lunes, 28 de enero de 2013

Recordando a Hernán



 
Hoy 27 de Enero..........
 
El anochecer comienza a caer pesadamente sobre este Buenos Aires, sin que el dulce viento que corre lentamente, amague con mitigar el dolor que los amigos de Hernán sentimos durante todo el día.
Son las 20 y 30 y hace ya un año, estaba junto a Lis, Marcela, Walter y Fernando, tratando de "no querer saber" que pronto llegaría el desenlace de la  enfermedad que padecía. Me comunicaba con Marita a través del celular, sin pronunciar palabras que pudieran producir en ella esa intensa y profunda tristeza que tanto nos estremecía.
Entrada ya la noche, me acerqué a nuestro querido hermano en el silencio de esa sala despojada y  silenciosa y besé su frente por última vez ¿me estaba despidiendo?, sentí que ese muchachito tan querible cuyas manos  tenía entre las mías, había comenzado el camino del cual no se regresa. Profundo y solitario camino en el que ninguno de nosotros, sus amigos, podía acompañarlo.
Para quienes somos cristianos y encontramos el fundamentos de nuestra Fe en la oración que elevamos en la celebración de la Eucaristía, es la única forma de comprender ese inmenso misterio que nos rodea en la partida de cada uno de nosotros.
EL lo esperaba en toda su gloria y esplendor para hacerlo partícipe y cumplir la promesa que nos hiciera . 
Siempre vienen a mi memoria las palabras que otro entrañable amigo, el P. Aldo me escribiera un día...."ahora comprenderás más que nadie, el sentido de la palabra "Resurrección", como realización del encuentro deseado con la persona amada que nos espera en el amor de Dios para recomponer la unidad construida sobre la tierra"
Precisamente son esas palabras las  que hacen que los amigos de Hernán, esperemos el reencuentro con la esperanza y alegría que nos brindó siempre. Creo y me parece que, precisamente,  son esas palabras las que debemos tener siempre  presente dentro de cada uno de nosotros. Fue sin duda un ser excepcional, un ser que se brindó "al otro", aún distinto y diferente, cumpliendo el mandato evangélico. Que amó profundamente al más necesitado y estuvo siempre presente en las alegrías y tristezas de cada uno de nosotros. Que nos acompañó durante su corta vida, entregándose sin retaceos y sin fijarse quien o quienes recibían su amistad de la manera más pura que se conoce. Fue sin dudarlo un hombre santo y el Padre nos lo prestó durante un período de tiempo para que aprendamos  AMAR al semejante y por lo cual solo nos resta agradecer al Señor el habernos dado el privilegio de una amistad,  que perdurará para siempre en cada uno de nosotros.
Martha     

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