lunes, 18 de marzo de 2013

El Papa Francisco y la grandeza de la humildad.


Por el Rabino Ale Avruj

Esta semana visitó la Argentina el Rabino Sir Jonathan Sacks, Gran Rabino de las Comunidades Hebreas del Commonwealth en Gran Bretaña. Rabino reconocido mundialmente por sus libros y pensamientos, y honrado desde el 2009 con un asiento en la Cámara de los Lores, después de haber sido nombrado por la misma Reina.
En la Conferencia que dio en la Universidad de Di Tella titulada “How to avoid the clash of civilizations”, Lord Sacks desarrolla la idea de cómo desde su origen la tradición de Israel comprende la religiosidad humana. Según Sacks, en la antigüedad politeísta cada pueblo tenía su dios, el cual era una deidad con poderes exclusivos para con ese pueblo, y determinados de manera excluyente a su ubicación geográfica. La revolución monoteísta de Moisés trae una nueva cosmovisión acerca de la divinidad: “El Dios de Israel, es el Dios de toda la humanidad; pero la religión de Israel, no es la religión de toda la humanidad”.
A partir de este razonamiento, el pueblo judío comprendió desde su origen, que son diversas las formas, tan legítimas como la propia del judaísmo de entender, acercarse, honrar y adorar a Di-s. Siempre Uno y único, amado en diversidad.


Esta visión de un mundo creado en colores diversos, nos regala a la vez la oportunidad espiritual de comprender lo valioso de la multiplicidad llena de color de acercarnos a lo divino.

La asunción del Cardenal Primado de la Argentina Jorge Bergoglio, como máximo referente de la Iglesia Católica al ser nombrado como el nuevo Pontífice Francisco, ha llenado tanto el corazón de aquellos que somos creyentes como de los que no lo son, de inspiración, motivación y esperanza. Y me atrevo a decirlo porque son variadas las experiencias que hemos compartido con el hoy Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, las que me han permitido saber y conocer al hombre sensible y humilde detrás de la enorme e impactante investidura.

Su enorme compromiso con lo social, su trabajo pastoral, y su llegada a los lugares más marginados de nuestra sociedad, ha sido parte de nuestro encuentro a partir del trabajo mancomunado de tantos años en las Villas de Emergencia que venimos desarrollando desde la Comunidad junto a Caritas. Recuerdo con admiración la celebración de la misa que él mismo ofició en la despedida del querido amigo en común, el Padre Pepe de la Villa 21/24, cuando debió recluirse en Santiago del Estero luego de su entrega en la defensa de los chicos abandonados al flagelo del paco en las villas. Allí el entonces Cardenal en persona arrodillado a los pies de los feligreses de la 21/24, les lavaba él mismo los pies en un acto amoroso de humildad y ofrenda.

Este nuevo tiempo de la Iglesia será sin dudas continuidad de aquél revolucionario Concilio Vaticano II iniciado por Juan XXIII, a partir de la gran trayectoria del flamante Papa Francisco con el diálogo y el encuentro interreligioso. En lo personal, el último año también nos ha encontrado en diversos actos ecuménicos donde fue anfitrión e inspirador de los mismos. La Catedral Metropolitana fue la sede donde conmemoramos de la mano el 74 aniversario de la Kristallnacht, y también unas semanas después, fue él quien volvió a abrir la Catedral para oficiar allí una oración compartida por la Paz en Israel, en medio del conflicto del último año.
A finales del año pasado tuvimos el inmenso honor de contar con su presencia en la sede de nuestra Comunidad NCI-Emanu El en la celebración de Januca, donde además de encender la primer luz, nos regaló su mensaje lleno de luz, de encuentro y de paz.

Sin embargo, seguramente lo más elevado de su personalidad sea aquello que justamente lo trae de vuelta a la tierra: su humildad.
Su compromiso con lo social, con el flagelo de lo marginal, su entrega al diálogo y al trabajo por un mundo con más equidad y armonía, se engrandece en su estilo de vida. Hace solo un par de meses cuando visitó nuestra Kehilá, llegó desde el centro en el Subte D y gustoso comenzamos a tomar unos mates con amigos de la Congregación antes de la ceremonia, alejado de todo protocolo y rigurosidad ceremonial.

La humildad es una característica que ha pasado de moda.
No es la virtud que solemos enseñar ni mucho menos practicar. Hoy no es un rasgo del carácter que nadie pondría en su currículum a la hora de conseguir nada.
Hoy hay que ser un tipo despierto, rápido, emprendedor, ganador, fachero y carismático.
En lo posible deportista, mediático y definitivamente adinerado.
La humildad ha quedado recluida al mundo de los timoratos, los introvertidos, los silenciosos.

Subestimamos la humildad. Tan grandiosa y difícil virtud.
Porque para ser humilde en verdad, hay que ser muy grande.
La humildad nada tiene que ver con el silencio desapercibido, con la falta de creatividad, o con una personalidad apagada y sin carisma.
Falsa humildad es la que se arrogan aquellos que poco o nada han hecho de sus vidas y sus oportunidades, escudándose en la dimensión de lo humilde.
Cuando haces algo por y para el mundo, y aún así sos un ser humilde, es que sos realmente humilde.

Porque desterramos la humildad de nuestra sociedad?
Porque generalmente no te da hoy lo que buscas.
Y el problema no es la humildad, sino lo que estamos buscando.
Siendo humilde, quizá no logres ese trabajo o esa relación que buscas.
Pero lo que conseguís, es menos importante de lo que sos.
Y lo que tenes va a pasar pero lo que sos, permanecerá para siempre.
Y lo que tendremos que decidir es: si seremos lo que acumulamos, o si seremos aquello que hagamos de la condición de nuestra alma.

El Midrash se pregunta porqué la Tora fue entregada en el Sinaí, siendo una montaña tan pequeña, ya que hay varios otros montes mucho más altos e imponentes.
Y los rabíes responden: por la humildad. Al igual que Dios se presentó en una pequeña zarza ardiendo, el Todopoderoso quiso demostrar el poder de la humildad.
Entonces el Kotzker Rebbe se preguntó, si así lo hubiese querido hacer, ¿por qué entonces no entregó la Tora en un valle? ¿Para qué hacerlo en un monte después de todo?
Y su respuesta es: que la humildad solo tiene lugar si sos una montaña. Tenés que tener algo grandioso por lo que ser humilde, para que tu humildad sea real.
El verdaderamente humilde, es aquél que tiene porqué no serlo, y aún así, lo es.

Los dones de Dios están distribuidos por toda la tierra, y la humildad es el reconocimiento de que los demás también tienen un lugar en este mundo. La humildad de los grandes, se encuentra cuando no solo son humildes frente a Dios, sino especialmente frente a los hombres. La única imagen de Dios en la tierra.

Dice el Rabino Sacks, que la solución y la respuesta a la violencia y la rivalidad entre civilizaciones y culturas diferentes, no puede venir desde afuera, sino desde adentro mismo de las religiones. En la posibilidad de mirar al otro y encontrar en otros ojos la imagen de Dios en la tierra.
Quiera Dios bendecir al nuevo Pontífice, para que el mensaje que viene inspirando en sus labios y en su acción al día de hoy, pueda ser su guía en su misión transformadora que solo los grandes están llamados a dar.

Rabino Alejandro Avruj


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