, de la película Las Horas :

 "Dear Leonard. To look life in the face. Always lo look life in the face and to know it for what it is. Al last to know it. To love it for what it is, and then, to put it away. Leonard. Always the years between us. Always the years. Always the love. Always the hours".

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