viernes, 6 de julio de 2012

Reflexiones de Torá para esta semana que comienza



Balak
(Números 22:2- 25:9)


Balaam fue contratado por Balak, rey de Moab, para maldecir a los israelitas en el desierto, pero cada vez que aquél abría su boca salían bendiciones. Tal vez la bendición más famosa es la decimos al comenzar un servicio religioso matinal:
 "¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus moradas, oh Israel".

Las tiendas y lugares de vivienda se refieren , de acuerdo a la interpretación tradicional, a las sinagogas, pero también a las casas particulares . ¿Qué es lo bello acerca de las viviendas particulares?
 Según los rabinos, cuando los israelitas construyeron sus casas, se aseguraron de que ninguna puerta o ventana de una morada enfrente directamente la puerta o la ventana de la otra morada. Nadie tiene que temer que la gente de la casa de al lado los estarán mirando a través de la puerta o la ventana. Las personas, al menos en sus hogares, deben ser capaces de forjar una esfera de privacidad. Debe haber un lugar para ir donde el mundo no está mirando.

Uno de los temas centrales de muchos de estos mensajes espirituales es que nosotros, humanos, necesitamos elevarnos por encima del animal dentro nuestro. ¿Qué nos hace diferentes de los animales? Una cosa es que los animales no tienen necesidad ni deseo de privacidad. Ellos comen en público, satisfacen sus necesidades corporales en público, incluso copulan en público. En el Jardín del Edén los seres humanos eran de la misma manera, al igual que los animales-, o, para citar el texto, "desnudos y no avergonzados". Cuando comimos del árbol del conocimiento del bien y del mal, lo primero que hicimos fue cubrirnos. La privacidad llegó a ser un valor importante.

             Vivimos en una época que rehuye de la privacidad. La televisión ha permitido a la gente revelar a todo el mundo sus secretos más íntimos, sus conflictos familiares, sus dolores y placeres. Los reality shows muestran a seres en busca de un compañero del alma ante una audiencia de millones de personas, o la alteración física de sus cuerpos a través de la cirugía plástica ante el público. Todos los conflictos físicos y emocionales se juegan ante un público. Hemos perdido ese reino de la vida privada.
Los seres humanos necesitan un ámbito de intimidad, un lugar donde pueden ir sin que nadie los vea, donde nadie los juzgue o comente sobre ellos, donde están a salvo del escrutinio público permanente.

Tal vez sea hora de volver a ese mandato talmúdico, cuando ninguna persona tenía una puerta o una ventana que daba a la puerta o ventana de su vecino; por lo tanto no podía mirar en casa ajena. Cada uno de nosotros tiene el derecho a mantener las áreas clave de nuestras vidas privadas. Y cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de construir un muro de privacidad para nosotros mismos y nuestros seres queridos.

Rabino Michael Gold
Trad. Rabino Daniel Kripper

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